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Cuando la realidad supera la ficción: simplemente “hasta siempre”, Caracas

Cortesía @Caracas_FC

Todo nació una tarde-noche del 28 de marzo de 1996, en el estadio Brígido Iriarte en Caracas. Estaba sentado en la parte central del primer piso de la tribuna que hoy ocupa la barra del “rojo”, cuando el equipo juega en el estadio que hace vida en El Paraíso. Fue la primera vez que pisé un estadio para ver un partido del fútbol profesional. Fui con mi viejo, que de hecho jugó también en el equipo cuando estaba en Segunda División bajo el nombre de Caracas Yamaha.

Esa noche fue reveladora, sentí la energía de las gradas, la pasión de la gente, el vértigo de algo que nunca había visto en mi vida in situ: un partido de fútbol. Dicho sea de paso, no fue un partido cualquiera. Fue un partido de Copa Libertadores contra el River Plate de Argentina, que ese mismo año saldría campeón continental. Era imposible no enamorarse de esa sensación, de ese fútbol, de esa vida. Fue una semilla que se sembró esa noche, que inconscientemente fue germinando en mí y con el tiempo logro agarrar vida y, por qué no, dar hasta muchos frutos.

Era imposible que algo no surgiera de esa experiencia. River Plate formó con: German Burgos, Gómez, Hernán Díaz, Celso Ayala, Juan Pablo Sorín, Nestor Cedres, Leonardo Astrada, Matías Almeyda, Enzo Francescoli, Gabriel Amato y Ariel Ortega. Y las sustituciones fueron: Marcelo Gallardo, Marcelo Escudero y Hernán Crespo. Vaya manera de comenzar a ver este deporte, con esas súper estrellas del fútbol mundial.

Pero mi pasión no nació por ese equipo, nació por el que salía con esta alineación: Barreto, Alexander Hezzel, Hector Rivas, José Manuel Rey, Elvis Martínez, Ceferino Bencomo, Gabriel Urdaneta, Ibrahim Salisú, Michael Osei, Gerson Díaz y Jose Luis Dolgetta. Esa era la camiseta que quería vestir, ese era el equipo en el que quería jugar. El equipo de mi ciudad. El que me conoce, sabe que me identifico mucho con mi ciudad, debe ser que desde muchacho ya sentía esa conexión con este lugar.

Ese partido termino en favor de River por 1-4, el primer gol lo hizo Caracas, Salisú. Uno de los mejores extranjeros que ha vestido esa camiseta.

Coincidencias no, así tenía que ser

Los invito a leer un poco sobre los principios de sincronicidad, esas señales divinas de Dios y del Universo que te guían en el camino. Creo mucho en eso. Y ahora me doy cuenta de que todo tenía sentido. Acabo de identificarlo mientras escribía los primeros párrafos de este artículo. ¿A qué me refiero?

El director técnico del Caracas FC era Manuel Plasencia, quien ahora lo considero como un abuelo en este mundo del fútbol. Mi vecino y amante del mismo restaurante de pollo en brasa que queda en Colinas De Bello Monte -jeje-. Él fue quien más confió en mí, quien llevo mi carrera a otro plano mientras jugaba en el Deportivo Petare. Ese entrenador que le agarré tanto cariño que estaba dispuesto a todo por su ideología. Un ser humano hermoso.

El entrenador de River Plate era Ramón Diaz, quien el año pasado enfrenté dos veces en Copa Libertadores mientras él dirigía Libertad de Paraguay. Me atrevo a decir que el partido en La Asunción fue uno de los mejores que disputé con la camisa del Caracas en esta segunda etapa. En el segundo partido ganamos en el Olímpico, donde él terminó renunciando al cargo. Es un tipo de talla mundial con un bagaje top a nivel continental. Fue todo un honor.

