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Beisbol

La paciencia le dio frutos a Dave Roberts

Dave Roberts sirvió durante 9 temporadas como jugador en Grandes Ligas antes de retirarse para comenzar, aún joven, su carrera como coach.
Dave Roberts / Rob Carr/GettyImages/AFP

Un joven Daniel Laruso se acercaba al precipicio; con el mar azul golpeando con fuerza sobre las rocas de un acantilado en la isla de Okinawa, en Japón, para, con mucha paciencia, podar un árbol de Bonsai cómo le había enseñado su maestro, el Señor Miyagi. Su rostro estaba sudoroso, sus manos, temblorosas, pero, con estoicismo, cortaba cada pequeña hoja hasta lograr la forma perfecta.

La cara de Dave Roberts en su presentación con los Dodgers de Los Ángeles en 2015, era la misma del Karate Kid Laruso en la isla japonesa, donde, casualmente, nació el manager campeón de la Serie Mundial.

“Esta es una oportunidad que aparece una vez en la vida y no la puedes desaprovechar. Solo espero estar a la altura”, dijo en aquel momento Roberts, que sirvió durante nueve temporadas como jugador en Grandes Ligas antes de retirarse para comenzar, joven aún, su carrera como coach.

De su madre, Eiko, Dave Roberts seguramente habrá aprendido el valor de la paciencia. Ella tuvo que aguantar viajes y distancias largas, alejarse de su Okinawa natal, por amor. “Estar como manager de los Dodgers es el trabajo de mis sueños”, aseguró aquel día, mientras la progenitora lo miraba con orgullo. 

En las fotos de aquel día, publicadas en el trabajo del periodista Rafu Shimpo, de Los Ángeles Daily Japanese News; se desbordaba la alegría de ambos en los rostros. Se estaba cumpliendo lo que Dave siempre deseó, desde aquel 31 de mayo cuando nació en Naha, capital del archipiélago menor de Japón, fruto de la relación amorosa que entabló Eiko con Waymon Roberts, un oficial de la armada estadounidense, destacado en la base aérea de Futenma, al que conoció en su estancia en la isla a mediados de los 60.

Waymon, fallecido en 2017, recordó en algún trabajo publicado en la revista Sports Illustrated sobre su hijo, que desde que se mudaron de Japón a suelo estadounidense, estableciéndose en San Diego, su pasión era la pelota. “Desde pequeño en la base militar, sólo quería jugar. Creo que siempre tuvo esto con él. Le costaba esperar, impaciente. Pero mira, llegó su oportunidad”, dijo.

Roberts: del diamante al banquillo

La verdad es que la carrera de Dave Roberts como pelotero no fue memorable. Dejó guarismos poco célebres, con .263 de promedio vitalicio, con apenas 23 jonrones y poco más de 250 carreras remolcadas en nueve años de carrera. Solo las 253 bases robadas lo acercaban a tener una cualidad resaltante, aunque tampoco brillante.

Era un jardinero rápido, cómo bien describen sus numeritos, pero con poca capacidad para batear, pero un enorme conocimiento de la zona de strike. Recibía muchos boletos. La paciencia de un karateka haciendo katá. La de Daniel Laruso podando el Bonsai.


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Habiendo hecho toda su vida universitaria y académica en la costa oeste, el pelotero nunca se mudó lejos de esa zona, excepto en 2004, cuando fue a parar en un cambio a los Medias Rojas de Boston que ganaron la Serie Mundial, y rompieron la maldición del Bambino. Su chispa en las almohadillas encendió la histórica remontada del 3-0 de los patirojos ante los Yankees, al robarse la segunda base en aquel 9no inning del juego 4 de la Serie de Campeonato de la Liga Americana, a punto de ser eliminados. También jugó con los Gigantes de San Francisco, Padres de San Diego, y cómo no, con los Dodgers de Los Ángeles.

Se retiró joven, en 2009, después de apenas nueve temporadas como pelotero activo. Luego, tras dos años como comentarista de los Red Sox para la TV de Boston, tomó un puesto en la gerencia de los Padres de San Diego. Allí estaba cómodo con su esposa, Tricia, con la que se había casado en 1997, justo después de firmar como pelotero. 

Aprendizaje

Mientras era comentarista, Roberts tuvo que lidiar con un linfoma Non Hodgkin durante el 2010, otra lección de paciencia, que lo hizo replantearse el rumbo a seguir. En San Diego volvió a acercarse al terreno, a donde siempre quiso estar, y la gran oportunidad llegó seis años después. 

A los Dodgers llegó en diciembre de 2015, a una franquicia que había encontrado el éxito en temporada regular con Don Mattingly en el banco, pero sin la pericia para dar el golpe en postemporada. Siempre faltaba algo.

“Confiamos en David porque es un manager joven, que gusta de utilizar los nuevos recursos. Creemos que su dinamismo y su entendimiento del juego nos puede dar la posibilidad de alcanzar otras cosas en la temporada”, dijo el gerente general del equipo azul real, Farhan Zaidi.

Muchas veces perdieron la cabeza con sus lecturas del juego. Llegó siempre primero de la División Oeste de la Liga Nacional desde que asumió el puesto; pero en el momento clave en la postemporada, o hasta en la Serie Mundial, a la que llegaron para perder con Houston y Boston, alguna decisión clave le afectaba.

Pero su paciencia estaba por dar frutos. “Este es nuestro año”, gritó Roberts eufórico antes de comenzar la Serie Mundial del 2020. Y mostró la misma efusividad, cuando sobre la tarima, parado al lado del anhelado trofeo del Comisionado del Béisbol, repitió la frase. “¡Les dije que este era nuestro año!”, dijo entre risas.

“Dave siempre demostró cualidades de liderazgo”, dijo su mamá, Eiko, en el día de su designación como manager de los Dodgers. Su hijo, cómo Daniel Laruso en el acantilado de su Okinawa natal, fue paciente y metódico. Ganar la Serie Mundial fue un premio a su paciencia. 

Acerca del autor

Pablo García Escorihuela

Periodista deportivo venezolano (UCV) con 15 años de experiencia cubriendo distintas disciplinas deportivas para medios escritos (impresos y web) y radio (comentarista). Soy especialista en fútbol, con gusto por el béisbol, el baloncesto y el fútbol americano; trabajé en Líder, Meridiano, El Nacional, AM y FM Center; vivo desde hace tres años y medio en Estados Unidos, desde donde aporto mi visión del deporte.

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