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Columnistas

Termina el partido y comienza la realidad venezolana

Para disputar cada partido de Libertadores hay un montón de normas y procesos que realizar y aprobar, pero en Venezuela es más complicado.
Ricardo Andreutti / CFC

Para la disputa de cada partido de Copa Libertadores hay un montón de normas y procesos que realizar y aprobar, para poder estar disponible para el duelo. Desde la presentación de las pruebas PCR de cada uno de los jugadores, cuerpo técnico y todo el personal del protocolo del partido, tres días antes; hasta el cumplimiento de las medidas sanitarias exigidas.

Todo esto es un proceso largo y tedioso para lo que estabamos acostumbrados. Concentrar en el hotel solos, comer cada uno en sus habitaciones, no compartir, estar en casa aislados del mundo para evitar contagios que te dejen fuera del partido y mil cosas mas que están muy lejos de lo que solía ser nuestra rutina normal.

En Venezuela, la cosa es un poco mas complicada. No sólo tienes que cumplir con las exigencias del protocolo sanitario, como todos los países del continente; sino que tienes que jugar varios partidos aparte para satisfacer tus necesidades básicas como ser humano. Además, que se hace muy complicado atender las necesidades y exigencias personales que todo atleta de alto rendimiento debe cuidar, las que llamamos en el fútbol “entrenamiento invisible”. Ese que hacemos fuera de las canchas y que forma parte de nuestro trabajo.

Cuadrar el día de la semana en el que entrenas en la tarde para madrugar y poder echar gasolina, para poder ir a entrenar, es parte de nuestra realidad, por ejemplo. Estar pendiente de atender las necesidades básicas de tus padres o familiares porque no han podido trabajar o porque se les hace difícil trasladarse para hacer su mercado. Llenar los tobos de agua para tener con qué bañarte o poder lavar la ropa a mano; ya que solo te ponen el agua media hora al día. O hay quienes tienen que resolver la comida de sus familiares en otras ciudades porque tienen varias semanas sin el suministro de gas.


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Esos noventa minutos que ven en la televisión, no sólo es nuestro trabajo y nuestra responsabilidad; es un escape que tenemos los futbolistas en Venezuela ante nuestra realidad. Lo hermoso es que no solo es nuestro escape, es el de esas personas que se llenan de alegría por nuestros buenos resultados. Es tan satisfactorio poder, aunque sea, cambiar el tema de conversación de sus días por algo más alegre. Que tengan la posibilidad de tuitear un post de alegría entre tantas quejas. Que no se hable de política, economía o criminalidad por un par de horas. Esas son las horas alegres a las que nos aferramos y tratamos de hacerlas eternas.

Si supieran lo estresante que fue el partido pasado, ante Libertad. No sabíamos quiénes podían jugar hasta faltando minutos para el partido. Incertidumbre, ansiedad e incertezas era lo que se paseaba en nuestras conversaciones en las horas previas. Depender de otros, que con la indolencia a la que nos acostumbramos los venezolanos trabajadores, no cumplen con sus obligaciones a tiempo es uno de las peores enfermedades socioculturales que padecemos en este hermoso país; sin interés de ocuparse de algo que podría regalarnos un motivo para sonreír.

La alegría de un buen resultado internacional traspasa el plano futbolístico. Tienen un bagaje extradeportivo y de supervivencia que las convierte en doble satisfacción compartida.

El árbitro pita el final del partido. El eco de la euforia termina de diluirse cuando pasas la llave de la cerradura de tu casa por seguridad, abres el grifo del lavaplatos y no sale el agua. Abres el WhatsApp y lees en el grupo familiar solo malas noticias. Te acuestas en tu cama satisfecho, pero muy cansado; aún así debes colocar el despertador bien temprano para levantarte al día siguiente para hacer la cola de la gasolina. Sí, en seguida suena el silbato del árbitro, estamos de vuelta a la realidad.

Acerca del autor

Ricardo Andreutti

Del Andreutti al Ricky, como Benjamin Button. Supongo que soy futbolista, pero mi mayor suposición es que puedo escribir. Caraqueño que vive en el sueño que diseñó de niño. Agradecido, bibliófilo, emprendedor, yogui, servicial y movido por la inspiración. El universo me regaló conectar con Triángulo Deportivo, donde nos co-creamos y robamos métricas para regalar vivencias, así como Robin Hood. Prometo dar lo mejor, como cuando afronto mis partidos, no obsesionado por el resultado sino por el disfrute.

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