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Fútbol

Sorteo de la Copa America 2007, un día del amor que dejó poco

El presidente Hugo Chávez el día del sorteo de la Copa América 2007 / AFP

El 14 de febrero del 2007, cientos de miles, para no decir millones, de parejas futboleras en Venezuela celebraron el Día del Amor pegadas al televisor. Por primera vez en se sorteó la Copa América en nuestro país, un torneo que es un capítulo aparte en el libro de historia del deporte en una nación que siempre ha amado el fútbol, pero nunca lo había tenido tan cerca.

Fue una fecha especial. El Teatro Teresa Carreño fue la sede de aquel magno evento en un momento clave para Venezuela. Los hilos del país los manejaba Hugo Chávez, sin atenuantes. El precio del barril de petróleo rozaba los 70 dólares, casi 10 años después de haber estado en $12.

Según datos de PDVSA, para ese año Venezuela producía poco más de 2 millones 400 mil barriles de crudo al día. Estas cifras se unieron con la designación como sede del evento continental para armar una danza de millones de dólares de la que aún no se tiene una cuenta exacta de cuántos fueron; también se debate del beneficio que le dejó al fútbol venezolano, más allá de la ganancia que significó para algunos bolsillos.

Si hay algo que hubo aquella noche del 14 de febrero en el Teresa Carreño fue amor. Cantó Oscar D’León, Tambor Urbano, Reynaldo Armas y Juan Carlos Luces, aquel rubio cantante que años después emigrara a Estados Unidos donde ha ganado premios Grammys.

Hugo Chávez manejaba el país como su fuese su propia casa y aquella noche dijo “Levanto la copa (…) hoy, en el día del amor, por América, por la paz, por la unidad, por el fútbol, por la vida”. Lo acompañó Jorge Rodríguez como Vicepresidente, aún ocupa altos cargos. El evento lo moderó el actor Fernando Carrillo.

Como dato curioso, también se dieron cita varios de los dirigentes señalados, una década después, en el FIFA Gate. Rafael Esquivel, Eugenio Figueredo, Nicolás Leóz, entre muchos otros. Todo era un elixir, un derroche de recursos en medio de una Venezuela que hace rato había sacado la nariz del agua de la crisis económica.

Pero… Casi todo siempre tiene un pero.

¿Qué dejó aquella Copa América?

En medio de la danza de millones de dólares asignados, todo parecía estar donde tenía que estar. Varios estadios fueron remozados (Cachamay, UCV, Pueblo Nuevo, Pachencho Romero, Agustín Tovar, José Antonio Anzoátegui), otros fueron levantados nuevos (Metropolitano de Lara, Mérida y Monumental de Maturín).

Todos los proyectos eran faraónicos. Parecía que era el momento propicio para darle impulso al fútbol venezolano, pero también a otros frentes. El sector de la construcción, el turismo, en fin. Era un desarrollo integral que traía el albergar un torneo de transcendencia mundial.

Aquella noche del 14 de febrero del 2007 se sortearon tres grupos y Venezuela quedó junto a Uruguay, Perú y Bolivia. Jugaría la primera fase entre San Cristóbal y Mérida. La vinotinto se sentía a gusto en un eje andino famoso por vivir el fútbol como pocos en el país.

Pero la Copa América tuvo que iniciarse en medio de un desorden sin precedentes. Varios estadios tuvieron que abrir sus puertas, quizás sin tener puertas que abrir porque el tiempo no alcanzó. El presupuesto perdió la brújula, en gran medida debido a que estadios se construyeron por decretos de emergencia, lo que evitaba que se presentaran licitaciones.

Con terrenos de juego hermosos, pero solo al mirar a la grada era normal ver vigas levantadas con algunos sobrantes. Techos sin colocar, gigantografías donde debían ir butacas, además de un particular olor a cemento fresco, ese que acompaña a los grandes eventos deportivos que se montan (o montaban) en Venezuela. Ejemplo, Juegos Nacionales.

“En cuanto a infraestructura, la Copa América dejó unos cuantos de esos estadios monumentales, faraónicos, que con el tiempo prácticamente se han tenido que reconstruir. El caso más emblemático es el estadio de Maturín, que tuvo un costo de 140 mil millones de bolívares, un costo que está completamente fuera de escala, que no tiene ninguna justificación, racional, más allá de la borrachera que había en el país, producto de esa Venezuela saudita, que se vivió y no se aprovechó. En cuanto a planta física no hubo avance. Ahí está el Monumental, ahí está Cabudare —Barquisimeto— y el de Puerto La Cruz —José Antonio Anzoátegui—, una instalación que también ha tenido muchos problemas. Son pocos los estadios que se pueden rescatar o que se hayan mantenido como polos de atracción y de efecto útil para el fútbol venezolano”.

