fbpx
Columnistas

Diez horas de espera para intentar definir la palabra paciencia

Diez horas de espera en el aeropuerto de Maiquetía, a menos de dos días de disputar un partido importante, tocó desarrollar la paciencia.
Ricardo Andreutti / @Caracas_FC

Comienzo a escribir este artículo después del inconfundible sonido metálico del cinturón de seguridad del avión: “clack”. Tan propio y particular, como el de los carritos de helados Tío Rico o la flauta del amolador que pasa frente a tu casa por la calle seguido del grito “el aaaaamolador”. 

Mientras el reloj marca la décima hora de espera en el aeropuerto de Maiquetía, teniendo el avión frente a nuestras narices durante todo ese tiempo, finalmente estamos dispuestos para el despegue.

La azafata comienza el tradicional ritual de bienvenida por el altavoz del avión, ese infaltable mantra que comienza con un: “Señores pasajeros sean bienvenidos a su vuelo…bla bla bla bla”. Un mantra que suele diluirse en oraciones con palabras poco coherentes y mal estructuradas. Ese palabrerío con el que todos en algún momento echamos broma, pero que inexplicablemente asumimos que entendemos. Es como si para estudiar la carrera de azafata exista la condición de recitar el mantra de inicio del vuelo como si de un Padre Nuestro se tratara; simepre con la misma tonalidad de voz y el mismo tiempo de ejecución. Ni un metrónomo sería capaz de llevar un compás tan idéntico.

Se supone que este es un artículo de descarga, para drenar tanta inoperancia e involución. Pero, le agradezco a mi inteligencia emocional que haya tomado las riendas de mi teclado, para comenzar con sentido del humor y continuar mi reclamo a todo y a nada a la vez, con la mayor diplomacia posible.

Primer acto: intento 1 de definición de paciencia

Varias personas resultan positivas después de una dudosa prueba de PCR. No hay que ser experto en medicina para tener cierto grado de elocuencia para entender que estas pruebas necesitan una manipulación un tanto más delicado; que el folclórico acto de evitar que se chorree la salsa de ajo por tu antebrazo mientras te comes tu empanada de cazón, con la preocupación de que no se te caiga la malta que tienes en la otra mano. Existen falsos positivos y este en particular. 


También te puede interesar:


Una prueba que se realizó un compañero en un lugar mucho mas serio que los que ofrece nuestro sistema de salud público, de hecho, cualquier lugar fuera de ese sistema ya es considerado mucho mas serio, arrojó resultado negativo. No hay que ser un erudito en la materia para entender que muy probablemente los otros integrantes (jugadores, auxiliares y cuerpo técnico), también estén negativos. Pero ya es muy tarde, el tiempo del permiso para tener el visto bueno para disputar el partido expiró; porque las instituciones privadas no tienen la potestad de avalar legalmente los resultados de las pruebas que realizan. Golpe bajo de la ineficacia del sistema sanitario que debió ofrecernos lo mejor de su servicio, se supone que debería jugar en favor de nuestro equipo.

Segundo acto: intento 2 de definición de paciencia

Ya han pasado diez horas de espera en el aeropuerto. Estamos a dos días de uno de los partidos más importantes del año, ante un rival de mucha jerarquía, en un torneo internacional que exige tu mejor versión en cada momento.

Ir a Brasil a disputar un partido no se toma con la ligereza. El desinterés, el ventajismo y la mediocridad con la que las autoridades y los oportunistas de este país se toman su trabajo; son diez horas esperando un permiso de salida que estos terceros sabían que no teníamos y que no les importaba tanto como sus migajas.

Pregunto desde la ignorancia: ¿es necesario esperar hasta altas horas de la noche para recibir un permiso por parte del gobierno local en la era del mayor avance de las telecomunicaciones? Prefiero quedar como ignorante antes que asumir con filtro de maldad, aunque, en definitiva, existe bastante sarcasmo en mi pregunta. No me haré el santurrón.

