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Columnistas

Todo sigue igual: la triste historia del voleibol venezolano

Ya pasó un año de aquella gesta histórica del voleibol venezolano al que le viene bien los meses de enero. Y, hasta hoy, se hizo poco o nada.
Los clasificados a Tokio / Archivo Sayago.

Ya pasó un año de aquella gesta más que histórica del voleibol venezolano al que le viene bien los meses de enero. Fue en enero 7, pero de 2008, cuando en Formosa, la generación anterior a esta (de la cual no sobrevive ninguno en el equipo), hizo cerrar de manera forzosa un ciclo para Argentina. Venezuela los derrotó en casa. Cuatro años después, los albicelestes tendrían su venganza en La Guaira, pero eso no viene al caso. 

Lo cierto es que en 365 días se hizo poco o nada por este deporte. O sí se hizo, culpar al coronavirus de todo y no hacer nada. El equipo de voleibol masculino, ese que integra los únicos 12 del mundo que estarán en Tokio 2020, sigue igual. Abandonados a la buena de Dios, sin plan de preparación, sin entrenar y con la única certeza de estar inscritos en el evento más importante del mundo.

En un año se prometieron villas y castillas. Se llevó una supuesta comisión hasta Miraflores, desde donde se mandaban las instrucciones al equipo para armar un plan que les llevaría a Cuba, República Dominicana y después Japón. Incluso, se habló de poder ir a Irán, aliado comercial y político de Venezuela, que hoy en día tiene un extraordinario nivel de voleibol masculino. 

Pero las promesas se quedaron en la tapa de un diario deportivo de Venezuela del 17 enero, en el que titularon “Apoyo Total”. Pero, la realidad es que no llegó ni la quinta parte del “apoyo” prometido. La selección nacional de voleibol, además de haber padecido de Covid-19 por insalubridad en el Gastón Portillo, sigue sin ningún tipo de apoyo económico o logístico que haga pensar que tendrá una decorosa participación en los Juegos Olímpicos de Tokio.

̈”Estamos en eso, pero hasta el sol de hoy no hay nada en concreto”, son las palabra de una fuente consultada dentro de la selección nacional. Ronald Sarti, el entrenador, está en Venezuela. Sin embargo, al no tener un plan verdadero, no ha establecido una comunicación efectiva con el resto del equipo. No lo ha hecho por ética y respeto, al final es la cara de él la que visualizan jugadores y cuerpo técnico. Y estemos claros no es su culpa, Sarti apenas es una pieza en un rompecabezas que hoy no tiene quien lo arme.

En diciembre se ejecutó una reunión con Mervin Maldonado, Ministro del Deporte, en la que se hizo una nueva promesa. Maldonado tiene poco tiempo en el cargo y como cada vez que ocurre en cada nueva gestión ministerial, no se empieza de cero, se inicia desde menos 20 lustros. Arrancan tratando de saldar deudas anteriores, culpando a los que estuvieron y, en este caso en particular, haciendo frente a quienes dirigen el Instituto Nacional de Deportes (fuente real de ingresos del deporte venezolano). El IND no cambió la vieja administración que tiene récords mundiales en dar forfeits y hacer retroceder el deporte nacional. Siguen los mismos, pero mucho peor, ahora con más poder. 


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Esa promesa era para enero. Hoy es 19 y nada de nada. Esa primera avanzada estaba prevista para Puerto Ordaz, sin embargo, eso volvió a cambiar. ¿El argumento? Puerto Ordaz es caro. Ya prácticamente se perdió un mes y las prórrogas siguen sin llegar, no todos los atletas tienen su pasaporte al día. Es decir, que si mañana un país nos regala la preparación fuera, con todos los gastos pagos, muchos de sus integrantes no podrán ir por no tener un pasaporte a la mano. ¿Se acuerdan de la portada del diario? Sí, decía “APOYO TOTAL”.

Y la pregunta es. A menos de 200 días para Tokio 2020, si no pueden sacar una prórroga para un pasaporte, ¿podrán los entes encargados del voleibol ofrecer una preparación medianamente decente para ese equipo que va a los Juegos Olímpicos? ¿Apuestan a qué? ¿A que los Juegos no van? ¿O simplemente juegan al desgaste de quién? 

La única posibilidad que tienen muchos de esos muchachos que van a jugar en Japón es que equipos del extranjero los puedan ver. Buscan, precisamente, la ventana de los Juegos Olímpicos. ¿Van a seguir jugando con esas aspiraciones profesionales de los jugadores? ¿Qué buscan? ¿Que deserten y asuman otras nacionalidades para hacer caída y mesa limpia en este deporte? ¿Qué pecado cometieron, jugadores y cuerpo técnico al clasificar de manera milagrosa a su segunda Olimpiada? 

Pareciera que el cuento chimbo de “El año de la reserva deportiva” va en serio. Esto es simplemente borrar a quien no esté de acuerdo conmigo y formar una nueva delegación. Pero, no sé para qué eventos, ya que los Juegos Panamericanos Juniors son este año y los bolivarianos también. Pasamos de la “Generación de Oro”, al abandono absoluto. De la “Venezuela Potencia”, al “estamos en eso”. El voleibol pudiera ser la punta del iceberg para conocer cuál será la realidad del deporte de Venezuela después de Tokio 2020.

Acerca del autor

Juan José Sayago

Periodista deportivo especializado en eventos del Ciclo Olímpico. He cubierto cuatro Juegos Panamericanos y tres Juegos Olímpicos. Soy comentarista de diferentes disciplinas y asesor de comunicaciones de atletas de alto rendimiento.

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