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Curiosidades Fútbol

Ruanda y la aventura safari del técnico venezolano Samyr Sánchez

Samyr Sánchez fue AT en el Mukura de Ruanda / Samyr Sánchez

Uno de los sueños de Samyr Sánchez fue jugar con la aurinegra puesta. Normal, siendo de San Cristóbal, el mediocampista defensivo esperaba defender los colores de su Deportivo Táchira, ese del que también fue barra brava. Ese por el que se montó en un bus 26 horas para alentar en un partido ante Mineros en Puerto Ordaz.

Pero la vida le dio muchas vueltas y pasó de ser promesa del fútbol a vendedor de verduras en un mercado mayorista. Cambió pegarle a una pelota y correr en una cancha por limpiar repollo. Luego vendió maquillaje para poder costear sus estudios de fútbol en España y terminó viviendo una de las aventuras más extrañas, una que jamás pudo imaginar. Fue asistente técnico en Ruanda.

Cuesta imaginar que un venezolano haya podido trabajar en un fútbol tan exótico como Ruanda. Y es que a pesar de que el fútbol se ha globalizado, el mercado africano, salvo quizás Sudáfrica, no ha sido habitual para los criollos.

Dustin Valdéz jugó en Marruecos, la “Pulga” Gómez en Egipto, ahora Darwin González está en Túnez y José Alí Meza en Sudáfrica; por ahí sí han pasado varios. ¿Pero Ruanda? No parece ser una buena idea a priori.

En venezolano formó parte del cuerpo técnico del Mukura / Samyr Sánchez

“Cuando me mandaron los boletos para irme se lo dije a mi familia. Mi abuela me dijo ‘mijo, agarró el sartén por lo caliente’, pero en general me apoyaron. Sabía que asumía un riesgo porque quizás estaba renunciando a la estabilidad de Europa (vivía en Madrid); además que no iba por un gran sueldo”.

Así reflexiona Samyr, ya de regreso en Madrid luego de su aventura safari de 2020 por la primera división ruandesa, con el Mukura Victory Sports. Una experiencia particular en un país que al nombrarlo, inmediatamente se viene a la mente la palabra genocidio, uno de los episodios más oscuros de la historia de la humanidad.

Allí se fue a meter Samyr Sánchez. De pronto pensó que ya había tenido un entrenamiento de supervivencia al criarse en el sector El Cerro de San Cristóbal, a pesar de nacer en el barrio Barrancas. También luego de vivir en el barrio Las Tinajitas, uno de los más peligrosos de Barquisimeto en sus tiempos de verdulero.

Ruanda, el país tristemente famoso por el genocidio

Para entrar en contexto, Ruanda tiene muchos temas para debatir, pero, por desgracia, el genocidio es el primero. Y es que como la mayoría de los países africanos, ha tenido que convivir con la violencia racial y los gobiernos militares, que no se caracterizan por el respeto a los derechos humanos.

Pero el genocidio fue un episodio que sobrepasó los límites de la dignidad humana. Entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994 se llevaron a cabo operaciones para lograr el exterminio de la población Tutsi por parte de grupos violentos de la etnia Hutu. En ellas murieron entre 800 mil y un millón de personas en solo tres meses, más del 10% de la población ruandesa. Se dice que más de 250 mil mujeres fueron abusadas sexualmente, 95 mil niños fueron ejecutados y otros 400 mil quedaron huérfanos.

Las noticias sobre el horror en Ruanda dieron la vuelta al mundo, uno que se quedó atónito ante la maldad. Por eso la historia reciente de ese país quedó marcado con sangre. El genocidio es un estigma no solo del aquel país sino de todos aquellos que vieron, y siguen viendo, este tipo de conflictos con lejanía; como si solo en un problema interno y nada más.

Pero la apertura ha hecho de Ruanda un país distinto, al menos en parte. El gobierno se ha encargado de propiciar una apertura que ha traído modernidad, pero solo a un exclusivo centro de la capital, Kigali, que es llamada la “Manhattan de África”. En las provincias la desigualdad sigue siendo grande.

El moderno Downtown de Kigali / Robert Harding

El gocho echado para adelante no le huye a los retos

Antes de que Samyr ponga un pie en Ruanda, hay que echar un vistazo a su historia. Dice que desde niño le gustó asumir riesgos con tal de aprender cosas nuevas. Es un tipo que duerme poco, tan poco que, a la 1 AM de Madrid, está dispuesto a conversar el tiempo que sea necesario.

