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Fútbol

Oriana Altuve, la killer del área que sueña con dirigir a la vinotinto

Oriana Altuve, la delantera que sueña con dirigir a la vinotinto / Betis

Oriana Altuve creció en una zona de Caracas donde a lo bueno y lo malo solo lo separa una línea delgada. 23 de Enero, bloque 31, zona E, allí comenzó a jugar fútbol con y contra niños bajo la guía de un grupo de primos que juntos podían formar un equipo. Allí, donde coloquialmente dicen que “las disparan con liguita”, se inició la delantera vinotinto más letal del momento.

Lleva cinco años fuera de su país. Unos meses en Uruguay, un par de años en Colombia y otros dos más en España. La nueva flamante delantera del Real Betis Féminas ha cambiado algunas cosas, pero poco su acento. “No cambio por nada el acento venezolano, de mi 23 de Enero”, contó entre risas desde España en una llamada que duró una hora, pero que da la sensación de haberse quedado corta.

Con el Rayo Vallecano marcó 23 goles en dos temporadas / La Liga

La pureza de su acento venezolano va cediendo conforme avanza la entrevista. Es lógico, ya tiene dos años celebrando goles en España y haciéndose un nombre propio. Desde hace rato dejó de ser solo “la prima de Roberto Rosales” para ser Oriana Altuve, una delantera cotizada por la que se pelean equipos de la liga europea.

En su carrera ha ido superando picos. Fue goleadora en el Caracas, fichó por el Colón de Uruguay donde salió campeona y jugó Copa Libertadores. De allí dio el salto al Santa Fe colombiano con el que ganó la primera liga en la historia de ese país y, con 12 goles, quedó a uno de la líder.

Para el 2018 dio el paso que toda jugadora sueña. Fue fichada por el Rayo Vallecano y apenas en su primer partido anotó un “hat trick”. En todos los países en los que ha jugado ha rendido con goles desde el minuto uno, a pesar de que afirma tener problemas de adaptación.

“Siempre me ha faltado muchísima adaptación”, afirmó. Aunque parece una contradicción, tiene sus argumentos. “En Uruguay pensé que no iba a jugar porque el frío me afectó mucho. En Colombia dije lo mismo porque había muchas jugadoras buenas. Cuando vine a España me volvió a pegar el frío y me parecía tan difícil; lo único bueno era que hablábamos el mismo idioma”.

En todos los equipos a los que llegó pensó que no jugaría. Menos mal, porque en todos salió como goleadora y referente ofensiva. Así ha sido la vida de Oriana Altuve, ha tenido que luchar cada pelota como cada situación adversa para ir cumpliendo sueños. Poco a poco los ha cumplido uno tras otro, ahora fija su mirada en jugar la Champions League, clasificar a Venezuela al Mundial del 2023 y, en un futuro, ser su entrenadora.

Hay fuego en el 23, en el 23

Como dice aquella canción de salsa, hay fuego en el 23. Una zona roja de Caracas donde los índices de delincuencia son alarmantes. De ahí salió Oriana Altuve, una delantera que aprendió a calibrar su puntería, pero hacia el arco y con un balón.

“Muchos dicen que es el peor barrio de Suramérica, pero lo que viví allí no lo cambio por nada. Pude irme por los malos pasos, pero vengo de una familia respetada y tuve la enseñanza de mis padres. Yo pienso que el barrio no puede llevarse en la cabeza y no por nacer allí tienes que ser el peor ni mal hablado”.

En el 23 de Enero aún viven sus abuelas y varios primos. Sus padres emigraron a España y viven en Málaga. Allí también se fue su hermano Mario, una de las influencias más importantes que ha tenido en su vida.

Oriana llegó al fútbol gracias a su hermano y sus primos. A ellos los veía jugando en la cancha del 23 de Enero. Mientras los grandes jugaban ahí, los chiquitos se iban a la plaza con un balón, aunque también jugaban a policías y ladrones, metra y demás.

“Siempre llegaba a la casa llena de tierra. Del grupo de juegos solo éramos dos niñas y como la otra jugaba baloncesto pues yo también lo hacía. Me la pasaba en la calle y prácticamente iba a la casa a comer”, contó con nostalgia.

En esa plaza chiquita fueron sus primeros regates, también sus primeras burlas. “Como siempre jugaba con niños me decían que parecía un varoncito. Yo me iba muy triste a mi casa pero después se me pasaba y seguía jugando”.

