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La Vinotinto, sin cadenas

La Vinotinto no se libera de las cadenas que le impiden crecer. Por el desorden federativo, su novela en 2020, la pandemia, los desaciertos.
Cortesía @SeleVinotinto

Jorge “Karateca” Medina contaba siempre, con desparpajo, que había conocido a la Estatua de La Libertad antes que El Obelisco, y que había probado el famoso Bife de Chorizo en Nueva York, antes que en Buenos Aires. Esto no tendría nada de raro, si Jorge no fuese oriundo de Parque Patricio, en la capital argentina.

Su historia es una tragedia, muy tanguera. Hijo de padres maltratadores, se fue de su casa a los 11 años de edad, comenzó a pelear karate hasta que un tío lo introdujo al boxeo. Peleó en Luna Park, en Buenos Aires, y con 12 victorias dio el salto al extranjero, y combatió en Estados Unidos, Portugal y hasta en Sudafrica. Un accidente de transito le daño la mano derecha en 1985, y no pudo volver a ser el mismo en el ensogado. Se convirtió en adicto a las drogas y cayó en prisión en 1994, por robo y trafico de estupefacientes.

Salió de la cárcel, y Bahiano, el líder de Los Pericos se inspiró en su historia para escribir “Sin Cadenas”. Un relato sobre la redención de Medina, que termina con un final abierto. “Sin Cadenas sobre los pies, me puse a andar, hace tiempo quise encontrar, el camino…”, comienza la tonada. Se echó a rodar el balón en el clasificatorio Suramericano a Qatar 2022, y Venezuela, aún busca su historia de salvación.  

Con un grillete en el pie, así cómo corría Medina en el video de la canción de la banda de reagge argentina, la Vinotinto no se libera aún de las cadenas que le impiden crecer. El desorden federativo y toda su novela en el año 2020, la pandemia, los desaciertos organizacionales, todo conspiraba en contra. 

No obstante, la llegada de José Peseiro generó una enorme expectativa. Su discurso, era música que sonaba bonita. Jugar ofensivo, ser atrevidos. Algo que la Vinotinto no hace desde hace rato. 

Pero el verbo y la acción son cosas diferentes. “Nada escapa, nada muere, nadie olvida, eso lo sé… Navegante sin rumbo fui, y naufragué…”. El duelo contra Colombia dejó clara la ingenuidad del seleccionador, quien asumió con gallardía su error. 

“Me equivoqué planteando el partido así, sin tanto tiempo para trabajar con mis futbolistas. No era subestimar al rival, simplemente creí que era lo mejor y no fue”, dijo en un todavía confuso español el estratega en el post partido contra los cafeteros.

¿Qué correspondía? O seguir en la misma línea de riesgo o buscar, en la génesis Dudameliana del equipo, el balance perdido. Por eso fue, quizás, muy conservador cómo local contra Paraguay. Sin embargo, el equipo le respondió mejor. 


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Es cierto, en el primer tiempo no vio la pelota, pero tampoco sufrió demasiado contra los guaraníes, que sólo tuvieron en un remate al poste de Gatón Giménez la acción más peligrosa del duelo en el tramo inicial. 

No fue la cara más competitiva de Venezuela. Está lejos de ser el equipo que Peseiro pregonaba, aquel de llegar tocando, de ser audaz y ofensivo. Pero fue más equlibrado. 

Rolf Feltscher ayudó a reacomodar la defensa. Christian Casseres Jr. fue una máquina en la mitad de la cancha, apoyando a Roberto Rosales en la banda izquierda para contener y aportando con subidas al ataque a la salida del balón. Rómulo Otero estrelló un balón en el poste de falta y con su dinámica aportó mucho al juego ofensivo del equipo. Finalemente, Darwin Machís y Yangel Herrera se mostraron tan sueltos cómo en su club, entrada la segunda etapa.

Pero, no fue suficiente. Venezuela se quedó a ley de una decisión polémica del VAR (ajustada a la razón, el gol de Herrera le pega en el antebrazo y se desvía a la portería, estaba bien anulado, aunque eso a otros equipos de más jerarquía no se lo pitan) y un penalti fallado, de que la historia fuese diferente. Los guaraníes anotaron en el complemento, en la segunda llegada clara de ellos al arco de Wilker Faríñez.

Es cierto, Peseiro y su idea están aún entre dos aguas. Lo que quiere, y la traza genética del grupo. El equipo no compitió y se mostró desganado contra Colombia, pero recuperó el hambre en medio del marasmo del desordenado partido contra Paraguay. Necesita el tiempo que algunos, con saña, no le desean dar. Pero él y la selección, parecieran empecinados, como “Karateka” Medina, en contar una historia de redención. A pesar de que Brasil y Chile, sus próximos rivales, tampoco se antojan cómo bancos de pruebas ideales, pero es lo que hay. 

El relato sólo cambiará en el momento en el que las ideas se asienten, en el que Peseiro y su grupo sepan que cuentan con el apoyo de la FVF y no pasen penurias, que los convocados lleguen a tiempo, y que el trabajo plasme, o no, lo que tiene en realidad. Tienen que pisar firmes, para buscar esa historia feliz, que termine en Qatar.

“Contengo la respiración, es un día tan claro, en busca de historias felices, felices serán, el día que pise firme…”.

Acerca del autor

Pablo García Escorihuela

Periodista deportivo venezolano (UCV) con 15 años de experiencia cubriendo distintas disciplinas deportivas para medios escritos (impresos y web) y radio (comentarista). Soy especialista en fútbol, con gusto por el béisbol, el baloncesto y el fútbol americano; trabajé en Líder, Meridiano, El Nacional, AM y FM Center; vivo desde hace tres años y medio en Estados Unidos, desde donde aporto mi visión del deporte.

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