“Soy año 89, jugué con Mauricio Parra. Hice categorías menores con el IUGC (Instituto Universitario Gran Colombia) en San Cristóbal. Una vez buscaron montar un proyecto con los 90 y me dejaron por fuera. Otra vez intenté jugar con Táchira y fui a unas pruebas con Rodolfo Greco, pero salí en el último filtro”.

Entonces Samyr, asesorado por su padre, decidió quedarse en el IUGC a la espera de una beca universitaria. Pero al graduarse de bachiller se fue con un tío a vender verduras en Anaco y luego a trabajar en un puesto en Mercabar, el mercado mayorista más grande de Venezuela ubicado en Barquisimeto.

En el Mukura ganó una copa / Mukura

Entre papas, zanahorias, repollo y otras verduras y hortalizas, el fútbol quedó relegado. “Después de eso me regresé a San Cristóbal y monté una empresa de confección de uniformes porque mi mamá me enseñó a coser. Hasta que en 2014 sentí que era el momento de emigrar, por eso aproveché que mi papá es colombiano, saqué la nacionalidad y me fui”.

Llegó a Bucaramanga a trabajar en un restaurant de empanadas y luego fue mensajero, hasta que le abrió la puerta al fútbol. “En esa ciudad hay un torneo muy famoso en una cancha que se llama La Marte. Yo iba con amigos que jugaban y les decía las jugadas iban a hacer los contrarios, entendía lo que estaba pasando. Por eso, una novia que tenía, comenzó a buscar una carrera para estudiar que tuviese relación con el fútbol”.

El fútbol lo llevó a las aulas

Su pareja de aquel entonces tuvo éxito en su búsqueda, por eso comenzó a estudiar técnico profesional en entrenamiento de fútbol, en el Centro Tecnológico de Oriente. Allí un profesor, Gustavo Dávila, le dejó nota en la que le decía que le veía madera para enseñar. Comenzó con niños pequeños.

“Adriana (su pareja) vio la nota y comenzó a buscarme universidades en Madrid. Nos vinimos un día de vacaciones y ella consiguió un hotel cerca del Cenafe, un centro de formación de entrenadores. Pedimos información para inscribirme pero era muy costoso”.

Se regresaron a Colombia con la idea de buscar dinero. Vieron que una amiga en común vendía maquillaje que traía de Panamá e hicieron lo mismo. Pidieron un crédito bancario y se aventuraron a regresar a España para estudiar.

Haciendo el segundo nivel UEFA conoció a Tony Hernández, otro alumno. “Una vez teníamos un ejercicio de materia táctica, el profesor arranca y me toca la pelota pero se me fue larga, me gritó ‘macho, no hay que perderla’. Al repetir el ejercicio ahora es él quien me pidió que le tocara el balón y se lo mandé fuerte por lo que no pudo controlarlo. Le grité ‘macho, que no hay que perderla’, entonces me mandó a la tribuna. Después habló conmigo y me dijo que esas reacciones son las que hacen diferentes a los técnicos.

La amistad lo llevó a Ruanda

Aquella empatía con Tony Hernández le abrió las puertas a la aventura. “Tony empezó a moverse para dirigir afuera y me dijo que tenía chance de irse a Ruanda o Libia. Yo me asusté un poco cuando empecé a leer sobre esos países. Él se fue en octubre de 2019 y me dijo que me mandaría a buscar, que no lo dejara solo”.

Y así fue, el 10 de enero de 2020 se fue a Ruanda en un periplo que lo llevó de Madrid a Paris, luego a Nairobi (Kenia) para terminar en Kigali, la capital del país. “Estando yo allá mataron a un líder político”.

Llegando a Butare se dio cuenta que aunque no vistió la aurinegra de su Táchira del alma, el Mukura también compartía los mismos colores. En su nuevo equipo sería analista de videos, su función sería analizar al rival.

Lo primero que disfrutó fue el paisaje de lo desconocido. “Kigali es una capital muy moderna y Butare es muy segura. No hay ladrones, más bien los presos podría decir que son los que piensan diferente al gobierno”.

