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¿Cultura de dieta o hábitos saludables?

La cultura de dieta es un sistema que otorga más valor a lo que se come y a la apariencia física, que al cómo se siente la persona.
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La lucha contra la balanza, el estrés por el ejercicio, la frustración por comer una golosina marcada como indebida, etiquetar los alimentos en buenos o malos, el contar calorías son solo algunas de las obsesiones que hoy en día genera la cultura de dieta. Un sistema que otorga más valor a lo que se come y a la apariencia física, que al cómo se siente la persona.

Expertos afirman que esta cultura gira en torno a la restricción alimentaria, la culpa y los premios. En estos casos, no solo se enaltece la delgadez viendo así la pérdida de peso como un nivel superior; sino que, a su vez, se alaba la atención a lo que se come, dejando a un lado el placer o necesidad individual. Se oprimen a aquellas personas que no entran en el molde estético que denominan “salud”.

Una parte importante de la vida es la relación del hombre con la naturaleza comestible que lo rodea. Los alimentos están involucrados en la mayoría de los ámbitos sociales como en eventos familiares, de pareja, de religiones, de trabajo, etc. Es por ello que el tener una inadecuada relación con la alimentación repercute no solo a nivel personal —que puden generar trastornos de la conducta alimentaria—; sino en todos estos ámbitos sociales mencionados. 

La cultura de dieta no solo contempla las actitudes individuales que se toman frente a nuestros hábitos alimentarios; también los comentarios de refuerzo positivo que le damos a estas personas que están en el sistema y que sienten que llevar una vida restrictiva es beneficiosa por los halagos o inclusión social.

Por otro lado, esta cultura se refuerza desde la infancia. Padres, familiares y amigos emiten comentarios sobre nuestros cuerpos. De esta manera se desarrolla más arraigo por formar parte del sistema. Además, si bien es cierto que el “hacer dieta” es más común en las mujeres; actualmente los hombres también padecen de expectativas físicas que deben cumplir según esta cultura.

Cuando deseamos pasar a mejores hábitos alimenticios debemos preguntarnos primero el porqué de dicho cambio. El motivo real permitirá aclarar si el camino que tomaremos nos llevará a gozar de una mejor salud de forma prolongada o simplemente un físico “envidiable”.


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Ese físico puede ser mantenido a corto plazo con sacrificios extenuantes para únicamente ganar la aprobación social. En muchas ocasiones pueden ser el resultado de correctos hábitos y genes favorecedores. Sin embargo, para la mayoría de las personas estos físicos resultan ser la meta a la cual desean llegar sin importar las repercusiones en la salud física y mental; es ahí donde entran las “dietas milagrosas” o de moda que esta cultura de dieta promueve.

El obsesionarse con una dieta, con una industria que vende todo como saludable, cuando solo se enfoca en que creamos que sus productos son indispensables para sumar salud, sigue con el ciclo. Por ello, lo más importante y que debemos reforzar a diario de forma autónoma y sobre todo en nuestro alrededor apoyando a nuestros seres queridos, es que no existe algo estético que arreglar en nuestro cuerpo, debemos aceptarlo y amarlo.

Debemos alejarnos de las críticas, de las sectas nutricionales donde un tipo de dieta es el requisito obligatorio para ser aceptado. Dejar a un lado las redes sociales que promuevan dietas estrictas o que presionen con una figura ideal para tu cuerpo; sobre todo aquellas que vendan estrategias nutricionales con resultados rápidos. Lo ideal es que las modificaciones en el estilo de vida que vayas a efectuar sean por los motivos correctos y no solo para seguir una tendencia actual.

¿Qué podríamos considerar como una alimentación sana?

Lo primero es entender que las comidas son para disfrutarlas. También considerar que hay que tener cierto balance entre los alimentos para mantener una buena salud, el físico o la restricción de grupos de alimentos, cuando no es por una enfermedad, no es necesario. Solo aumenta el deseo por estos alimentos “prohibidos”.

Lo ideal es que aprendamos a seleccionar los alimentos de forma inteligente, sin calificarlos como buenos o malos. Debemos cubrir nuestras necesidades nutricionales, disfrutar de las reuniones donde existan bocadillos esporádicos; de tal forma que generes una educación nutricional que te permita crear hábitos sanos y prolongados sin extremismos. Por ejemplo, comer un chocolate no debe ser una desmotivación y faltar a tu rutina de ejercicio no es un pecado. 

¿Qué consejos se escapan de esta cultura?

  • Consumo de alimentos en cantidades moderadas. El método del plato es una excelente opción para empezar a armar comidas saludables que cumplan con todos los grupos de alimentos.
  • Variar el tipo de grasa a consumir entre grasas polinsaturadas y saturadas. Evita las trans, selecciona frutos secos, aguacate, mantequilla, aceitunas y aceites vírgenes como oliva o canola o coco.
  • Aumenta la ingesta de frutas y hortalizas, siguiendo la regla de cinco porciones al día.
  • Incluye y varia los cereales entre versión normal e integrales, tubérculos y leguminosas. Haz elecciones más naturales y deja los productos empacados.
  • Limita la ingesta excesiva de sal. Empleala en la cocina de forma natural y evita productos envasados o sazonadores altos en sal.
  • Limita la ingesta de azúcar refinada. Come dulce cuando te provoque, pero en porciones moderadas.

¡Disfruta de la comida, no la veas como una enemiga, nútrete por tu cuerpo y por tu bienestar, a veces la mejor elección es ese postre junto con la persona que casi no tienes chance de compartir!

Acerca del autor

Sofia Olivares

Soy nutricionista egresado de la UCV, con casi 6 años de experiencia en el fútbol profesional, me apasiona como los alimentos pueden mejorar el rendimiento deportivo, y aunque me encanta trabajar con atletas de alta competencia, me fascina enseñar y formar a los atletas jóvenes. Además, me gusta enseñar sobre los nutrientes y la calidad de los alimentos, y no simplemente sobre contar las calorías que consumimos.

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