En ese equipo del Caracas jugaba quien después se convirtió en mi ídolo del fútbol venezolano: Gaby Urdaneta. Lo más lindo de todo, primero lo enfrenté y después fue mi compañero de equipo. Una experiencia increíble, compartir con él me dejó infinidades de aprendizajes. Recuerdo que la primera vez que me tocó jugar contra él, me temblaban las piernas, no me avergüenza decirlo.

En ese equipo también jugaba José Manuel Rey, quién pertenece a esa generación que nos enseñó a soñar a todos en la Vinotinto de Richard Páez. “Tetero”, no sólo fue un rival y un maestro de la competitividad, me llevó al Deportivo Lara cuando fungía de gerente en esa institución. Hoy es Director Técnico y un amigo del fútbol, un hermoso personaje que cada vez que me ve, tiene una muestra de cariño muy poco sutil que me deja convaleciente en el piso por un rato -jajaja-.

Con muchos de los jugadores que disputaron ese partido cuando aún no había cumplido los nueve años, de ese Caracas, tuve la oportunidad de compartir cancha. Incluso pude jugar varios años, cuando era chamo, con el hijo de Héctor Rivas, Wilkyn.

Primero como rivales

Me tocó enfrentar al Caracas FC muchas veces cuando jugaba con el Deportivo Italia/Petare. Me fue súper bien. Partidos que ganábamos por resultados bastante dominantes. Un par de veces 4-1, otra vez 3-0; pero generalmente eran partidos muy cerrados. Con un ambiente en el Olímpico a nivel de copa internacional.


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Aunque, en una oportunidad, perdí una final contra el súper equipo que tenía “Chita” por 5-0. Pedazo de baile que nos pegaron. Esa vez fue cuando el Caracas ganó una de sus últimas estrellas luego de todos esos años de sequía, que pudimos romper luego logrando la 12va estrella en el 2019.

No es por nada, pero el Caracas tenía unos equipazos impresionantes, con jugadores de un nivel espectacular. No me pregunten cómo llegue yo a parar ahí -jajaja-.

Les digo como llegué

Ya me había decidido dejar el Deportivo Petare, un equipo al que amé y que entregué todo, pero que ya me sentía vacío por completo, por tanta entrega.

Tenía casi todo arreglado con Atlético Venezuela, cuando Eduardo Saragó agarró la dirección técnica del rojo. Iba a subir al cerro El Ávila como cualquier caraqueño que quería hacer ejercicio en sus vacaciones. El cerro es uno de mis lugares preferidos del mundo. Nunca subo con el teléfono, pero esa vez lo llevé para tomar fotos y de pronto me cae la llamada de Eduardo. De ahí en adelante, previamente con decirle que sí a uno de los entrenadores que sacó lo mejor de mí dentro de una cancha, comenzó un camino de ensueño.

Picos altos y picos bajos

Así se vive el día a día en esta institución. Desde quedar eliminados con un equipo de Segunda División en Copa Venezuela y perder un título con tu rival número uno en el último segundo; hasta ganarle a ese rival dos veces en Copa Venezuela y en el Torneo en su propia casa para salir campeón.

Por cierto, nunca sentí aversión por el Deportivo Táchira, a medida que pasaban los días más los valoraba y respetaba, ellos sacaban lo mejor de mí, por mi deseo de ganarles siempre. Es una institución grandiosa y un pueblo del que tenemos mucho que aprender el resto de los venezolanos.

Ganar partidos de Copa Libertadores, cumplir mi sueño de jugar en La Bombonera contra el equipo al cuál de joven siempre seguía: Boca Juniors. Competir a ese nivel con la camisa del Caracas, es una sensación indescriptible. En fin, cuando se gana todo es superlativo, pero cuando se pierde todo es catastrófico y está genial que sea así. Se vive todo más intensamente, acorde al tamaño de semejante compromiso. Vestir esa camiseta no es para cualquiera.

