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La fuerza de Israel Rubio, hoy desde el exilio

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Israel Rubio en Panamericanos de Guadalajara 2011 / Cortesía.

El medallista olímpico de Atenas 2004, Israel Rubio, dejó las plataformas para engrosar la lista de la diáspora venezolana.

Este 21 de agosto se cumplen 16 años desde que el hijo ilustre de Bachaquero, estado Zulia, alcanzó la gloria olímpica. Lo logró tras conocer el dopaje de Leonidas Sampanis, quien cedió su puesto para que Israel obtuviera la primera y la única presea olímpica para Venezuela en el levantamiento de pesas. El criollo compitió un 18 de agosto, pero la prueba antidoping del griego arrojó el resultado tres días más tarde; por lo que le fue entregada su medalla en una ceremonia en la villa olímpica. 

Pero, ¿qué ha pasado con el hombre que tuvo que sortear más que rivales en una plataforma? Conversé con Rubio, quien hoy por hoy engrosa la lista de más de cuatro millones y medio de ciudadanos que conforman la diáspora venezolana.

Según las cifras de Acnur, los venezolanos han experimentado el éxodo más grande de toda la región en los últimos 20 años. La califican como la emigración que más ha causado movimiento entre los países vecinos, ya que gran parte de las personas que salieron de Venezuela hoy se distribuyen en Latinoamérica. Huyeron literalmente caminando desde su ciudad de origen, ante la falta de insumos básicos, servicios, medicina y seguridad.

El medallista obrero 

Rubio ya no está en una plataforma. Dejó el país en 2017, cuando empezó a trabajar en una finca. Actualmente se ubica en Madrid, una zona de Cundinamarca en Colombia, específicamente en la alcaldía de Mosquera. En ese lugar no es conocido por sus medallas en eventos de ciclo olímpico, lo es por la fuerza de sus manos y espalda, que lo hacen especial dentro del grupo de la constructora en la que hoy forma parte de la cuadrilla de obreros.  

“Entré con varios de mi pueblo (a la construcción). La gente aquí no me creía, les decía que estuve como en 25 países y pensaban que les estaba cayendo a coba. Me preguntaban qué hacía aquí echando pico y pala”, reveló, en primer lugar, Rubio.

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Cortesía Israel Rubio

“Nosotros nos encargamos de la estructura, la excavación, vaciar el concreto. Yo sabía de batir una paca de cemento o de agarrar una pala, pero no de trabajar en un armazón eso nunca”, asegura 

Se va en bicicleta todos los días y dice que llega “entrenadito”. Paradójicamente Rubio trabaja en la construcción de un gimnasio deportivo, en el que ha llegado a dar consejos a los ingenieros. 

“Yo hablé con el ingeniero de la obra. Si tuviera la visión del deporte lo hiciera con gradas para la práctica de varios eventos deportivos, es un coliseo demasiado lujoso. Cuando llegué no me paraba, hacía horas extras, a veces salía a las 11 de la noche de hacer vacío de camiones”, contó el medallista obrero.

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Cortesía Israel Rubio

Ser un atleta de altísimo rendimiento le ha dado una ventaja gigante a Rubio en su duro trabajo de la construcción. Tiene mayores capacidades que sus compañeros de obra y en la imaginación trata de sobrellevar su realidad con lo que anhela a diario: montarse de nuevo en una plataforma de pesas. 

“Siempre pienso que esto es un entrenamiento más, me monto un saco de arena y me imagino que es estoy al 85%. Me imagino que voy a los Centroamericanos y me cargo dos metros de arena que son 45 sacos”.

Israel Rubio

La sombra de 2012

La desaparición física de su padre marcó un momento muy duro en la vida de Rubio. Él creció con su progenitor. Desde ese momento la vida del pesista cambió para siempre, dando un giro inesperado y conocido ampliamente.

“Estaba preparado para Londres, iba a ser medallista olímpico de nuevo, había tirado 180 en mi pueblo. Saqué cuentas, dije: ‘De aquí a agosto yo me monto a trabajar como es y lo logro’. Estaba seguro de que podía pelear una plata o bronce. Ya tenía pensado todo eso, lastimosamente no se pudo”. 

Israel pasó 22 meses en prisión por tráfico de drogas en Italia, de lo cual hoy todavía  se declara inocente. Contó que pese a estar preso, “no todo fue tan malo”, ya que siempre confió en que podía salir de ahí “limpio”.

“En la cárcel aprendes mucho. Yo siempre me portaba bien y un día me levantan en la mañana para decirme que tenía trabajo en la cocina. Esos trabajos se los dan a reclusos que saben que no van a salir pronto, pero conmigo hicieron una excepción. Hice muchos amigos, aprendí hablar mejor el italiano y contaba mis experiencias como atleta. Fueron 22 meses muy largos, sin embargo salí con la frente en alto”.

Israel Rubio

El regreso a las tarimas 

Pocos recuerdan que Israel compitió luego de salir de prisión. Esa nueva espera le permitió ir a los Juegos Panamericanos de 2015 en Toronto, donde se colgó la medalla de bronce junto a Junior Sánchez, quien fue oro. Para él, Junior fue uno de sus pupilos, pese a competir en el mismo peso.

