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Beisbol

Randy Arozarena huyó de Cuba para llevar a Tampa Bay a la Serie Mundial

Randy Arozarena llevó a Tampa Bay a su segunda Serie Mundial / AFP

“Salí de Cuba, me escapé en un barco de noche y llegué a México y ahí pude entrenar y prepararme para que un equipo me firmara”. Así resumió Randy Arozarena a ESPN su camino hacia la libertad y el estrellato. Como muchos cubanos tuvo que arriesgar su vida y huir, hasta que gracias a sus batazos jugará con Tampa Bay su primera Serie Mundial.

Arozarena es apenas un palo de la montaña, en un equipo de obreros armado para ganar. Su aporte en lo que va de playoffs ha sido descomunal, a tal punto de haber sido elegido MVP de la Serie de Campeonato en la que los Rays vencieron a los Astros en siete juegos. El milagro no se dio, después de estar abajo 0-3, Houston tuvo un problema.

En gran medida ese problema se llamó Randy Arozarena. Un cubano de 25 años de edad que pasó de ser un desertor desconocido a ser un toletero temible. En el juego definitivo conectó un cuadrangular de dos carreras que terminó siendo determinante en la victoria de 4-2 de los Rays.

Charlie Morton fue otro de los baluartes de la victoria de Tampa al lanzar primores. En 5.2 entradas no aceptó carreras con dos hits y seis ponches. Además, tuvo un férreo control de la zona de strike debido a que de los 75 lanzamientos que hizo, 50 cayeron en zona buena.

Tampa Bay regresa así a una Serie Mundial luego de 12 años. Aquella vez cayeron sin atenuantes ante los poderosos Filis de Filadelfia en cinco juegos. Ahora tendrán la oportunidad de luchar por levantar un trofeo que sus vecinos del sur, los Marlins, ya han atesorado un par de veces.

Entre los obreros de esos Rays estará el cubano Randy Arozarena. Un pelotero con una historia similar a otras de compatriotas cubanos que tuvieron que desertar para poder cumplir su sueño. Pero la del habanero tiene sus particularidades, le tocó jugar en México para mostrarse y, cinco años después, cuando se preparaba para su primera temporada en Grandes Ligas llegó una pandemia.

El fútbol, primer amor de los Arozarena

Randy Arozarena siempre fue un chico atlético. Según dijo el cazatalento Guillermo Armenta al NY Times, en la escuela hizo gimnasia y era un enamorado del fútbol, deporte que practicaba en las calles del pequeño poblado de Mantua, al noreste de Cuba.

Su hermano menor, Raiko, decidió seguir jugando con la pelota más grande. Se dedicó al fútbol profesional y juega con los Venados, equipo del ascenso mexicano que tiene su sede en Mérida, la ciudad a la que los Arozarena llegaron y que aman, principalmente por su clima cálido. “Es como estar en Cuba”, dijo.

Pero Randy, al contrario de su hermano, se decantó por la pelota más pequeña. Arozarena debutó joven con Pinar del Río en la Serie Nacional de Béisbol cubana. Con 18 años no se mostró como un bateador de poder pero sí de promedio. En su segunda campaña rozó los 300 al batear para 291 con 24 remolcadas, según Baseball Reference.

A pesar de ser un pelotero de mucha proyección, fue dejado de lado cuando Pinar del Río fue a debutar en la Serie del Caribe de Puerto Rico en 2015. Ante los rumores de que podría intentar desertar, decidieron tomar el camino de muchos compatriotas.

“En mi primera temporada con Pinar del Río gané cuatro dólares, en la segunda 38. Ganaba más que mi madre”, dijo el jugador al NY Times. Fue así cuando en ese 2015 él y su familia se montaron en un bote y luego de ocho horas luchando con olas gigantes llegaron a las cosas mexicanas; a Isla Mujeres.

Estar en México era un plan bien pensado por Arozarena. Para que un cubano pueda jugar en las Grandes Ligas debe tener residencia en un tercer país. Por eso llegar a la costa mexicana era el camino menos largo desde su pueblo en Cuba. Pero en esa nación encontró más que un puente para llegar a Estados Unidos.

Intentos fallidos para ser visto por los scouts

En Mérida, Arozarena conoció a Guillermo Armenta quien de inmediato vio las condiciones atléticas del jugador. Era delgado pero tenía mucha velocidad de home a primera. Según el cazatalentos, corrió 60 yardas en 6.9 segundos, luego bajó esa marca a 6.38.