Carlos Domingues al portal El Estímulo

A pesar de tener estadios con grandes dimensiones, la selección de Venezuela no podría jugar en varios de ellos. El Metropolitano de Cabudare no se culminó, el José Antonio Anzoátegui se deterioró con el tiempo; de hecho, ahora no hay equipo de primera división que juegue allí. El Pachencho Romero de Maracaibo tuvo que refaccionarse de nuevo para que Zulia pudiese jugar Copa Libertadores allí.

El gran estadio de Maturín, con sus 52 mil asientos, no se ha podido llenar ni con la selección en Eliminatorias mundialistas. Pero si de juegos de clubes se habla, aún se recuerdan los 45 mil 152 espectadores que rompieron récord en el Caracas – Lara en Cabudare. Esa cifra no se ha podido superar, aunque solo Maturín pudriese.

Los estadios venezolanos descendieron dramáticamente su asistencia, cayendo a niveles mínimos en los últimos años.

La expansión en los clubes, mayor cantidad no necesariamente ha sido mayor calidad

Para la temporada 2006-2007 la primera división venezolana estaba compuesta por diez equipos. Caracas fue campeón al vencer al UA Maracaibo en la final. Pero en plena efervescencia por la Copa América, se decidió que una manera de aprovechar la infraestructura del torneo se expandiera de 10 a 18 clubes.

El Vigía y Guaros de Lara habían ganado el ascenso. Otros equipos como Llaneros, Unión Lara, Estrella Roja, Anzoátegui, Deportivo Italia y Estudiantes de Mérida se vieron beneficiados y lograron subir también.

La primera división venezolana comenzaría a ganar en equipos pero no necesariamente en victorias a nivel internacional. Zulia jugó cuartos de final de Copa Sudamericana y Caracas también disputó cuartos pero en Libertadores, del resto poco o nada.

14 años después de aquella expansión, la primera división ha experimentado cambios en número. Ahora son 21 equipos organizados en tres grupos. Varios de ellos han estado inmersos en señalamientos por deudas y, salvo unos pocos, la gran mayoría no tiene una sede social.

Selección sí creció al igual que los jugadores en el exterior

Aquella Vinotinto de la Copa América de Richard Páez sí estaba en pleno crecimiento. El proceso de dejar de ser la “cenicienta” para ser un seleccionado competitivo estaba en pleno desarrollo.

Para esa Copa América 2007, la Vinotinto estaba ubicada en el puesto 56 del ránking FIFA y,14 años después, es la 28. En la edición del 2007 el anfitrión se quedó en cuartos de final y cuatro años más tarde, en Argentina 2011, fue semifinalista.

Aún no ha clasificado a un Mundial de mayores, aunque sí ha estado en tres de menores, incluyendo una final en sub 20.

Ya para ese 2007 el jugador venezolano era tomado en cuenta a nivel internacional. De hecho, de los 23 convocados 14 jugaban en el extranjero. Pero ahora no solo militan en otras ligas, sino en otras más competitivas que las de aquel entonces cuando Juan Arango era el único que jugaba al más alto nivel con el Mallorca español.

Fuera de la cancha, miles de espectadores se quedaron con las ganas de ver las máximas estrellas del fútbol mundial. La empresa DeLujo Producciones, encabezada por Luis Muchacho, dejó a muchos sin las entradas por las que pagaron, creando frustración y caos.

Dos días antes de la semifinal, el Comité Organizador le quitó el partido a Caracas y se lo llevó a Maracaibo, dejando al coso de la UCV solo para un intrascendente partido por el tercer lugar.

Los grandes proyectos para hacer autosustentables los grandes estadios se quedaron en eso, grandes proyectos. No hubo cines, ni bancos, ni oficinas, ni hoteles. Cuando mucho, en casos como el de Cabudare, del gran proyecto no quedó ni la cancha alterna, la cual se la comió la maleza. La maltrecha cerca de alfajol se mantiene en pie, pero cada vez más oxidada.

14 años de aquel inolvidable día del amor Venezuela daría un paso para entrar en la élite del fútbol sudamericano, un bus que pasó de largo y que quizás no vuelva a dar la vuelta.

La imagen de la mascota Guaky se convirtió en un símbolo del deporte venezolano

Acerca del autor

Miguel Ángel Valladares

Soy periodista egresado de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto, Venezuela en 2007. Fui fundador y coordinador de deportes del Diario La Prensa de Lara por ocho años. Me apasiona el deporte. Cubrí eventos internacionales como la Copa América 2007 y 2011. Me gusta contar historias.

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