Su madre, Estela Mancilla, vio algo especial en esa niña con aquel balón. Su padre, José Antonio, no estuvo de acuerdo con que Oriana jugara fútbol.

“Siempre me he preguntado por qué mi mamá sí quería que jugara fútbol pero mi papá no. Su hermana Zoraya, la mamá de Roberto, jugó fútbol pero aun así estaba reacio. Cuando me vio feliz salió a comprarme unos zapatos”.

Primera parada: la natación

“No me gustó nada, la pasé muy mal”, describió Oriana su experiencia en el agua. No recuerda si tenía siete u ocho años cuando su mamá la llevó a las piscinas del Naciones Unidas. La experiencia no fue grata.

“Ese deporte me parece muy difícil y eso que se comienza solo con el estilo libre. Cuando me tocaba nadar espalda sufría, imagínate, y eso que no llegué a mariposa”, contó entre risas esa delantera que le costaba más dar una brazada que definir un mano a mano.

No, en el agua no, por ahí no era la cosa. Su tío decidió llevarla a escondidas al Pedagógico de Caracas, allí comenzó a destacar hasta por encima de muchos niños.

“Por eso me criticaban, a veces llegaba molesta a casa pero mi mamá me decía que me tenía que controlar. Algunos representantes se metían conmigo, hablo de los de los otros equipos. Era una ofensa que una niña les ganara”.

Ahí ya se veía que la única niña entre tanto niño tenía pólvora en los zapatos. “Siempre estuve adelante, de grande fue que probé como medio o extremo, pero no me gusta correr por una banda. Recuerdo que mi primer gol lo anoté en un partido que ganamos 3-1 en la liga César del Vecchio. Lo celebré como si fuese el mejor gol de mi vida”.

Oriana no fue una estudiante destacada. Para ella, las ecuaciones matemáticas eran como nadar espalda. Estudió primaria en el Madre Cabrini de Catia y bachillerato en el Liceo Ave María de San Martín. En los recreos e intercursos era un refuerzo de lujo en las partidas de fútbol.

Enzo Tropiano la invitó al Caracas y su vida cambió

La figura de Enzo Tropiano es icónica en el fútbol femenino venezolano. Su ojo permitió visibilizar mucho talento cuando las mujeres que practicaban balompié eran invisibles. Un día se acercó a Oriana con una propuesta que no pudo rechazar.

“Enzo me abrió las puertas del Caracas porque sabe lo que pasé para estar ahí. Muchos lo critican porque ve el fútbol de otra manera pero para mí es especial. Le tuve paciencia y me tuvo paciencia”.

Altuve venía de ser referente en el Pedagógico, Gulima y UCV, pero Caracas era otro nivel. “Al principio pensaba que no iba a jugar y hasta creí que debía quedarme en UCV. Pero en un momento me decidí a ir con todo porque me gustó la intensidad con la que se trabaja. Me dije que tenía nivel para estar allí”.

Y vaya que lo tuvo. Sus goles le permitieron estar en la selección nacional que se colgó el oro en los Centroamericanos y del Caribe del 2010. A pesar de ello, su generación no pudo clasificar a un mundial de fútbol como la anterior y la posterior.

“En esos juegos me fue súper bien, pero siempre digo que a mi generación le faltó suerte. Me sentía ansiosa por querer estar en un Mundial pero pienso que mi desquite será con la mayor. Es difícil pero no imposible”.

Oriana Altuve marcó 16 goles en el torneo Apertura de l 2014 / Caracas FC

En la temporada del 2014 anotó 17 goles, seis menos que su gran amiga Ysaura Viso, para ganar con Caracas el torneo Apertura de la Liga Nacional. Sus dianas ya comenzaban a retumbar en otras latitudes hasta que Andrea Tovar, portera de los Rojos del Ávila, la recomendó en Uruguay.

“Andrea conoció a un brasileño y este a su vez conoció al dueño del Colón. Querían una delantera y pensó en mí. Me dijo que le daría mi número pero yo no quería salir del país. Hablé con Lisbeth Bandrés y me dijo que aceptara, que solo serían seis meses. Ya los problemas del país estaban comenzando y la situación en casa estaba difícil”.

Oriana hizo maletas y se fue a Uruguay a jugar con Colón. No era Brasil ni un país europeo como quería pero estaba en el extranjero. Allí fue goleadora, ganó la liga y terminó como máxima artillera de la Copa Libertadores del 2016 con cuatro tantos.

