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Blake Snell existió en la LVBP antes que en Grandes Ligas

Blake Snell tiene un ancestro venezolano. Es una réplica, a escala, del zurdo venezolano Horacio Estrada, en sus tiempos mozos en la LVBP.
Snell es una réplica de Estrada.

Blake Snell tiene un ancestro venezolano.

Era pitcher, como él. Zurdo, como él. Premiado, como él. Y, como a él, para su profundo disgusto, lo mandaban a orillarse cuando iba a 120 kilómetros por hora con gasolina de sobra.

Snell es una réplica, a escala, de Horacio Estrada.

Fue un deja vu ver los gestos de contrariedad de Snell cada vez que el mánager de los Rays de Tampa, Kevin Cash, lo desalojó del montículo en el quinto o sexto inning durante la recién finalizada postemporada de Grandes Ligas, a pesar de exhibir pleno dominio de la situación. De inmediato, al menos en Venezuela, desempolvamos el expediente Estrada, quien fue Blake Snell en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional hace década y media.

¿Si lo recuerdan, verdad? Estrada, ganador del Pitcher del Año y uno de los mejores serpentineros de su tiempo en el circuito local, burlaba los bates enemigos sin transpirar y en la quinta entrada, indefectiblemente, salía Buddy Bailey como impulsado por un resorte a removerlo del morrito sin nada que negociar. Estrada caminaba hacia las duchas en medio de accesos de cólera. Las victorias, que valían bastante en aquella época, se volvieron para él la olla de oro al final del arcoíris.

Pero así ganaban los Tigres de Aragua. Así construyeron un régimen dinástico que acaparó cinco campeonatos en siete finales mientras Bailey estuvo al mando.

Este reportero nunca olvidará lo que pasó en una de esas refriegas por la corona. Estrada laboraba sin mayores tropiezos y en el quinto asalto saltó Bailey de la cueva para reemplazarlo. El zurdo carabobeño hizo unos malabares con la bola antes de dársela a su timonel y se marchó iracundo. La rabia le duró hasta el día siguiente.


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Convocó a los medios a una conversación informal para expresar su malestar con el mánager que, a su modo de ver, le faltaba el respeto. Todavía resoplaba de enojo. Aseguró contar con la solidaridad del resto de los peloteros de los Tigres. Se rebeló contra su jefe a voz en cuello y en plena final. Solo que Bailey disponía de un escudo impenetrable: el éxito. Su estrategia funcionaba.

Durante las ocho temporadas en las que Bailey lo dirigió, Horacio Estrada cubrió 366 tramos y dos tercios en 80 aperturas, para promedio de 4.5 innings por cada comienzo, según cifras suministradas por Quality Sports. Y no era porque le faltara aguante, pues mientras trabajó con Pastora de Los Llanos recorrió 5,7 actos por cada inicio, si nos atenemos a las cifras del portal Pelotabinaria.com.ve. Sus remociones prematuras tampoco ocurrían porque lo expulsaran de la loma a palo limpio, pues con Aragua puso efectividad de 3.36. Era Snell antes de Snell.

Tal vez la diferencia pudiéramos hallarla en el origen del lineamiento. En los Rays de Tampa, esto de sacar temprano al abridor, así lance a la perfección, obedece a una política organizacional en la que Cash es una pieza más del engranaje. “La oficina le sugiere al mánager y luego este puede seguir o no ese patrón”, explicó a Triángulo Deportivo un coach de Grandes Ligas. “Pero al día siguiente va a tener a la gerencia preguntándole por qué hizo lo que hizo. Y el mánager tendrá que dar una razón que no sea: ‘lo hice porque yo sé más que tú’”.

Hasta donde tengo entendido, el plan de Bailey de usar temprano al bullpen, sin importar cómo estuviera rindiendo el abridor, obedecía a su propia experiencia en las menores, no de los cálculos matemáticos que le mostraba la gerencia ¿Cuál fue el tino de los altos ejecutivos de los Tigres? Brindarle respaldo irrestricto a su idea, sin importar cuán impopular fuera en el clubhouse. Y no todas las gerencias en la LVBP estaban dispuestas a optar por el mánager en un conflicto con los jugadores. A Aragua le sirvió seguir ese guion, como a los Rays ahora, así hayan perdido la Serie Mundial contra un equipo como los Dodgers de los Ángeles que cuadriplicaba su presupuesto.

Al final, Estrada y Bailey demostraron que no eran personas rencorosas. Bailey, pese a los señalamientos públicos de Estrada contra él, lo llamó a formar parte de su gabinete con los Tiburones de La Guaira. Y Estrada no tuvo problemas en acompañar a un hombre que, en su opinión, lo había irrespetado como profesional. Tal vez cayó en cuenta de que, posiblemente, esa efectividad de 3.36 que tuvo a su paso por los Tigres pudo sostenerse gracias a que Bailey lo libró de batazos por venir ¿Cómo terminará la relación entre Kevin Cash y Blake Snell, el Horacio Estrada del siglo XXI?  

Acerca del autor

Carlos Valmore Rodríguez

Periodista deportivo, especializado en la fuente de beisbol. Graduado en la UCAB en 1999. He trabajado en El Nacional, Líder, Meridiano, Unión Radio, IVC, Beisbolplay.

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