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La Serie del Caribe ya no está en peligro de extinción

Hace poco más de una década, era pesimista sobre el porvenir de la Serie del Caribe. Ahora, el paisaje ha reverdecido de un tiempo para acá.
Yadier Molina / TW Criollos de Caguas

Hace poco más de una década, quien suscribe esta columna era pesimista sobre el porvenir de la Serie del Caribe. Parecía una competencia lánguida y sin dolientes. Le faltaban figuras y le sobraban problemas. Escaseaban los motivos para sentarse a verla. Encumbrados ejecutivos de la pelota invernal no disimulaban su desencanto. La Serie se había vuelto un estorbo. “Debería desaparecer”, dijo un exdirectivo de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

El paisaje se ha ido coloreando de un tiempo para acá y la Serie del Caribe ha reverdecido. Un buen ejemplo lo tenemos en Mazatlán 2021. 

La Serie del Caribe había perdido capacidad de convocatoria y estaba huérfana de peloteros de renombre. Si en el esplendor de su pasado los equipos participantes eran la expresión más acabada de sus respectivas ligas, en sus horas más bajas el certamen se conformaba con pálidos reflejos de los clubes campeones. De ahí que fuera declarada especie en peligro de extinción.

Por eso, reconforta ver en el Teodoro Mariscal, en plena pandemia de Covid-19, a Robinson Canó, a Yadier Molina, a Carlos Martínez, a Harold Ramírez, a Willians Astudillo. Más allá de las circunstancias coyunturales que facilitaron la presencia de personajes como Canó y Molina, lo cierto es que el torneo parecer haber recobrado algo de su antiguo magnetismo.

Hace poco más de una década, era pesimista sobre el porvenir de la Serie del Caribe. Ahora, el paisaje ha reverdecido de un tiempo para acá.
Robinson Canó en Mazatlán 2021 / Fuente Externa

Nadie pretende que la Serie del Caribe vuelva a ser como en su edad dorada, cuando asistían al llamado los mejores entre los mejores. Pero que ya los contendores no sean remiendos de la nómina que se coronó en su país es un avance. Lo podemos ver con Caribes de Anzoátegui.

Casi todos los componentes de la novena aborigen que barrió a Cardenales de Lara, en la final de la LVBP, se alistaron para Mazatlán. Y el equipo ciertamente se reforzó con la presencia de elementos como Danry Vásquez, Raúl Rivero y Pedro Rodríguez. Es verdad, a Caribes le costó Dios y su ayuda batear en los primeros encuentros, pero no ha sido por falta de artilleros. En ese equipo que viajó a la Serie del Caribe está el campeón bate con más alto promedio en los archivos de la LVBP (Alí Castillo), el líder en OBP y OPS (Danry Vásquez), uno de los principales remolcadores de la fase regular (Astudillo) y el Más Valioso de la final (Sardiñas). Nadie podrá decir que Caribes no le está haciendo justicia a la liga venezolana. 

Willians Astudillo / Prensa Superdeportiva

México mucho tiene que ver con el rescate de la Serie del Caribe y es su ángel custodio. Luego de llegar a un estado de postración tal que forzó al clásico regional a exiliarse en Miami a principios de los noventa, la liga mexicana siguió viéndole potencial a la competencia. Los mexicanos, reyes Midas de los espectáculos deportivos en América Latina, mercadearon la Serie con éxito y llevaron público, y patrocinantes, a un evento que lucía condenado al ostracismo. Cada vez que el torneo se disputa allá, el espectáculo es atrayente, con escenarios modernos, remozados, flamantes. Todo eso le ha cambiado la faz a la Serie del Caribe.    

Los cambios de formato, y las nuevas incorporaciones, también han aumentado el interés de la Serie, que ahora llega a más audiencias. Haber sumado al campeón de la Serie Nacional cubana fue un acierto. Por cierto, la Confederación debería hacer el mejor esfuerzo para su regreso.


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Ciertamente, en el plano estrictamente deportivo, los clubes colombianos no han dado la talla en sus dos participaciones (Vaqueros de Montería en 2020 y Caimanes de Barranquilla en 2021), pero han agrandado el radio de acción del campeonato.

Ha sido una maniobra hábil del comisionado Puello Herrera vender la Serie del Caribe como una medición entre países, cuando claramente no lo es. Pero el concepto de nación mueve vibras sensibles que, de paso, activan el consumo. La Serie del Caribe fue, es y seguirá siendo, un enfrentamiento de clubes campeones, así los arropen con banderas para vender mejor el show.

Ya en el plano netamente beisbolístico, Mazatlán 2021 ha sido un espectáculo rescatable, más allá de las individualidades descollantes a las cuales hemos hecho mención. Ha habido, en líneas generales, buen pitcheo y aceptable defensa. Es necesario, sí, nivelar al campeón colombiano y es por eso que luce inconveniente seguir expandiendo la membresía, al menos en el futuro inmediato ¿Podrían ofrecer torneos emergentes como el de Nicaragua y Curazao la calidad que demanda este momento de la Serie del Caribe? Diera la impresión de que no.  

Más bien podría representar un retroceso después de todo el avance con respecto a aquel nefando año de 1990, cuando la Serie del Caribe tocó fondo al refugiarse dentro de un estadio de fútbol americano en Miami, donde había que extender una lona negra detrás de la pared del leftfield para que un fly al cuadro no se convirtiera en jonrón. De eso solo queda un mal recuerdo. 

La Serie del Caribe desapareció durante casi diez años en los sesenta y fue capaz de revivir. Desde aquí hacemos votos para que nunca más vuelva a hundirse en el Mar de las Antillas.   

Acerca del autor

Carlos Valmore Rodríguez

Periodista deportivo, especializado en la fuente de beisbol. Graduado en la UCAB en 1999. He trabajado en El Nacional, Líder, Meridiano, Unión Radio, IVC, Beisbolplay.

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