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Fútbol

La Vinotinto se quedó parada en el desconcierto

Peseiro Vinotinto Tomás Rincón
/ Prensa Vinotinto

Venezuela tiene anécdotas en su erario colectivo, que son demostrativas de la forma de ser tan particular de sus habitantes. En una ocasión, un expresidente llegó a decir en una intervención frente a varios periodistas, que habían desistido tomar una decisión porque aquello era un “auto suicidio”.

La debacle de La Vinotinto en Barranquilla tras caer goleada por 3-0 ante Colombia, tiene su explicación en varias aristas de un rompecabezas que aún está regado en el suelo, y que José Peseiro comenzó a intentar armar con osadía, pero ignorando quizás, todo lo que rodea a un partido de eliminatorias suramericanas.

Era lo esperado

Habrá que empezar por precisar, que lo que pasó en la costa colombiana era lo lógico. Sin su mejor jugador (y visto lo visto en el Roberto Meléndez, su líder y referencia moral), Salomón Rondón, sin uno de sus jugadores más desequilibrantes, Yeferson Soteldo (quien llegó apenas ocho horas antes del juego a Colombia, después de no tomar el avión con Rómulo Otero y Jeferson Savarino), sin contar a tono con Fernando Aristeguieta y José Martínez, retrasados, uno por presentar exámenes de COVID-19 fuera de fecha y el otro peleando con su club para que le dejaran salir, con apenas tres sesiones de prácticas para el nuevo cuerpo técnico, sin su central principal, Yordan Osorio, sin Mikel Villanueva, su zaguero en mejor forma, lesionado en las prácticas; aspirar a una victoria venezolana era más que un alarde de optimismo, una oda al fanatismo.

Después, el análisis del partido pasa por la guerra táctica, en la que el maestro Carlos Queiroz, superó claramente a su alumno José Peseiro. El nuevo seleccionador venezolano, no descifró de entrada los nudos que propuso el ex técnico del Real Madrid, fortificando la sociedad entre James y Juan Guillermo Cuadrado en la banda derecha, el flanco izquierdo de Venezuela por dónde cayó el primer gol, el que inició el desconcierto de la Vinotinto.

El “auto suicidio”

Peseiro pretendió, osado, casi “auto suicida”, lanzar a la carga a sus laterales desde el inicio, buscando sociedades arriba por los costados, con Savarino en el centro haciendo de diez, y Sergio Córdova, buscando ser la referencia en el área. Pero los espacios que quedaron, fueron aprovechados impunemente por los atacantes neogranadinos.

Luis Muriel hizo fiesta con Ronald Hernández, deficiente en los retrocesos y en las marcas, y los relevos, sobre todo de un perdido Tomás Rincón, nunca llegaron. Lo propio ocurrió con Roberto Rosales, al que tampoco se le vio preciso, ni para atacar, ni para defender.

Muriel merece un capítulo aparte, con Duvan Zapata. Parecía que la forma de ponerle referencias para parar a estos peligrosos puntas, era que Peseiro incluyera a un tercer mediocampista, de más músculo y marca, que ofreciera equilibrio a la zona defensiva. Pero, ante la ausencia de esa pieza, la dupla de Atalanta se movió con soltura en el ataque, haciendo quedar mal a la línea defensiva venezolana, floja, endeble y carente de la fortaleza de otrora.

Después, la lentitud en los retrocesos, tendrá más que ver con el poco ritmo de varios de los componentes de la zaga venezolana, que palideció cada vez que Colombia se asomó en el primer tiempo.

La idea de Córdova de nueve naufragó en el mar de la desorientación ofensiva de Venezuela. Se recostaba sobre la banda derecha, donde se estorbaba con John Murillo. El de El Nula y Darwin Machís, fueron quizás las dos notas decentes de una Vinotinto que todavía tiene mucho que trabajar.

Tras el primer gol, también fue grave el descalabro anímico. Nadie alzó la voz. No hubo rebeldía. No debía llegar desde la banca, debió salir de alguna voz dentro del campo. Pero el mazazo de Zapata fue terrible. A partir de ahí, la Vinotinto no volvió a alzar la cabeza, y bajó las manos muy temprano. Parados en el desconcierto, cabizbajos, sin respuesta. 

Lo que viene

Peseiro fue presa de su discurso. El optimismo es bueno, ayuda a generar confianza, y la coherencia hace que el jugador le crea al técnico. El planteamiento casi suicida de Barranquilla, tendrá sentido si y sólo si, se sigue trabajando en el futuro. Se pulen piezas que quizás ya no están para estos embates bajo esta idea, y se ajustan los detalles.

Son sus primeros días con Venezuela, pero creo que después de lo visto en Colombia, Peseiro entenderá que, en la eliminatoria suramericana, si bien hay que jugar para ganar y convencer, también hay que saber cómo vencer a ciertos rivales de más calibre. Jugar ofensivo es menester en casa, pero fuera, con todo en contra, puede ser “auto suicida”. 

Acerca del autor

Pablo García Escorihuela

Periodista deportivo venezolano (UCV) con 15 años de experiencia cubriendo distintas disciplinas deportivas para medios escritos (impresos y web) y radio (comentarista). Soy especialista en fútbol, con gusto por el béisbol, el baloncesto y el fútbol americano; trabajé en Líder, Meridiano, El Nacional, AM y FM Center; vivo desde hace tres años y medio en Estados Unidos, desde donde aporto mi visión del deporte.

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