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Fútbol

Yeferson Soteldo y las manzanas rojas

Yeferson Soteldo tiene una época dura en su vida, difícil, de esas que a pocos les gusta recordar, en el barrio "El Muertico", en Acarigua.
Yeferson Soteldo celebrando su magistral gol ante Boca Juniors / Andre Penner/POOL/AFP

Los titulares que rodean al venezolano barrio de “El Muertico”, localizado en Acarigua, estado Portuguesa, no son halagüeños. Muertos, atracos, motines en la cárcel del Municipio Páez… un sinnúmero de noticias cuyo relato está enmarcado siempre por la violencia y la muerte.

Yeferson Soteldo tiene una época dura en su vida, difícil, de esas que a pocos les gusta recordar. Con su 1.50 metros de estatura, vivía con una pelota en sus pies, caracoleando rivales, convertido en el Messi de las calles del peligroso barrio de la zona del llano venezolano, evadiendo también los peligros, las balas, todo en el marco de la difícil infancia del hijo de un humilde vendedor de manzanas de la zona.

Al ex del Zamora, no le gusta recordar aquellos días duros. Eran los tiempos de las manzanas verdes, de la amargura, de la acidez. Pronto, su historia estaba por cambiar.

Blanquinegro y estelar

Detectado en algún torneo regional, a Yeferson Soteldo no tardaron en llegarle las posibilidades de acercarse al fútbol profesional en Venezuela.

Probó con Caracas, y los cazadores de talentos del cuadro avileño, no tuvieron el tino de ver más allá de su corta estatura.

Visión que sí tuvo Zamora, a donde Noel Sanvicente había llegado recién para cambiar sus canteras y armar una estructura que en corto tiempo reunió a varios de los talentos que hoy nutren a la Vinotinto.

Chita, conocedor de la historia de Soteldo, no tardó en llamarle “Manzanita”, apodo que al propio jugador le molestaba en algún momento, más allá de que su relación con el guayanés, casi paternal, terminó dándole el gran empujón para ser profesional.


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Soteldo se convirtió en el mejor futbolista del campeonato 2015. Con apenas 17 añitos, ya estaba en el radar de la generación de jugadores sub-20, que haría historia al clasificarse al Mundial en 2017 en Corea del Sur. Su torneo, extraordinario, como el de casi todo el grupo, alzó sus acciones. 

Del vértigo de su velocidad y su endiablado regate, ya se comenzaba a hablar por todos lados. Al del Zamora, le caían las primeras manzanas rojas, después de tantas verdes.

Cal y arena austral

Llegó a Chile, a Huachipato, para reemplazar a otro venezolano, Rómulo Otero, y ahí descosió el torneo en poco tiempo. Soteldo tiene la arrogancia del muchacho que fue forjado al fuego de la supervivencia. Al que sale de abajo a punta de días difíciles, de lidiar desde niño con el monstruo de la necesidad.

Como sobreviviente que es, Yeferson Soteldo trata de mostrarse duro, a pesar de los palos y las críticas. 

Esas llegaron cuando pasó por la U, uno de los clubes más populares de Chile, pero sobre todo, cuando después de asentarse y comenzar a rendir, le llegara la opción de salir de ahí a un lugar ideal para su progreso como jugador joven. Algunas verdes, otras maduras.

Soteldo, tras la sombra de Pelé

La sorpresa no fue su llegada al Santos. El asombro era, que aquel mítico club, le daba la camiseta 10, a un venezolano. El oriundo del barrio “El Muertico”, hoy ponía un titular alegre en aquella barriada violenta, era la cara amable y de progreso de una zona en conflicto.

A Soteldo no le pesó ponerse la 10 de Pelé, de Neymar o de Robinho. Sacó toda su rebeldía. Y con su divertida manera de ser y de jugar, encajó cómo anillo al dedo en el esquema de Jorge Sampaoli, en aquel momento DT de “Ou Peixe”.

Yeferson Soteldo / Andre Penner/ POOL/ AFP

Los blancos comenzaron a blindar un equipo para pelear por todo. Llego la crisis económica del pandémico 2020, y a Soteldo le pusieron precio. Desde Arabia Saudita tentaron al Santos, y todo estaba listo para su salida. No se dio. Se quedó para buscar la gloria. Las manzanas rojas. Las maduras. Una decisión de madurez, de sensatez.

El partido de Yeferson Soteldo contra Boca en la vuelta de las semifinales de Libertadores es consagratorio. Tiene de todo un poco. De su desequilibrio ofensivo ya conocido. De su capacidad para definir ya tantas veces reseñada. Y de habilidades defensivas, para recuperar el balón y apoyar en los relevos, que lo hacen ponerse en un umbral diferente.

Llegará a la final de la Libertadores con el ribete de figura y, quizás, bajo la lupa de algún club en Europa. Su físico no lo ayuda. Pero el talento y el carácter le sobran. Hoy las manzanas del árbol se caen de maduras. Son dulces y se disfrutan. Nada mal para un muchacho joven, de un peligroso barrio de Acarigua. Nada mal.

Acerca del autor

Pablo García Escorihuela

Periodista deportivo venezolano (UCV) con 15 años de experiencia cubriendo distintas disciplinas deportivas para medios escritos (impresos y web) y radio (comentarista). Soy especialista en fútbol, con gusto por el béisbol, el baloncesto y el fútbol americano; trabajé en Líder, Meridiano, El Nacional, AM y FM Center; vivo desde hace tres años y medio en Estados Unidos, desde donde aporto mi visión del deporte.

1 Comentario

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  • No es tanto que a Soteldo no le pese la 10, Soteldo pidió esa camiseta al presidente del equipo, lo dijo en una entrevista, el presidente tenía sus dudas de si el debia someterse a esa presión, pero Soteldo insistió, eso le da aún mas valor al tema de usar la 10 del Santos.