En Ruanda manda Paul Kagame desde el 2000. Un líder que gusta mucho de mantenerse en el poder a pesar de que no siempre la ley se lo ha permitido. Es un presidente tan excéntrico que gastó 39 millones de euros pagándole al Arsenal por la publicidad de “Visit Ruanda”, cuando el Reino Unido le destina 60 en ayuda humanitaria.

“Aunque hay mucha seguridad, también hay hambre. Yo calé muy bien en la comunidad porque era de los que me sentaba en la panadería y pedía pan para los niños que veía pidiendo. Si compraba Coca Cola lo hacía para todos. Ellos allá comen algo que se llama fufu, que es una mezcla de yuca con harina. Es rico porque lo hacen con un guiso pero te imaginas comerlo todos los días, no es buena idea”.

Su aspecto de piel blanca entre tanta piel negra lo hizo llamar la atención. “Recuerdo que en aquel tiempo estaba pegada la canción ‘Despacito’ de Luis Fonsi, la gente la cantaba cuando me veía caminar por la calle”.

No comió animales raros, pero sí tiene anécdotas con las mascotas. “La gente no tiene perros o gatos sino monos. Recuerdo que llegué a ver como 20 monos dentro de la casa donde vivía. Se metían a robarnos los cambures”.

La fauna exótica que llegaba a la casa donde vivió Samyr

El Mukura es la sombra de los equipos poderosos

Samyr Sánchez llegó como analista de video del Mukura, un equipo que lucha por abrirse paso entre los opulentos. El APR es del gobierno ruandés, mientras que el Rayón Sport es el de la clase millonaria.

“Hay equipos muy malos, pero otros sí tienen nivel. Es un fútbol rápido y fuerte pero fallan mucho en el control de la pelota. Las instalaciones son muy buenas porque ellos aprovecharon que montaron una Copa de África y tienen buenos estadios”.

La pandemia y la marcha de su amigo Tony a Honduras hicieron culminar la aventura de Samyr en Ruanda. No sin antes participar en el título del equipo en la Copa Agaciro como analista de los rivales. Sacaron al APR en semifinales y al Rayón Sport en la final.

Samyr Sánchez tuvo la oportunidad de quedarse como técnico principal del Mukura

“Después de la Copa el técnico camerunés no logró buenos resultados y fue despedido, Tony se fue a Honduras por lo que la directiva me ofreció ser técnico principal. Puse algunas condiciones pero no fueron aceptadas, así que no llegamos a un acuerdo por lo que me regresé a España”.

Estando en Madrid también recibió una oferta del KMC de la primera división de Tanzania. “Es una liga más competitiva, pero pedí condiciones económica que no me garantizaban. También por el tema pandemia era complicado salir de Europa”.

Así llegó a su fin la aventura africana. Una de la que, entre muchos recuerdos, cuenta uno con mucha gracia. “Yo vivo muy pendiente del tamaño de la cancha, de las arquerías, que tenga las medidas reglamentarias. Una vez me pongo a ver la del lado de nuestro portero y noto que hay cosas blancas en la raya, pensé que si el arquero la pisaba se podía resbalar y quise quitarla, cuando me vieron me regañaron. Parece que eso blanco era algo de brujería”.

Un episodio similar se vivió en el partido entre Mukura (aurinegro) y Rayón Sport (azul)

Ahora Samyr Sánchez es analista de videos del Móstoles URJ de la tercera división de España. Desde la distancia dice estar muy pendiente de la liga venezolana y la vinotinto.

“Siempre estoy analizando los partidos de la liga y la selección. Me parece fantástico el trabajo que está haciendo José Peseiro. Se nota que tiene buena lectura de los jugadores venezolanos. Para mí el mejor que tenemos es Yangel Herrera pero Junior Moreno es muy inteligente. También me encantan Otero, Soteldo y Savarino, así como Machis y Osorio, que anda bien en Italia”.

No descarta en algún momento volver a Venezuela y trabajar en un club, por ahora, a los 35 años, quiere ganar experiencia. “África es un buen mercado para regresar”. Al parecer la aventura en Ruanda lo animó a conocer ligas más exóticas.

Acerca del autor

Miguel Ángel Valladares

Soy periodista egresado de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto, Venezuela en 2007. Fui fundador y coordinador de deportes del Diario La Prensa de Lara por ocho años. Me apasiona el deporte. Cubrí eventos internacionales como la Copa América 2007 y 2011. Me gusta contar historias.

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