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Columnistas

Dos vidas y un sueño: el fútbol va más allá

Desde que comenzó este Torneo llamado “Normalización” —entre comillas porque de normalización solo tiene el hecho de ponerse al día con el calendario fiscal, pero es un tema del que pretendo hablar mas adelante, en otro artículo—; en fin, han pasado un montón de cosas más importantes que el simple hecho de jugar fútbol.

Estas últimas publicaciones se han convertido en un espacio de catarsis. Una especie de diario de adolescente donde voy a apaciguar todas mis quejas o a encontrar todos los porqués de la vida mundana en la particularidad de esta burbuja. Esa que explotó hace rato sin siquiera haber comenzado.

Está sobre entendido de que puertas hacia afuera, solo se pretende y se exigen buenos resultados, logros, goles y títulos ganados. Como si fuera una línea de producción donde solo se necesita la materia prima, mano de obra y la maquinaria para tener un producto inerte y simple, así de fácil. Pero no, no funciona así, el fútbol no es una ciencia cierta, es la dinámica de lo impensado. Algo mucho mas complejo y donde el resultado es caprichoso y tiene vida propia. Es algo que puertas adentro entendemos y aceptamos, a tal punto que nos genera una pasión inexplicable.

Para seguir puertas adentro, entiendan que hay cosas más lindas que se viven en el fútbol, que es netamente de convivencia humana, de relaciones auténticas y significativas. Por ejemplo, el nacimiento de un hijo o el sueño cumplido de un compañero. Para mí esto tiene mayor significado que cualquier otra cosa. El poder formar parte de estas experiencias desde cerca, el observar esas emociones y esos sentimientos auténticos en personas que se han convertido tan cercanas a uno. A tal punto que te involucras íntimamente con esas experiencias, en la que no eres el protagonista, pero que les sonríes y valoras profundamente.


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Esta “A-normalización” nos ha permitido experimentar esas vivencias que son difíciles de explicar. Confiar en ellas nace del hecho de que no podemos explicarlas, solo vivirlas y disfrutarlas. De hecho, una de mis más fuertes afirmaciones en estos días ha sido esta: confiar en eso que no puedo explicar. La luna de este encierro me lo ha permitido identificar. 

El milagro de la vida

Que dos compañeros del fútbol se hayan convertido en padres es una de las cosas que le dan mayor relevancia a esta experiencia de convivencia. Contar los días y calcular las fechas del parto, planificar el evento entre todos ha logrado integrarnos aún más. Uno de ellos no pudo estar presente en el nacimiento de su hijo, el pequeño Jorge Alessandro. ¿Alguien que no haya pasado por eso podría entender lo que se siente? No lo creo. Afortunadamente, pudo conocerlo unos días después. Hoy su cara es otra, el eco de su sonrisa perdura mucho más en el tiempo. ¿Podría haber un logro deportivo mayor que esta experiencia? Definitivamente no.

Otro de mis compañeros corrió con mejor suerte, pudo presenciar el nacimiento de su princesa Liah. Pero los sacrificios y el esfuerzo para lograr llegar fueron sobre humanos, para disfrutar de lo que él mismo llama: el mejor día de su vida. Es un precio que cualquier padre por su nuevo amor haría. No conozco ese precio, porque no he tenido esa dicha, pero lo que les agradezco a ellos es poder mostrármelo desde tan cerca. Viajar tantas horas por carreteras después de un partido, cumplir con el protocolo sanitario y con las pruebas PCR, ver a su hija por unas horas, para luego volver en carretera, llegar al entrenamiento, estar listo para el partido y de paso marcar uno de los goles de la victoria. ¿Existe algo más admirable que eso?

Un sueño colectivo

Algo que le agradezco a mi universidad de la vida, el fútbol, es poder tomar todas esas alegrías de las personas con las que me he involucrado auténticamente y sentirlas como propias.

Ver que un compañero cumple su sueño, que tenga la posibilidad de vivir eso que todo profeional del fútbol quiere siendo tan joven. Poder representar a tu país y vestir los colores de tu selección. Conocer de primera mano su proceso, su evolución, su madurez y su dedicación, para lograr eso que él siempre anheló, es una experiencia que me llena de muchísimo orgullo.

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Anderson Contreras recibió su primer llamado a la Vinotindo / @SeleVinotinto

Ese es un logro personal diría la mayoría. Por una parte, tienen razón. Pero, por otra parte, y la que no se puede explicar, y en la que confío, no. Esa parte es el lugar y el contexto en donde se gesta ese logro; no es más que en la dinámica grupal y en el empoderamiento profesional propio a partir de la retroalimentación que tiene un colectivo con un objetivo compartido. En este logro desaparece el ego, abriendo paso al reconocimiento y al agradecimiento.

Me agradezco confiar desde un principio en este proceso que se me antojaba desagradable, pero que me ha demostrado que hay cosas mas importantes que se esconden en cada rincón y que suelen ser bastante accesibles. Para mí, la clave ha sido la actitud y la apertura con la que estoy dispuesto a formar parte en este sistema abierto y complejo llamado equipo, en una actividad apasionantemente y compleja llamada fútbol.

Acerca del autor

Ricardo Andreutti

Del Andreutti al Ricky, como Benjamin Button. Supongo que soy futbolista, pero mi mayor suposición es que puedo escribir. Caraqueño que vive en el sueño que diseñó de niño. Agradecido, bibliófilo, emprendedor, yogui, servicial y movido por la inspiración. El universo me regaló conectar con Triángulo Deportivo, donde nos co-creamos y robamos métricas para regalar vivencias, así como Robin Hood. Prometo dar lo mejor, como cuando afronto mis partidos, no obsesionado por el resultado sino por el disfrute.

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