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El juego que Francisco Soteldo le ganó a la muerte

Francisco Soteldo ha pasado gran parte de su vida deportiva jugando en la liga búlgara (Foto: Francisco Soteldo)

“Si no tienes los recursos pero sí una casa o un carro véndelos, debes irte a Caracas a tratarte porque tienes leucemia”. La noticia agarró mal colocado al exseleccionado nacional de voleibol, Francisco Soteldo. Le había pasado decenas de veces dentro de la cancha, pero nunca en la vida real.

Corría el año 2016 y Soteldo, nativo de Barquisimeto, venía de competir en el extranjero. Estando en casa recibió una noticia que, en principio, la tomó con inocencia; luego aterrizó en lo que significaba tener leucemia, un golpe del que sí o sí debía superar. “Morir no era opción para mí”, afirmó.

Entender en el lío en el que estaba metido no fue fácil. El golpe fue tan fuerte como el remate aquel que recibió del gigante de 2.06 metros Leonardo Vissotto en el Suramericano de Brasil. Allí le tocó defender una diagonal corta, al brasileño le quedó solo un hombre en la malla y Soteldo venía saliendo a la cobertura defensiva. Esta vez no se jugaba un punto cualquiera, ceder este juego significaba perder la vida.

Desde los 12 años Francisco comenzó a practicar voleibol. Fue selección de Lara en categorías juveniles y luego de Venezuela; con ella llegó a jugar con la adulta. No bebía, tampoco fumaba, era un chamo atlético. La leucemia no la tenía fácil, frente a sí tenía dos metros de estatura y una voluntad inquebrantable. El primer servicio fue para la leucemia, que empiece el match.

Una dolencia que no fue normal

“Uno como deportista está acostumbrado a sentirse mal, siempre tenemos dolores pero nunca paramos. Recuerdo sentir un dolor en la espalda, le dije a mi esposa que iría al médico a hacerme un eco. Pensaba que eran los riñones, pero en el eco todo salió bien”, relató.

Un alivio, Soteldo llegó en ventaja al primer tiempo técnico. “Pero el doctor me dijo que me hiciera una hematología para ver si tenía alguna infección. No quería hacérmela porque el eco estaba bien, pero al final fui. Cuando salieron los resultados me llaman del laboratorio a preguntarme si yo me había hecho diálisis, les digo que no; me sugieren que me los repita”.

Cerca del segundo tiempo técnico llega la bomba. “Me los repito y los glóbulos blancos salen disparados y todos malos. Me hospitalicé en Barquisimeto un jueves. El médico me dijo que si tenía un carro o casa que la vendiera y me fuese a Caracas porque tenía leucemia. Me recomendó ir con el doctor Marcos Di Stefano, quien estaba tratando a Yordano y Ana Vacarella; el sábado ya estaba en la capital”. Punto y set para la leucemia.

La pelea es peleando

En su familia parecía no haber herencia de leucemia o cáncer. “Lo que me han explicado es que es como una lotería, yo me la gané. Siento que me tomé la noticia muy bien. Sabía que era una enfermedad muy mala, pero no tenía claro lo que podía pasarme. Me estaba muriendo pero no tenía síntomas; los doctores no creían que me comportara como si no tuviese leucemia. Al pasar los días sí empecé a sentir que la energía no era la misma, estaba bastante jodido”, prosiguió.

La leucemia llegó con ventaja al primer tiempo técnico.

Francisco Soteldo fue parte de la generación dorada del voleibol venezolano. Fue al Mundial de Japón con “Harry” Gómez, Rodman Valera, Andy Rojas y compañía. Jugó ocho años en la liga de Bulgaria, también en Finlandia e Irán; ya sabía lo que era pelear por un puesto y un sueño.

“Le pedía a Dios que me diagnosticaran rápido el tipo de leucemia que tenía. Lo hicieron un domingo y el lunes ya me estaban haciendo las quimioterapias. Por suerte en aquel año la situación de salud en Venezuela no estaba tan complicada; ya luego de la tercera quimio sí tuvimos que comprar medicamentos en otros países porque no se conseguían”.

Fueron momentos de incertidumbre. “Me preguntaba por qué me había pasado a mi si yo era atleta, no tenía vicios, no podía entender. La asistente del doctor me dijo que si yo no hubiese tenido ese estilo de vida las quimio serían más complicadas”.