“Lo entrené un tiempo hasta que lo convencí de que debía ir a la academia de los Toros de Tijuana. Allí tenía tan pocas pertenencias que los otros prospectos le prestaron tacos y guantes. A pesar de su gran talento, los scouts lo veían y no lo firmaban”, recordó Armenta.

Es así como en 2016 hizo el equipo con Tijuana, pero solo le alcanzó para disputar cinco juegos. En 20 turnos pegó dos hits, un estreno poco alentador. Pero el béisbol le dio revancha y ese mismo año jugó en la pelota de invierno con los Mayos de Navojoa, allí dejó un promedio de 289 lo que provocó que los Cardenales de San Luis se fijaran en él, ofreciéndole un contrato de 1.25 millones de dólares.

Randy Arozarena debutó con San Luis en 2019 / AFP

Su paso en ligas menores fue bueno, incluso pudo volver a México para reforzar a Navojoa. Pero en 2019 su sueño de niño pudo cumplirse. El 14 de agosto, el cubano debutó en Grandes Ligas con los Cardenales y en esa temporada vio acción en 19 juegos, aunque luego San Luis lo enviaría a Tampa en un canje que involucró al venezolano José “Cafecito” Martínez.

Nuevo equipo, a ganarse un puesto en Tampa Bay

Randy llegó al norte de la Florida con la obligación de mostrarse ante un nuevo equipo técnico. Kevin Cash tendría a un pelotero que lucía atlético y con ganas de trascender. Pero la pandemia le jugaría una mala pasada, primero al retrasar el inicio de la temporada y luego al ser diagnosticado de Covid-19.

Según NY Times, Arozarena aseguró que en el aislamiento cargaba kilos de pollo y arroz a diario. También hacía 300 flexiones al día para no perder la condición física, sabiendo que iniciaría en desventaja con sus compañeros. Así que logró debutar con Tampa Bay el 30 de agosto, poco más de un mes para iniciar la postemporada.

En Tampa Bay se ganó un puesto a pesar de haber debutado tarde / AFP

Y su arranque fue promisorio. En la recortada temporada regular bateó siete cuadrangulares y dejó promedio de 281, pero su despegue llegaría en la postemporada donde, faltando la Serie Mundial, tiene siete jonrones, una nueva marca para novatos.

“Todo el mundo está asombrado cada vez que entra a la caja”, dijo Mike Zunino, receptor de los Rays. Y es que la chispa de Arozarena ha encendido al vestuario de Tampa Bay, un equipo económicamente modesto, cuya plantilla vale 28 millones de dólares, la vigésimo octava de 30 equipos en la MLB.

Se siente un mexicano más

Los Arozarena han hecho de México su nuevo hogar. Allí Randy tiene una hija y recientemente tomó la prueba para tomar la nacionalidad. Siente mucha nostalgia por su Cuba natal, pero no quiere volver allí hasta que el panorama político cambie.

“No quisiera volver a jugar con Pinar Del Río ni con la selección cubana, me siento bien aquí. Si jugara con algún equipo sería con Mantua en la provincial”, dijo al portal Pelotacubanausa. Una de las razones por la que quiere hacerse mexicano es para jugar el Clásico Mundial.

“(Toros de Tijuana) Fue el primer equipo con el que jugué en la Liga Mexicana y fue la organización que me dio la oportunidad para firmar con un equipo de Grandes Ligas. El paso por Navojoa me sirvió mucho para crecer en mi carrera y seguir jugando fuerte al béisbol. Mi segunda meta es poder representar a México en el siguiente Clásico Mundial. Para mí sería un gusto y un placer representar a la bandera”.

Randy Arozarena

Tampa Bay tiene ahora una oportunidad de oro para ganar su primera Serie Mundial. Tiene un equipo balanceado pero con ventaja en el pitcheo. Arozarena es parte de ese equipo pequeño que buscará hacerse grande y ser por primera vez campeón.

Acerca del autor

Miguel Ángel Valladares

Soy periodista egresado de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto, Venezuela en 2007. Fui fundador y coordinador de deportes del Diario La Prensa de Lara por ocho años. Me apasiona el deporte. Cubrí eventos internacionales como la Copa América 2007 y 2011. Me gusta contar historias.

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