“El equipo era humilde y me metió a vivir en casa con una familia que me trató súper bien. Yo lloraba por el frío tan intenso que tenía que soportar pero fue una experiencia inolvidable. Ganamos la liga y fuimos el primer equipo uruguayo que supera la fase de grupos en la Libertadores”.

En Colombia hizo escala antes de llegar a España

Santa Fe se enamoró de Orian Altuve e hizo todo por llevarla Bogotá. Lo logró y la decisión no le salió tan mal. Con la venezolana en su plantilla ganaron la primera edición de la liga femenina, fueron a Copa Libertadores y la delantera volvió a ser la máxima goleadora.

“Estando en Santa Fe me sentí profesional en todo el sentido de la palabra porque nos trataron como tal. Pensé que sería difícil ser titular pero en un amistoso contra un equipo de hombres hice un gol y ahí todo fluyó. En esa primera temporada hice 12 goles y la mejor goleadora marcó 13”.

En Santa Fe fue campeona y goleadora de la Copa Libertadores / AS

Estando en Colombia conoció a Edgar Merino, un chileno que quiso representarla. “Mi hermano me dijo que no me metiera con agentes porque esos solo querían plata. Pero él insistió y me decía que tenía la oportunidad de irme a España. Yo me negaba porque no quería estar lejos de mí país, que hasta en bus llegaba”.

Pero Mario emigró como tantos otros. Sus padres siguieron su camino y ya el bus que antes podía tomar para estar con los suyos no alcanzaba. “Salimos todos en familia así que tomé la decisión de venirme a España a jugar con el Rayo Vallecano”.

En su primer partido marcó un “hat trick”. Sí, también pensó que no podría jugar porque sus compañeras eran “extraterrestres”. Pero en la entidad madrileña no desentonó y se hizo un nombre.

“Es día lo recuerdo como el más feliz de mi vida, pero también pudo ser el peor. No quería que después no pudiera marcar y dijeran que fue solo una buena tarde. Da la casualidad que después de ese juego anoto pero luego me meto en una racha de cinco juegos en blanco. Me presioné pero mi hermano me dijo que los goleadores pasan por baches. Cuando salí de él todo funcionó”.

Dos temporadas después Altuve se encontró en una encrucijada. El Rayo quería renovarla, pero Betis la deseaba también. “Tomé la decisión de venirme a Sevilla porque está más cerca de Málaga que es donde vive mi familia”.

Llegando y anotando. Antes de iniciar la temporada fueron campeonas de la Copa de Andalucía y allí Oriana anotó cuatro veces.

Oriana Altuve se forma para cumplir un sueño, dirigir a la vinotinto

Con 27 años, Oriana Altuve ya piensa en la hora de colgar los botines. No será pronto, pero quiere que sea lo más planificado posible. Ahora juega y estudia, no tiene los problemas de bachillerato; la madures y la búsqueda de un sueño la ha venido impulsando.

“Estoy estudiando actualmente, es un curso para formarme en el fútbol. Ya hice otro de nivel uno y el de ahora es en administración de fundamentos de gestión deportiva. Yo lo he dicho, quiero dirigir en algún momento a la vinotinto y ver si se pueden cambiar las cosas desde el área gerencial”.

Pero esos son los planes después del retiro, ahora el camino sigue siendo largo. “Estoy agradecida con la profesora Pamela Conti porque a pensar de mi edad (28 años) me tomó en cuenta. Estoy haciendo buen papel al igual que otras jugadoras así que no veo lejos poder asistir al Mundial”.

La caraqueña sueña con jugar un Mundial y dirigir a la vinotinto / Prensa FVF

Mientras se prepara para seguir cumpliendo sueños, Oriana quema etapas. Vivir el Mundial que hasta ahora le ha sido esquivo, jugar una Champions, conseguir títulos académicos. Una amplia lista de proyectos ambiciosos, más extensa que el menú culinario que ha aprendido a preparar desde que vive sola. “El mejor plato que preparo es la pasta con carne molida”.

Acerca del autor

Miguel Ángel Valladares

Soy periodista egresado de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto, Venezuela en 2007. Fui fundador y coordinador de deportes del Diario La Prensa de Lara por ocho años. Me apasiona el deporte. Cubrí eventos internacionales como la Copa América 2007 y 2011. Me gusta contar historias.

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