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Fútbol

La película repetida de la Vinotinto

Película vinotinto
/ AFP

Todos saben que en la película Arma Mortal hay una enorme explosión de un edificio en la noche de Navidad, y que Bruce Willis, después de haber acabado violentamente con todos los terroristas, saldrá victorioso. 

Todos saben que cuando El Grinch se ríe maliciosamente, está a punto de robarse los regalos de toda la Villa, y que eventualmente, se volverá bueno y cambiará. Son películas que se repiten tanto, que quien las mira, hasta puede recitar sus diálogos de memoria. Una historia conocida.

Todos saben que cuando Venezuela juega a defenderse, debe hacer un partido perfecto. Si se equivoca, en el más mínimo detalle, su rival no lo va a perdonar. Y menos si es Brasil. La historia es cíclica, y se repite. 


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La Vinotinto caminó toda la noche al borde del precipicio, con un autobús que no iba a toda velocidad, cómo el que manejaban Sandra Bullock y Keanu Reaves; y que más bien, estaba estacionado cómodamente en el arco del estadio Morumbi de São Paulo. Pero un típico detalle de concentración, espichó las ruedas y la canarinha, con más dificultades de las pensadas, sacó el 1-0 final.

Cambio de actitud

Venezuela mostró una cara diferente a la de la primera fecha. Fue mucho más competitiva. Pudo apretar y anular a la mejor selección de Suramérica, sin demasiados sobresaltos, en un primer tiempo de notables rendimientos. Sobre todo de sus mediocampistas. 

El trío conformado por Tomás Rincón, Junior Moreno y Cristian Casseres Jr., era una réplica de los 300 espartanos de la película de Frank Miller, convirtiendo la mitad de la cancha de Morumbí en un paso de Las Termópilas, sosteniendo las hordas de predecibles ataques brasileños, carentes de creatividad, con la constante invasión de la banda izquierda por parte de Renan Lodi, que anticiparon cada acción de pase de Douglas Luiz, y que terminaron maniatando a los dirigidos por Tite, a sucumbir en un bloque corto, de líneas muy juntas.

También es digna de alabanzas la mejoría de Wilker Ángel, mucho más seguro junto a Yordan Osorio, y el sacrificio del trío de arriba, Salomón Rondón, Darwin Machís y Jefferson Soteldo; los dos últimos ayudando a tapar las bandas y a hacer relevos.

Un equipo competitivo, hecho para el sacrifico y el empate. Pero ese guión es tan predecible como la historia de valentía de los 300 acribillados espartanos. Y su final, no es precisamente feliz.

Sin respuesta

El problema del guión propuesto por José Peseiro, es que si bien funciona para competir y jugar bien a romper al rival y a estorbarlo, debe tener una ejecución impecable. Y contar también con algo de suerte.

Las lesiones de Rolf Feltscher y Roberto Rosales se convirtieron en el iceberg que golpeó al Titanic Vinotinto. Le abrieron un boquete a la propuesta defensiva, y el barco comenzó a hacer aguas, sobre todo por el flanco que cubría Luis Mago en la banda izquierda.

Además, Tite recurrió a la entrada en el segundo tiempo de Lucas Paquetá, quien fungió de Ironman ante la ausencia de sus Avengers, Neymar y Coutinho. Fue el 10 del PSG el que metió un rayo fulminante sobre la izquierda venezolana, donde la marca estaba perdida, dejando que Danilo lanzara con comodidad un centro, que tras un rebote en el área, Hulk Firmino convirtió en gol. La única desatención defensiva, abrió el hueco en el barco.

La Vinotinto achicó sus líneas, fue más competitiva, pero merodeó demasiados minutos su zona, sin irse lejos del área propia a buscar, cómo Forrest Gump lejos de casa, algo en la casa del rival. No fue suficiente.

Venezuela solo tocó la puerta del rival dos veces. Con Soteldo, Machis y Rondón más ocupados de defender, no había Fredy Krüger, o Jason en Viernes 13, o Chucky que asustaran a nadie. Y como en cualquier película mala de miedo, no asustaron a Brasil. Una historia repetida. Demasiadas veces.

La meta ahora es que Rondón, Soteldo y Machís influyan más en el ataque. El tiempo sigue corriendo para Peseiro. El nivel competitivo está ahí, ahora solo falta llevarlo a la etapa en la que se le hace daño al rival; para ver si esta película repetida tantas veces, tiene un final menos predecible.

Acerca del autor

Pablo García Escorihuela

Periodista deportivo venezolano (UCV) con 15 años de experiencia cubriendo distintas disciplinas deportivas para medios escritos (impresos y web) y radio (comentarista). Soy especialista en fútbol, con gusto por el béisbol, el baloncesto y el fútbol americano; trabajé en Líder, Meridiano, El Nacional, AM y FM Center; vivo desde hace tres años y medio en Estados Unidos, desde donde aporto mi visión del deporte.

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