Tercer acto: no intentaré encontrar la definición de paciencia

Quiero que quede claro, que en las entrelíneas de este artículo se note mi admiración por los futbolistas y los entrenadores que tienen que salir a la cancha y quedar expuestos, independientemente del resultado, de sus aciertos y errores. Estas admiradas personas conocedoras de que este tipo de circunstancias no genera ningún tipo de condescendencia ante la dinámica general de la opinión pública. No es una queja, todo lo contrario, me llena de mucho orgullo formar parte de esa rama de este negocio. Aquí quedamos expuestos y asumimos las consecuencias de nuestros actos y de nuestra realidad. Sin escondernos detrás de una pantalla, un teclado o peor aún: del poder y la billetera.

Este artículo se hará público el mismo día en el que esté disputando el partido —los miércoles son mis días de publicación—; unos pensarán que es una apuesta segura: si se gana, la dura travesía endulzará aún mas el logro de la victoria; si se pierde, ya tengo abierto el paragua para tener una excusa ante un resultado adverso. Pero como lo he dicho antes, incluso en estas aguas de la escritura en los que me gusta nadar, como futbolista siempre quedaré expuesto.

Sobran los comentarios en las redes en los que, con un tono bastante degollante, recriminan cualquier aventura o emprendimiento fuera del contexto futbolístico por parte del futbolista. Pero seguiré defendiendo mi postura de que somos algo más que unos simples robots que patean un balón. El sentir esa vulnerabilidad me regala un ápice de evolución y de crecimiento personal.

Bienvenido el leitmotiv, benefactor de mi entorno. Y sí, suelo ser una persona tibia en mis comentarios públicos, que se aleja de cualquier reacción belicosa. Sin remordimiento me permito esconderme cobardemente detrás de un teclado para reclamarle al estatus quo sobre esta realidad. Realidad que no pretendo cambiar, simplemente dejarla en claro. Realidad a la que le encontré una profunda sensación de agradecimiento y placer, de una manera muy extraña y difícil de explicar.

Finalizo este tercer acto con lo que realmente me preocupa, este “Big bang” involutivo, destructivo e inoperante en el que también de alguna forma todos somos cómplices. Que crece como el cosmos, expandiéndose. Atropellando, sin dar espacio para estrellas fugaces o galaxias nacientes con nuevas formas de vida.

Acto final: la definición que más me gusta de paciencia

Como fiel creyente de las sincronías que ofrece el universo, casualmente la mañana previa al viaje a Brasil, y desconociendo la trama de este trajín; hice un post en instagram de una imagen de un proverbio chino que reza: “La paciencia es un árbol de ramas amargas, pero con frutos dulces”, palabras más, palabras menos.

No hubiese apostado que era un presagio nacido de la galería de imágenes de mí teléfono; de esas capturas de pantalla que hago para luego compartir en mis redes, tuviera la definición perfecta de paciencia. Pero es una muestra de ese balance superior al que debemos intentar codificar para darle cierta coherencia a nuestros actos humanos.

Acerca del autor

Ricardo Andreutti

Del Andreutti al Ricky, como Benjamin Button. Supongo que soy futbolista, pero mi mayor suposición es que puedo escribir. Caraqueño que vive en el sueño que diseñó de niño. Agradecido, bibliófilo, emprendedor, yogui, servicial y movido por la inspiración. El universo me regaló conectar con Triángulo Deportivo, donde nos co-creamos y robamos métricas para regalar vivencias, así como Robin Hood. Prometo dar lo mejor, como cuando afronto mis partidos, no obsesionado por el resultado sino por el disfrute.

1 Comentario

Click aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • Lamento tantas trabas Ricardo! espero que les termine de ir bien en el viaje de retorno y la mejor de las suertes para el juego de hoy. Lo importante es que uds han hecho todo lo que está a su alcance, lástima que las autoridades del país no ayudan en lo absoluto. Saludos