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Columnistas

La bandera en alza de María Elena y la ausencia del baloncesto

Mi recuerdo de los Juegos Olímpicos Barcelona 92 están ligados a María Elena Giusti, la abanderada venezolana, y a la selección de baloncesto
María Elena Giusti, abanderada de la delegación venezolana en Barcelona 92 / Archivo.

Los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 son recordados por aquella flecha que encendió el pebetero en el estadio de Montjuic. Yo los recuerdo por otras cosas más.

La tarde del 25 de Julio de 1992, estaba como muchos aficionados al deporte, pegado a un televisor. Las celebraciones por el aniversario de la fundación de la Ciudad de Caracas no eran nada frente al color que daban los televisores de esa época; mientras transmitían un evento sin precedentes en la historia del deporte. Eran los Juegos de Barcelona 92 que estaban siendo inaugurados en la renovada ciudad condal.

Los ojos del mundo todavía lloraban la partida física de Freddie Mercury. Sobre todo, Montserrat Caballé, su compañera en la canción oficial de los Juegos Olímpicos; quien habría dicho que Freddie la cautivó al tocar su piano y proponerle grabar “Barcelona”. El preludio de todo lo que significó aquella noche de verano no tener a Mercury, quien compuso la música y letra de la inolvidable canción, marcó una pauta importante. 

Sin embargo, todos esperaban el desfile como yo, que estaba en Caricuao atónito de ver salir a las estrellas deportivas de todo el mundo, pero en especial las de mi país. ¿Sí se acuerdan de las columnas anteriores en las que cuento donde me enamoré de los cinco aros? Pues Barcelona 92 fue como el amor en el colegio, el de primer grado, el que no se olvida así pase el tiempo. El mío se llamó Gabriela, ¿el de ustedes?

La palabra “Hola” formada en medio del Estadio Olímpico de Montjuic antecedió todo lo que estaba por venir. Las luces, los efectos, el protocolo olímpico y, finalmente, las delegaciones nacionales: lo que más esperé. El tratar de divisar a ese grupo de muchachos que, comandados por María Elena Giusti, harían su entrada triunfal en medio de los grandes. Ellos también eran grandes.

La majestuosidad de María Elena

Y finalmente ocurrió. Ahí estaba con el uniforme vinotinto y blanco de María Elena. La misma que triunfó en los Juegos Panamericanos de la Habana 1991 y la representante no sólo de una calidad técnica en la Natación Artística, si no también de una belleza indiscutible. Fueron aproximadamente 20 segundos de una emoción indescriptible a miles de kilómetros de distancia de Barcelona. Con nueve años, por segunda vez me sentí representado por otros. La primera había ocurrido precisamente un año antes cuando el equipo de baloncesto ganó el suramericano en Valencia. 

“Antes de salir estaba muy emocionada por ser escogida abanderada de la delegación. Iba a tener los ojos del mundo puestos en mí. Estaba muy nerviosa ya la vez emocionada, recuerdo que levanté la bandera”, me relató María Elena Giusti, quien hoy sigue en la actividad deportiva.

María Elena, además, posee un grado de licenciatura en Educación Física de la Universidad de Ohio y es entrenadora certificada de TRX. En su cuenta de Instagram @mariaegiusti pueden encontrar rutinas que probablemente les ayuden a mantener un nivel de salud como el que ella presenta (envidia).

En esa oportunidad, la despampanante atleta salió sonriente y con un gesto que no le había visto a ninguno de los abanderados de los otros países. Lo primero es que la bandera estaba con el listón bastante alto, como queriendo decir “aquí estamos”. Giutsi también destacaba por estar bastante separada del pelotón de la delegación, quienes con tricolor en mano empezaban a pasear por la pista atlética de Montjuic.

“La organización te daba como una especie de arnés que podías colocar en la base de la bandera para llevarla cómodamente. Pero yo decidí que no quería llevarla así. Quería llevar la bandera lo más alto que pudiera, así que prescindí de usar ese arnés. Por eso es que se veía la bandera tan alta, con ambos brazos arriba”, dice, con la misma emoción de 1992, María Elena Giusti, a quien tuve la oportunidad de conocer en el año 2016 durante un reconocimiento en el Comité Olímpico Venezolano. 

