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Amigo béisbol, los migrantes te extrañamos mucho

A los venezolanos el béisbol nos corre por las venas, incluso a aquellos que son menos asiduos al deporte. Es una cualidad que nos identifica
Estadio Alfonso Chico Carrasquel de Puerto La Cruz / Cortesía

A los venezolanos el béisbol nos corre por las venas, incluso a aquellos que son menos asiduos al deporte. Es una cualidad que nos identifica en todos los confines de la tierra y que es imposible de negar.

En reuniones, en la calle o en el trabajo, hablar de béisbol era el pan nuestro de cada día. Y qué decir cuando llegaba octubre, mes que históricamente representa el comienzo de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) y del pasatiempo número uno del país. Todo se volvía una fiesta.

Y sí, todo se recuerda, porque las cosas ya no son como antes.

Desde hace unos años, el disfrute del béisbol no ha sido el mismo para millones de venezolanos que lamentablemente nos fuimos del país buscando un mejor futuro. Hemos tenido que aprender a verlo desde muy lejos.

En mi caso, ya son cinco años sin poder ir a un estadio, sin disfrutar del deporte que me apasiona y de gozar la adrenalina y emoción que el béisbol inspira. Algo nada fácil, debo admitir.

Y como yo son muchos los que año tras año se acercaban a cualquier estadio a seguir a su equipo preferido o que se reunían con sus amigos a tomarse unas cervezas y disfrutar del béisbol.

Eso quedó atrás y no ha sido fácil. En estos cinco años he podido observar cómo cualquier situación es buena para desahogarse y hablar de béisbol, aunque sea cinco minutos.

Apenas un venezolano hace amistad con otro se trata de hablar un rato de la actuación de los venezolanos en las Grandes Ligas. De Miguel Cabrera, de José Altuve, de los cambios en la LVBP y de quién tiene más chance de ganar el campeonato. Se tratan de tocar todos los temas relacionados con el típico desespero de alguien que sabe que no hablará de ella en mucho tiempo.

Es como un intento de no perder ese amor y esa costumbre, en países donde residimos tantos venezolanos y no se comenta o se sabe poco de béisbol como es el caso de Chile, Perú o Ecuador.

Si a eso le sumamos que conseguir una transmisión de algún juego es tarea prácticamente imposible, solo nos ha quedado apegarnos a las redes sociales y tratar de disfrutar los compromisos con videos esporádicos o historias que montan los equipos y los periodistas por diferentes vías.

Otros también usan el béisbol para sentirse identificados con Venezuela. Por eso es común ver gorras o camisas de las Águilas en los zulianos; de Cardenales en un guaro; de Caribes en un oriental y así con el resto de aficionados de Bravos, Tiburones, Tigres y de los eternos rivales, Leones y Navegantes.

Aunque en el exterior pocos sabrán a qué hacen alusión estas camisas, siempre es grato para un venezolano saber que va otro compatriota por la calle y que es amante del béisbol.

Por eso, tampoco se han perdido las bromas y los chistes entre aficionados de distintos equipos.

La típica guerra entre caraquistas y magallaneros; las bromas a los guairistas por los años sin títulos; los tigreros viviendo de su época dorada a comienzos de siglo; los zulianos con su popular Clásico de la Chinita; y ni hablar de Caribes y Cardenales, potencias en la liga en los últimos años. Ninguno se salva.

Pero, obviamente, el disfrute no es el mismo. No tener a la mano una transmisión o la posibilidad de ir un a un juego ha traído como consecuencia cierto desapego. Si a eso le sumamos que la vida del migrante es muy agitada y el tiempo vuela, a veces hay momentos en que solo se pueden revisar unos que otros resultados sin disfrutar de todo lo demás.

En tres días comienza una nueva campaña de la LVBP y es otra que muchos miraremos desde lejos. Ya se está volviendo una mala costumbre la cual no podemos impedir por muchas razones. Y si bien esta temporada será mucho más atípica por el Coronavirus, es muy triste tener que verla de esta manera.

De todo corazón espero que esto acabe pronto y nos podamos reencontrar más temprano que tarde con nuestro béisbol. Mientras tanto, en las reuniones o en las calles de Santiago, Lima o Quito nos seguiremos encontrando los venezolanos y seguiremos conversando y riéndonos con todo lo que nos entrega y nos ha entregado nuestro pasatiempo nacional: nuestro béisbol, ese que tanto extrañamos.

Acerca del autor

Henry Roldán Sesti

Apasionado del mundo deportivo. Con ocho años de experiencia en la fuente. He trabajado en el Diario Meridiano, Meridiano Televisión, Diario Líder, LVBP.com, 12up.com y Deportiva 1300 AM, medios en los que no solo aprendí de béisbol, sino también de fútbol, fútbol americano y baloncesto. Actualmente vivo en Santiago de Chile.

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