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El yoga ganó a pesar de mi resistencia

La mayoría sabe de mi afinidad por el yoga y cómo lo incorporé a mi día a día. Sin duda, se convirtió para mí en un estilo de vida.
Primera vez como profesor en un Shala / Cortesía

La mayoría sabe de mi afinidad por el yoga y cómo lo incorporé a mi día a día. Sin duda, se convirtió para mí en un estilo de vida.

Hace poco, Triángulo Deportivo publicó un artículo sobre los beneficios de la práctica del yoga en la carrera de Robertico Rosales. Él es uno de los mejores jugadores de la historia de este país y un hermano al cual admiro mucho.

En esta oportunidad, Rosales me inspiró, por eso decidí escribir esta semana respecto a este tema que, para mí, es algo muy importante. Desde el plano deportivo/profesional, hasta el plano personal/espiritual.

Triangulo Deportivo es una página deportiva, evidentemente. Y, como en esta parte del mundo somos seres muy físicos y visuales, donde la mayoría incorpora la práctica del yoga como actividad para el bienestar físico; esta es la plataforma ideal para mostrarle a todos los lectores cualquier tipo de beneficios que podría tener el incorporar esta herramienta de vida para su día a día.

Para no profundizar, ni polemizar, ya que es un tema bastante controversial para la mayoría, voy a considerar tres planos en los que las personas deciden habitar cuando del yoga se trata.

  1. El yoga es una simple actividad física. Sí, de hecho lo es y genera mucho bienestar físico.
  2. Es para el control de la mente, que, de hecho, también lo es. Los yogasutras de Patanjali son una serie de textos sabios antiguos en forma de aforismos, en el que uno de ellos reza en sánscrito: “Yogah Cittavrtti Nirodah” (Yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente).
  3. El tercer plano es el que incorpora el yoga como un estilo de vida. Ese es mi caso.

En definitiva, cualquiera de los tres planos del yoga es el correcto y el ideal para aquellas personas que así decidan estarlo. Por eso es una herramienta de vida inclusiva y universal.

Dicha esta larga introducción, hoy no voy a hacer una monografía con respecto a lo que es el yoga y sus beneficios. Hoy van a leer mi experiencia con respecto a la primera vez que di una clase de yoga como profesor en un Shala, o estudio de Yoga, de una manera mas profesional. Entendiendo la responsabilidad de ser un acompañante de los procesos del practicante, o como diría uno de mis maestros: asumirnos como sanadores.

Hasta que se rompió el dique

Hace un par de semanas me enteré de que el primer estudio de yoga o shala, en el que practiqué en mi vida, volvía a abrir sus puertas: Padmayoga (@padmayogaccs); ubicado en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, en mismo nivel que el Trasnocho Cultural.

La alegría fue increíble, me enteré de que la profe Maria Corina (@cori.om) asumiría las riendas del primer sitio donde practiqué yoga. A ella le tengo una gran admiración, no solo por su capacidad de dar las clases, sino como mujer emprendedora y persona con una energía que moviliza a los demás para lograr cosas geniales.


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En fin, siempre opuse resistencia a dedicarme a dar clases en un shala, no me pregunten por qué. Me certifiqué como profesor solo como un regalo para mí y punto. Pero a medida que pasaban los días comenzaba a inquietarme la idea. Comencé a dar clases a algunos amigos en sus casas, hasta que ese día muy orgánicamente llegó.

Karma yoga es una clase que se da gratis. Es un servicio desinteresado para las personas, que se imparte los sábados en ese lugar. El viernes pasado fui a practicar como cualquier día normal, pero cuando me disponía a entrar a mi clase, la profe me preguntó si quería dar la clase del día siguiente. Más que una pregunta fue como una buena patada en el…, para que me pusiera las pilas. Lo cual agradeceré para toda la vida jejeje. Por supuesto que acepté. A partir de ese día, la resistencia que tenía para dar clases de una forma mas formal en un estudio de yoga se diluyó por completo.

¿Y cómo me fue el sábado?

No pretendo dejar que mi signo lunar y mi ascendente hablen por mí, ya que suelen aparecer con actitudes prepotentes con las que no me siento cómodo jejeje. Pero puedo asegurarles que me sentí como yo mismo soy. Me sentí auténtico, como si lo hubiese hecho muchas veces antes, sin ningún tipo de incomodidad. Lo disfruté y veía como los demás lo disfrutaban.

Cuando percibí la confianza del practicante, que acepta mi propuesta y mi compañía en su propio proceso; conecté con mis propósitos de vida: servir e inspirar a las personas. Y eso, en definitiva, es una de mis brújulas en mi vida.

Me ofrecieron un horario a las 5:00 PM, los viernes en las semanas de flexibilización. Ahora formo parte del grupo de profesores del Whatsapp y no me pregunten cómo ni en qué momento pasó. Pero cuando el Universo te llama o te manda personas grandiosas y, además, te atreves a fluir con su propuesta, el resto sale solo.

¿El aprendizaje?

La vida no me da lo que quiero, sino lo que realmente necesito.

Acerca del autor

Ricardo Andreutti

Del Andreutti al Ricky, como Benjamin Button. Supongo que soy futbolista, pero mi mayor suposición es que puedo escribir. Caraqueño que vive en el sueño que diseñó de niño. Agradecido, bibliófilo, emprendedor, yogui, servicial y movido por la inspiración. El universo me regaló conectar con Triángulo Deportivo, donde nos co-creamos y robamos métricas para regalar vivencias, así como Robin Hood. Prometo dar lo mejor, como cuando afronto mis partidos, no obsesionado por el resultado sino por el disfrute.

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