Para el segundo tiempo técnico la enfermedad sintió el golpe. “El principio fue duro porque te ataca la ansiedad, la quimio es algo que jamás me había hecho; pero la recuperación a cada una fue rápida. En la primera sesión ya se me habían borrado las células malas, las otras siete fueron como consolidación”.

La ayuda vino de todas partes, desde recolección de fondos en todo el país, verbenas y cadenas de oración. En Bulgaria, sus compañeros articularon ayuda. Desde el cielo Dios y la Divina Pastora hicieron lo suyo.

“Mi esposa Nancy, mi mamá Milángela, mi papá Francisco y mi hermana siempre estuvieron conmigo. En las noches hacíamos oraciones. Siempre tuvimos a Dios como instrumento de sanación”.

Punto y set para Francisco.

Su cabeza rapada mostraba una herida de batalla, pero siempre con una sonrisa de esperanza / Cortesía

El trasplante de médula de una gemela que no es gemela

Con el partido empatado la leucemia empezó a cometer errores y a quedarse en la malla. El doctor Di Stefano, un zorro viejo, no se quedó atrás. La recuperación venía mejor de lo esperado pero faltaba el remate a la línea. Sugirió un trasplante de médula ósea en Italia.

Fue entonces cuando apareció un refuerzo clave y no tan inesperado, Francis, su hermana. “Siempre he dicho que somos morochos aunque nacimos en años diferentes. Sin duda hay una conexión”, dice Soteldo.

Francis también jugó voleibol. Fue selección de Lara y compitió en Juegos Nacionales. Ya no se dedica al deporte y vive en Panamá, pero no dudó en saltar a la cancha al ser llamada.

“El doctor pensaba que por ser mi hermana sería un buen donante. Le hicieron un examen de histocompatibilidad y el resultado fue 100% compatible. Un 70% ya hubiese sido una cifra muy buena, pero esta era perfecta”, contó con emoción.

En enero de ese 2017 ambos estaban en Milán, a la espera del trasplante. “Le sacaron 13 veces líquido del hueso más grande de su cuerpo, en la cadera; a mí me lo pasaron mediante trasfusiones de sangre. Ella sintió dolor por las punciones y en la cadera, pero se recuperó rápido. Yo habría hecho lo mismo por ella”.

Los resultados eran más que alentadores. La defensa de la leucemia cada vez era más débil y su rival ganaba en confianza. Punto y set para Francisco.

Sanación y vida nueva

“¡Actitud papá, actitud! 75% de la cura de esa enfermedad está en la mente, el 25% corresponde a los guarapos esos que te dan”. Así le dijo uno de los asistentes del doctor Di Stefano a Francisco en medio de una de las ocho quimioterapias. Aquella afirmación pareció una premonición, el voleibolista tenía en sus manos el servicio del punto para campeonato.

“Desde diciembre del 2017 no tomo tratamiento profiláctico ni otro vinculado a los que tuve. Me chequeo de forma regular cada seis meses y una vez al año la médula ósea. Siento que esta enfermedad me hizo ser más humilde, valorar más a quienes tenemos al lado. Mucha gente me ayudó, también conté otras tantas que tenía a mi lado pero parecía no verlas”.

Francisco Soteldo ahora es el armador del Voley Textil Santanderina en España, donde tiene a Andy Rojas como compañero.

“Me trasplantaron en enero de 2017 y en octubre regreso a Bulgaria con el Pirin Balkanstroy Razlog. Estaba muy mal físicamente, pero en diciembre me sentía mejor. Descubrí que podía desarrollar otros aspectos técnicos si el físico no me daba. Si veo que no puedo llegarle a una pelota me adelanto, no podía volear una bola a tantos metros pero trataba de desmarcar a los atacantes con pelotas a distancias cortas. Eso es maña”.

Su vida transcurre en España a la espera de que el mundo recupere la normalidad. A los 34 años ya no se plantea el retiro próximo, fuera de la cancha disfruta de una tranquila y sana vida familiar.

Punto, partido y campeonato para Francisco Soteldo.

Acerca del autor

Miguel Ángel Valladares

Soy periodista egresado de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto, Venezuela en 2007. Fui fundador y coordinador de deportes del Diario La Prensa de Lara por ocho años. Me apasiona el deporte. Cubrí eventos internacionales como la Copa América 2007 y 2011. Me gusta contar historias.

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