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Fútbol

Rebelión Vinotinto al ritmo de la salsa

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La Vinotinto consiguió sus primeros puntos en Caracas / Miguel Gutierrez/POOL/AFP

En Caracas se baila salsa. El ritmo del timbal, la bulla del trombón, la explosión de las congas y la cadencia melosa del bajo, todo resuena desde Petare hasta Catia. La capital de Venezuela el martes por la tarde, se movió al son que le tocó su selección.

La Vinotinto tuvo, como en aquella canción de Joe Arroyo sobre los esclavos, su “Rebelión”. No le había ganado a Chile jamás como local por eliminatorias. Alguien diría que la racha venía “de los años 1600…”, cómo para decir que era de tiempos inmemorables. Pero, era el momento de sacudirse. Ante la historia, y sus circunstancias actuales. 

Sin puntos en tres fechas, con José Peseiro discutido por algunos sectores, y con la certeza que su rival austral tenía cómo dejar malogrado el incipiente camino a Qatar 2022. “Entre la espada y la pared me encuentro”, diría Nino Cegarra. Y ante la obligación, el estratega portugués y su grupo, respondieron.

Decisiones

Después de la derrota contra Brasil, las sensaciones que dejó Venezuela fueron diferentes. Anímicamente hablando había otro lenguaje. Pareciera que dentro del plantel, en São Paulo se consiguió hacer click con Peseiro. No con su idea, o la que pregonó antes de comenzar a trabajar, pero sí con su discurso. Esto llenó de confianza al grupo. “Pa bravo yo”, como dijo en su salsa Maelo Rivera. Se lo creyeron. Pueden competir. 

Con un bloque corto, la Vinotinto asumió otros riesgos contra Chile. Abrir más los costados, atacar el espacio de los laterales. Presionar más arriba a su rival. Soltar a Yangel Herrera. Sobre el guaireño, hay un capítulo aparte de toda la historia. 

“Me liberé” pudo haber cantado y le acomodaba perfecto. Con espacio para defender y atacar, se enzarzó en un duelo con Arturo Vidal, al que terminó ganándole la partida. “Yo no soy tan niño, tengo alma de hombre”, diría, parafraseando a Jerry Rivera. Partido consagratorio.

Yangel Herrera en batalla con Arturo Vidal / AFP

Es cierto, Herrera descuidó la marca en el gol del astro chileno, pero después, lo hizo correr por todo el Estadio Olímpico, le aguantó patadas, le hizo algún túnel y fue influyente en el juego ofensivo. Su constante presencia ayudó a crearle espacios a Darwin Machís y a Jefferson Savarino. Y de paso, de su cabeza se desprendió (en una jugada a balón parado) el pase a Luis Mago, otro de los reivindicados de la jornada, para que el zurdo anotara el 1-0. Descomunal en el esfuerzo.

Tanto cómo otro hijo ilustre del 23 de enero. Cristian Casseres Jr. es el hallazgo más interesante de la selección en estas cuatro primeras fechas. Corre, mete, pelea, las lucha todas, y tiene criterio para salir jugando. Un salserin que va a más. Creciendo “De sol a sol”.

Machís y Savarino fueron para Chile, cómo aquellos invitados a la casa en “No hay cama, pa tanta gente”: “se llenan las manos de lechón, después de limpian con la cortina”. Imparables. El de Tucupita estuvo cómodo en la izquierda, ayudando a defender, si; pero atacando cada espacio que le abrió Salomón Rondón. El zuliano, por su parte, entregó balones consistentemente y fue un dolor de cabeza para Erick Pulgar en el pasillo central. 


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Y después entraron Yeferson Soteldo (cuyo rol como revulsivo es inmenso, mucho más que cuando es titular) y Rómulo Otero, otros desordenados que siguieron con la fiesta al ritmo que tocaba el conjunto completo. “Más timbal para los rumberos”, de nuevo citando a la buena salsa del Gran Combo. 

Que le den candela

La base de todo el esfuerzo está, eso sí, en la solidez de la línea defensiva. “Tenemos que tener equilibrio”, dijo Peseiro en la rueda de prensa post partido. Y allí, para dar ese balance, Yordan Osorio es primordial. El zaguero es rápido, corta bien, se equivoca poco, y hace, con su juego, que quien lo acompaña (Wilker Ángel en este caso), se sienta mucho más cómodo y seguro. Un “idilio”, que ojalá se prolongue por el resto del premundial.

Arriba, Salomón Rondón tenía un día duro. Sacrificado desde lo táctico, abriendo espacios y entregado como obrero, se le vio torpe en alguna acción de cara al gol. “Lloraras y llorarás, sin alguien que te consuele”, diría Oscar De León, después que el de Catia falló una clara opción en el primer tiempo. 

Pero, desgastado, a Salomón sólo se le pedía que metiera una. Y cumplió sobre el final del partido. Un desahogo para él, y la selección. “Detalles”, diría también el salsero caraqueño, de la misma parroquia que el atacante del Dalian Yifang. Su liderazgo, además, caló hondo en el grupo. Tomás  Rincón puede estar tranquilo. Tiene quien asuma sus galones ante su ausencia (como el martes, por sanción), en la mitad de la cancha (Herrera) y con la “C” en el brazo derecho.

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Salomón Rondón marcó el gol de la victoria. / Vinotinto

Y mientras este concierto sonaba, Peseiro en la banda, estaba ganándole el duelo en la pizarra a Reinaldo Rueda. “Tú loco loco, pero yo tranquilo”, diría la salsa de Roberto Roena. Resistido por muchos, entró a la eliminatoria excesivamente confiado. Quiso imponerse ante Colombia y lo pagó caro, y aprendió rápido del error. Los dos últimos partidos muestran que parece haberle agarrado el pulso al clasificatorio. 

Falta mucho de aquí a marzo, pero la “Sobredosis de amor” que el martes se dio la Vinotinto, les recuerda a ellos como grupo que si pueden competir, y al venezolano de a pie, que no encontrará solución a sus problemas más básicos con esto, al menos le hace levantarse con una sonrisa, esté donde esté, en medio de tanta calamidad. Y todo, en clave salsera. Porque en Caracas, se baila salsa. 

Acerca del autor

Pablo García Escorihuela

Periodista deportivo venezolano (UCV) con 15 años de experiencia cubriendo distintas disciplinas deportivas para medios escritos (impresos y web) y radio (comentarista). Soy especialista en fútbol, con gusto por el béisbol, el baloncesto y el fútbol americano; trabajé en Líder, Meridiano, El Nacional, AM y FM Center; vivo desde hace tres años y medio en Estados Unidos, desde donde aporto mi visión del deporte.

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