“Cuando regresé tuve que enfrentar a mucha gente. Algunos inventaron cosas de mí y se los dije: ‘¿Por qué haces eso si en su momento yo te ayudé?’. Los senté a todos y les dije las cosas como son, eso me dejó muy tranquilo”, recordó.

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Israel Rubio/ Héctor Guerrero/AFP/Getty Images)

Rubio afirmó tener claridad sobre la realidad de las pesas venezolanas. Aseguró que mantiene comunicación con sus excompañeros de selección. 

“Quiero rescatar a los niños con los que estaba entrenando en mi pueblo. Ahí hay material humano para sacar campeones, ese pueblo es fuerte y se que pudiera hacer un buen trabajo ahí. Después, cuando tenga experiencia, me gustaría estar en la selección nacional”.

Israel Rubio

Antes de emigrar a Colombia, Israel estuvo trabajando en el Movimiento Por la Vida y la Paz, en el cual colaboraba en la supervisión de algunas bases de desarrollo del deporte. Sin embargo, dice que la política estaba en medio, situación a la que le huyó.

“Cuando hablaba con ellos me di cuenta que no tenían conocimiento del trabajo deportivo. Les dije que podía trabajar con niños para desarrollarlos, era gente que no estaba capacitada para eso. Me mantuve en la nómina, pero yo me fui, me llamaban pero entendí que eso no servía. ¿Por qué no se preocuparon si quiera por el problema de la comida? Con lo que me pagaban no compraba ni dos chocolates”, indicó Rubio.

El ministro preguntó por mí

En el exilio, Israel dice que las autoridades del deporte venezolano no se han comunicado con él. Pocos saben que hoy día quien fuera un referente del deporte en América Latina, sortea sus días ejerciendo una profesión que nada tiene que ver con la práctica del deporte. 

“No me tendió la mano cuando lo necesité de verdad, que le pedí trabajo para estar con los niños en Bachaquero. Hasta le pedí trabajo como seguridad, lo que sea, no le pedía nada regalado. Cuando quise hablar con él siempre fue un problema. Antes, cuando no era ministro, se la pasaba jugando fútbol con nosotros en el óvalo, él hablaba muy bien y ahora que es ministro, ¿se le olvidó todo? Una vez se lo dije: ‘Tanto que hablamos y ahora que tienes ese cargo en vez de luchar con los atletas, atenderlos no se ve nada. ¿Por qué no lo haces?’ Le dije estaba rodeado de pura gente mala y le venden algo que no es”.

Israel Rubio.

La medalla que este 21 de agosto cumple 16 años está en su casa de Bachaquero, donde vive su señora madre. Está guardada en un lugar especial en el que sus hijos, a los que tiene dos años que no ve, van frecuentemente. Israel tiene el sueño de volver. Nunca anunció oficialmente su retiro y hoy día, en medio de una situación muy compleja, asegura haber aprendido todas las lecciones suficientes para tratar de hacer vida deportiva.  

En Venezuela sólo quedan vivos 13 medallistas olímpicos. Apenas 13 personas en el universo entre más de 30 millones de habitantes. Son 13 historias que deben ser atendidas de manera especial. 13 ejemplos de cambio, 13 alegrías eternas. 

“A cada rato sueño que estoy todavía activo. Cada vez que me levanto sueño que estoy en campeonatos élite, es algo que siempre está ahí. Cada vez que me toca hacer un trabajo fuerte digo, cómo no voy a levantar esa vaina si yo estuve tanto tiempo levantando pesas, mi fortaleza es esa”, expresó Israel.

Cortesía Israel Rubio

“A mí me dan ganas hasta de volver, a la edad que tengo me siento capacitado para llegar. Te juro que yo me siento para llegar, con las marcas que hay en Venezuela tengo chance. Yo estaba hablando con Junior Sánchez y se lo comentaba”, contó.

Israel es sólo un ejemplo más de cómo el sistema deportivo venezolano obliga al talento a irse, esto sin importar el estatus de medallista mundial, olímpico y panamericano. Hoy en día los casos de atletas venezolanos de renombre trabajando en construcción, restaurantes o bares es incontable. Esto ocurre ante la insostenibilidad, falta de planificación y pobre ejecución de los recursos para la práctica deportiva. 

Basta con mirar que entre 2017 y 2019 Venezuela dio forfeit en más de 30 eventos deportivos de alta envergadura. Tampoco se realizan Juegos Nacionales adultos desde el año 2011. No hay una pista atlética certificada por Worlds Athletics, las piscinas apenas sobreviven y tampoco existe por ejemplo un velódromo de ciclismo de madera que cumpla con los estándares internacionales. 

“He pasado por miles de cosas. ¿Qué más me puede pasar? Que me tumbe y no me pueda levantar”, cerró Israel Rubio.

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Acerca del autor

Juan José Sayago

Periodista deportivo especializado en eventos del Ciclo Olímpico. He cubierto cuatro Juegos Panamericanos y tres Juegos Olímpicos. Soy comentarista de diferentes disciplinas y asesor de comunicaciones de atletas de alto rendimiento.

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