De las cosas más significantes en mi carrera fue ese día que perdimos contra Táchira el título en el último minuto. Fue un torneo en el que hicimos récord de puntos, de partidos ganados y de partidos invictos. Y con la derrota, con el Olímpico a estallar, en el que muchos dicen el mejor partido de la historia del fútbol venezolano, mi gente de la barra del Caracas coreó mi apellido. Se escuchó en cada rincón del estadio, y no lo agradezco por mí, sino porque mis padres y mi hermana estaban en el estadio ese día. Y ellos se escucharon en las voces de cada una de las aproximadamente 25.000 personas que asistieron esa tarde al Olímpico. Fue para mi familia y para el legado que ellos dejaron en mí un momento que perdurará para siempre, no tengo palabras para agradecer.

Para qué se trabaja en el Caracas FC

No es por ganar partidos y títulos que se trabaja en el Caracas. Eso viene siendo una consecuencia. Las personas exitosas que han pasado por la institución, y considero que ahí es donde reside mi conexión con el equipo, así como el nacimiento de mi amistad con Chita, Miky, Gaetano o el mismo Philip; es que en el Caracas FC se trabaja por un LEGADO.

Un legado que nace desde la memoria del Doctor Valentiner, que se respira en cada bocanada de aire que se toma en Cocodrilos Sport Park. Quien trabaja por un legado, quien trabaja por la construcción de la grandeza de la institución, tendrá el éxito asegurado en ese hogar. Créanme, con todas las limitaciones que yo puedo tener, me atrevo a decir que lo logré. Y es algo que me atrevo a reconocer, eliminando cualquier sensación vanidosa y de egocentrismo, porque nace del agradecimiento y del amor.

¡Por siempre gracias, Caracas!

Veía venir mi salida, no por alguna situación o alguna persona en particular. Acá no hay víctimas ni culpables, mi fin de ciclo fue tan natural y agradable como los cinco años que tuve en la institución. Son decisiones que se deben de tomar y que las circunstancias nos llevan a ellas.

Mi decisión le da fuerza al legado que quiero dejar, y al legado de la institución. Tanto cuerpo técnico, directiva y yo teníamos el deseo de seguir juntos. Pero este deporte y lo que representa el equipo va más allá del cariño y el reconocimiento entre personas; ningún nombre debe estar, jamás, por encima de la institución. Las decisiones que deben tomarse a este nivel son pensadas para seguir construyendo el futuro que se quiere, junto a la sostenibilidad de una filosofía. Dando fuerza a unas políticas de gestión en pro del desarrollo de la institución, a las que yo también defiendo.

Lo que le da fuerza, y que me genera tranquilidad en la decisión consensuada, es que nace de la fidelidad, el reconocimiento y mi identificación con el propósito que el Caracas FC siempre propone.

Por eso me voy agradecido, orgulloso y con las puertas abiertas de un lugar al que no le diré, jamás, “adiós”. Simplemente, “hasta siempre”.

Acerca del autor

Ricardo Andreutti

Del Andreutti al Ricky, como Benjamin Button. Supongo que soy futbolista, pero mi mayor suposición es que puedo escribir. Caraqueño que vive en el sueño que diseñó de niño. Agradecido, bibliófilo, emprendedor, yogui, servicial y movido por la inspiración. El universo me regaló conectar con Triángulo Deportivo, donde nos co-creamos y robamos métricas para regalar vivencias, así como Robin Hood. Prometo dar lo mejor, como cuando afronto mis partidos, no obsesionado por el resultado sino por el disfrute.

1 Comentario

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  • Felicitaciones por tu carrera con el Caracas Fc y por este, tan excelente artículo.

    Me quedan dos cosas por decirte. Una es en realidad una pregunta: ¿Vas a otro equipo? ¿Dónde continúa tu carrera de futbolista? Y la segunda es que tienes ganado un lugar en el periodismo deportivo. Demuestras con este escrito que eres un excelente columnista,me gustaría saber la opinión del gran José Visconti, que en Paz descanse sobre tus escritos. Que Dios bendiga tu carrera deportiva, tu pluma literaria, tu camino y tu familia.