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“El peor equipo” que dirigió Buddy Bailey

Cubrí por tres años a los Tigres de Aragua, incluyendo la temporada que se coronaron campeones por última vez al mando de Buddy Bailey.
Buddy Bailey es el segundo mánager más ganador de la LVBP / Cortesía LVBP

En la melancolía que se vive por estar alejado de la cobertura de la LVBP, en infinitas ocasiones, se vienen a la mente imágenes y anécdotas que siempre sirven para aprender un poco más de la profesión y del medio.

En mi caso, por tres años, me tocó cubrir a los Tigres de Aragua, incluyendo la temporada 2011-2012, cuando se coronaron campeones por última vez al mando del histórico Buddy Bailey. Personalmente, esto representó mi primera experiencia como reportero profesional en el Diario Meridiano.

Muchos pensarán cuál es el motivo por el cual escribo esta columna si no estamos en época de LVBP. Pero es que hablar de Bailey y su particular forma de manejo, siempre es ameno. Aunque en este caso, para mí, fue un poco estresante, pero con un aprendizaje inmenso.

La anécdota se desarrolló en la Serie del Caribe de Santo Domingo 2012. Los Tigres habían formado un gran equipo con nombres como Edgardo Alfonzo, Héctor Giménez, Luis Jiménez, César Suárez y Adonis García. Figuras con las que buscaban su segundo título en el Caribe, tras conseguir el primero en Mexicali 2009. 

Sin embargo, las ilusiones se esfumaron rápidamente. Los Tigres perdieron los primeros tres juegos y quedaron eliminados en un dos por tres. La tensión y la decepción se hicieron presente en el clubhouse del equipo y en el propio Bailey, quien sin ton ni son, como siempre, con sus declaraciones prácticamente inentendibles en su inglés sureño, sentenció: “Este es el peor equipo que he dirigido en mi vida”.

Al comienzo no le preste mucha atención. Subí al palco, comencé a transcribir las declaraciones y me encuentro con esta lapidaria frase. Pensé que había escuchado mal, algo que puede ocurrir fácilmente con Bailey. Por eso le escribí a Carlos Valmore, en ese momento subdirector del Diario Meridiano, para que las escuchara también. Él se las pasó a Ramón Navarro, director del periódico. Varios escucharon las declaraciones en la redacción y efectivamente estaba en lo correcto, Bailey, fiel a su estilo, había soltado una frase poco fácil de digerir para cualquier pelotero profesional.

El periódico de la Serie del Caribe y yo, éramos los únicos en tenerlas. En la redacción esperaban ansiosos la reseña de la derrota de los Tigres, mientras que, por mi cabeza de redactor novato, pasaban mil quinientas cosas. Pero, no había más nada que hacer. Había que abrir el diario con esa declaración. 

Al día siguiente la tensión era mayor. Había que jugar por honor y en los pasillos ya se rumoraba sobre las declaraciones del estratega. En el hotel y en el estadio ocurrió lo que tanto temía, varios peloteros se acercaron a mí para confirmar las palabras de Bailey. Con nervios, pero ya con más respaldo, se las confirmaba y ellos reaccionaban como era de esperarse: molestos, pero nada sorprendidos. 

Con el paso de los minutos se acercaba el momento cumbre, la entrevista nuevamente con Bailey, la previa a cada juego. Mis nervios estaban de punta ya que no sabía cómo iba a reaccionar él. Su figura serena e inexpresiva siempre fue motivo de intimidación y después de abrir el periódico con tan magistral declaración, más todavía.

Al rato el hombre salió a hablar bajo el inclemente sol de Santo Domingo, apoyándose con su “fongo” en las escaleras del clubhouse del Estadio Quisqueya y con sus acostumbrados lentes de sol negros, estaba listo para las preguntas. 

Cuando llegó mi turno, con mi inglés poco fluido, traté de consultarle si mantenía las declaraciones del día anterior o si había sido un momento de frustración. Él ya sabía la pregunta. Bailey siempre sabía las preguntas que le íbamos a hacer y siempre comenzaba a responder antes de que termináramos.

Y por supuesto que la respuesta fue la esperada. No estaba para nada arrepentido de lo que sentenció. Mantuvo las declaraciones. Estaba decepcionado del equipo, del desempeño y las actitudes de los jugadores.

Seguidamente los Tigres ganaron los tres juegos restantes, con dos blanqueos incluidos, y quedaron segundos en la serie. La meta no se había cumplido, pero Bailey logró, como siempre, su cometido a costa de jugar con el hambre de los peloteros. Estos reaccionaron, y terminaron a lo grande, todo por demostrarle al polémico estratega que sus declaraciones estaban equivocadas. 

Es increíble, pero a la vez admirable, como un hombre poco querido, con más detractores que seguidores, y con un carácter bastante complicado, se convirtió en el segundo mánager más ganador en la historia de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) y en el dirigente de una de las dinastías más grandes en el circuito. 

Su nombre siempre estará presente en el abanico de los equipos de la liga, para ocupar el puesto de estratega. Dicen que nadie lo quiere, pero todos lo buscan para armar novenas ganadoras. Su hambre de victoria y su ortodoxo estilo para sacar lo mejor y lo peor de los peloteros, seguramente no lo veremos en un buen tiempo.

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Acerca del autor

Henry Roldán Sesti

Apasionado del mundo deportivo. Con ocho años de experiencia en la fuente. He trabajado en el Diario Meridiano, Meridiano Televisión, Diario Líder, LVBP.com, 12up.com y Deportiva 1300 AM, medios en los que no solo aprendí de béisbol, sino también de fútbol, fútbol americano y baloncesto. Actualmente vivo en Santiago de Chile.

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