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Mi antipático mundo ante la crítica

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La Vinotinto ha sido víctima de duras críticas / Miguel Pizarro/AFP

El tema del que quiero hablar hoy, aparte de tender a ser extenso, conflictivo y abstracto; tiene una carga filosófica muy profunda, de la cual no siento la capacidad de sostener una postura con bases coherentes y sabias. Sin embargo, decidí ser valiente. Hoy voy a hablar sobre la crítica.

Sin duda, la crítica es un tema con el que convivo y que forma parte de mi vida. Es algo de lo que había escrito en anteriores publicaciones, pero que tengo la certeza de que hoy lo vivo y lo asumo de una manera muy diferente. Aprovecho este artículo para hacer un acto introspectivo. Para identificar cómo ha cambiado el mundo a partir de mi mirada.

Este artículo nace de las últimas fechas de las Eliminatorias Suramericanas para el Mundial de Qatar 2022. De todos los resultados y funcionamientos colectivos de los diferentes equipos que optan por los cupos clasificatorios al Mundial, especialmente Venezuela. Estoy in situ porque soy doliente, soy mas permeable a esa dinámica antipática y desagradable. Porque puedo ver de primera mano cómo la crítica toma vida a costa del trabajo de un grupo de persona que lo que menos ha tenido ha sido tiempo para trabajar.

Dejemos de lado las circunstancias y el contexto en donde orbita nuestro futbol venezolano; que de por sí, institucionalmente está muy lejos de contar con las condiciones ideales tanto en estructura como en tiempo para competir con los demás países del continente, que sí han sabido hacer mejor las cosas. Desde mi seguridad, que está lejos de la arrogancia, sé que puedo tener una radiografía bastante precisa de la realidad interna de mi fútbol; ya que he orbitado en él los últimos 15 años. Me he involucrado en cuerpo y alma, y a medida que pasan los días, sigo adentrándome cada día más.

Con todo esto, no puedo entender cómo se puede emitir juicios con pocos fundamentos futbolísticos y estructurales sobre el trabajo de un entrenador que ha tenido tan pocos días en su cargo; con las condiciones más adversas en un país que no le facilita su gestión y, de paso, disputando el torneo más difícil del planeta. No, no es el Mundial de fútbol en sí, todos los cracks del fútbol suramericano coinciden que las Eliminatorias en nuestro continente son más difíciles que el Mundial mismo.

La crítica según los filósofos

Para Foucault, la crítica “es instrumento, medio de un porvenir o de una verdad que ella misma no sabrá y no será. Es una mirada sobre un dominio que se quiere fiscalizar y cuya ley no es capaz de establecer”. 

Sé que parece una postura antipática la mía, pero sinceramente cada día me afecta menos. Existe una diferencia notable entre un comentario y una crítica. Ambos nacen de la naturaleza interna del mundo de quién lo emite. Un comentario puede ser un juicio sano de la percepción del emisor, según los criterios que ha formado a través de un pensamiento crítico desarrollado a lo largo de su vida; pero queda en eso, en un juicio que permanece con cierta apertura, sin ser tajante o cortante. Que le da espacio a la evolución y es compasivo con el tiempo.


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Sin emabargo, la crítica nace de esos mismos procesos internos, que esta vez suelen ser tajantes, territoriales y azotadores. Es un deseo reprimido de superioridad para, como dice Foucault, fiscalizar una verdad que no se puede establecer. Una postura que nace de la egolatría de aceptación social, a causa de, quizás, la falta de aceptación propia o de la necesidad de auto realización que se le hace esquiva al emisor.

Raymond Williams se preocupó por el hecho de que la crítica se había reducido excesivamente a la noción de “descubrir errores”. De esta manera, propuso la búsqueda de un vocabulario para los tipos de respuestas que tenemos, “que no asuman el hábito del juicio”. Lo que reclamaba era un tipo de respuesta más específica y, si se puede decir, algo más justa, que se acerque a la realidad. A lo mejor esa respuesta sirve de barrera protectora para quien emite el “juicio” para que no se ahogue en océanos que no quiera navegar. 

Cómo asumía la crítica y ahora cómo convivo con ella

Reconozco que cuando era más joven, este tipo de críticas, que cada día son más fáciles de consumir ya que tenemos cada vez mayor cantidad de canales de comunicación para recibir ese bombardeo; generaban cierto malestar en mí. Sentía una sensación desagradable, como si se revolviera mi estómago por una indigestión fastidiosa. Aunque, en cierta forma, no alteraba mi estado de bienestar.

Hoy en día, con cierta madurez en mi andar, utilizo la crítica como instrumento de contemplación para tratar de acercarme a una verdad general a la que no podré llegar, pero que me ayudará a encontrar mi propia verdad. Empoderó mi vida el hecho de comenzar a ver al crítico con una mirada compasiva, entendí que esa persona no habla de mí, sino de ella misma, en cada palabra, en la entonación emocional de su intencionalidad. Dejó de importarme la opinión de los demás una vez que me acepté tal y como soy.

El mundo es lo que es, no lo que quisiéramos que sea. El mundo es cada una de las miradas de las millones de personas que habitan en él. Me niego rotundamente a creer que lo común de esas miradas sea lo que determine lo correcto de una situación. Es la multiplicidad de pensamiento la que habita en el todo y en la verdad suprema, mas no es la v erdad misma. Lo que me hace desconfiar en la comunión de la crítica es en esa noción que menciona Raymond Williams de “descubrir errores”, como si el crítico está esperando el error para oxigenar su vida. Como si la desgracia ajena alimentara su psique para poner a trabajar su mente. Sigue mi mirada compasiva presente, cuando identifico una colectividad reactiva ante una situación externa. En vez de una colectividad proactiva de evolución interna.

Volvamos al fútbol

Después de unos párrafos filosóficos intensos —jaja— vuelvo al fútbol tratando de mantener la misma mirada compasiva. Me dirán tibio, pero cuando juega mi selección trato de suprimir cualquier ápice de opinión, a medida que pasan los días dejo de opinar sobre el trabajo de colegas o entrenadores, porque primero reconozco mis limitaciones y luego observo a mi entorno desde el prisma del reconocimiento y la admiración.

Cada uno de ellos tuvo que hacer algo destacable para estar en la situación en la que está y en la que muchos críticos quisieran estar. No por esto elimino mi pensamiento crítico, todo lo contrario. Esto me permite suprimir cualquier condicionante emocional para formularme a mí mismo una postura ante determinada situación, jugada, jugador o partido de manera más racional y coherente. 

Finalmente, reformulando mi postura ante la crítica, mi reto es dejar permear a esa parte de la popularidad del fútbol; que por lo que observo la percibo muy lejos del núcleo de la actividad misma, cada vez mas lejos de hecho. Pero estaría muy errado de mi parte descartarla, ya que forma parte de la universalidad de este hermoso deporte. Y, me guste o no, es una de las mejores herramientas para darle mayor eco a la onda expansiva que alcanza a cada vez a más y más personas.

Acerca del autor

Ricardo Andreutti

Del Andreutti al Ricky, como Benjamin Button. Supongo que soy futbolista, pero mi mayor suposición es que puedo escribir. Caraqueño que vive en el sueño que diseñó de niño. Agradecido, bibliófilo, emprendedor, yogui, servicial y movido por la inspiración. El universo me regaló conectar con Triángulo Deportivo, donde nos co-creamos y robamos métricas para regalar vivencias, así como Robin Hood. Prometo dar lo mejor, como cuando afronto mis partidos, no obsesionado por el resultado sino por el disfrute.

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