Junto a María Elena Gusti / Juan José Sayago

“Cuando anunciaron a Venezuela no me di cuenta que dejé la delegación atrás, los dejé botados a todos. En algún momento me volteé y la doctora Élida de Álvarez, quien era parte de la delegación, me dijo que bajara el paso por que estaba dejando a todos atrás. Sin duda, este fue el momento más especial de toda mi carrera deportiva”, cerró María Elena, quien hasta el 18 de septiembre de 2018 no tenía el video original de su desfile; hasta que lo vio posteado en una de mis historias de Instagram. Se comunicó conmigo y ahora cada 25 de julio rememora con alegría aquel mágico momento.

El misterio del baloncesto

Pero faltaba algo más. No desfilaron quienes estuve esperando por más de dos horas de inauguración. El equipo de baloncesto no se presentó en la ceremonia inaugural de sus primeros Juegos Olímpicos. Una versión de la ausencia de los 12 “héroes” en el desfile está referido a una decisión técnica.

“Venezuela no desfila ese día de la ceremonia de inauguración de los XXV Juegos Olímpicos de Barcelona por decisión técnica. El partido ante EUN empezaba a las 09:30 am del siguiente día, solo fueron algunos directivos y el equipo como tal se queda en la Villa Olímpica. Es de saber que, para la inauguración, ya a las 2:00 de la tarde había que salir para el estadio olímpico a cumplir con el protocolo de inauguración. Por ende, terminaría a media noche y los horarios de juegos son muy estrictos”, me comentó David Díaz, uno de los integrantes del equipo nacional.

“Lo mejor de los Juegos, aparte de competir, es el desfile inaugural, pero así pasa. No fuimos los únicos, todos los que competían al día siguiente a primera hora no pudieron asistir, el descanso era necesario”, señaló el llamado “Escopetero”, quien por cierto, al día siguiente, no vio minutos en la derrota del equipo de Julio Toro frente al “Equipo Unificado” 78 a 64.

La otra versión proveniente de dos protagonistas dentro del equipo, para aquel entonces, está ligada más a problemas federativos y de desorganización por parte del IND de ese momento.

Después del Preolímpico de Portland, donde los llamados “héroes” hicieron gala de una gallardía enorme, tras meterse en la final nada menos que contra Estados Unidos y alcanzar el boleto olímpico; comenzaron a desaparecer nuevamente quienes decían apoyaban aquel proyecto liderizado técnicamente por el boricua Julio Toro.

Apenas días antes de la inauguración de Barcelona y gracias a la gestión de Leonardo Rodríguez y Francisco Díez, un avión de Air France llevó hasta la ciudad condal al equipo nacional. Ellos, entre otras dificultades, tuvieron problemas para inscribir a Omar Walcot Robert. 

Ya en España, un torneo relámpago se iba a convertir en el único fogueo fuera del país que tendría el cuadro Vinotinto. Sin embargo, la huelga de los equipos que participarían en ese evento, incluyendo a España, impidió tener roce antes del debut frente al Equipo Unificado.

A todos estos problemas se le sumaría la falta de uniformes, los cuales no estaban a tiempo. Un ambiente realmente incómodo entre la selección que llegó a reunir a las figuras que participarían en esa Olimpiada. La inscripción final se hizo también en la fecha límite. Todo en contra de este conjunto que se había atrevido a desafiar al mundo, apenas unos meses antes en Portland y que ya tenía el estandarte de “Olímpicos”.

Según esta fuente, la acumulación de todos estos problemas derivó en una conversación de Julio Toro con los representantes del Comité Olímpico Venezolano, para excusar a la selección de no desfilar aquella noche en Montjuic. La justificación (muy convincente por cierto) de tener un partido al día siguiente a las 9:30 de la mañana con todo lo que implica estar por primera vez en unos Juegos Olímpicos. 

De aquel trago amargo, de no poder ver al equipo, surgió un momento mágico. El último relevo de antorcha, el basquetbolista Juan Antonio San Epifanio, le entregó el fuego olímpico al arquero paralímpico Antonio Rebollo; quien hizo un lanzamiento preciso a lo más alto de Montjuic, para dar por inaugurados los Juegos Olímpicos de Barcelona. Una imagen que quedó grabada para siempre en mi memoria y que hoy, 28 años después, comparto con todos ustedes.

Acerca del autor

Juan José Sayago

Periodista deportivo especializado en eventos del Ciclo Olímpico. He cubierto cuatro Juegos Panamericanos y tres Juegos Olímpicos. Soy comentarista de diferentes disciplinas y asesor de comunicaciones de atletas de alto rendimiento.

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