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Columnistas

Memorias de la primavera

Solo en los entrenamientos de primavera de 2007 fue posible la mesa redonda que hicimos con Miguel Cabrera, Magglio Ordóñez y Carlos Guillén.
Entrenamientos de Primavera / Mike Ehrmann/Getty Images/AFP

Cubrir los entrenamientos de primavera de Grandes Ligas es una de las experiencias más enriquecedoras que puede tener un reportero especializado en la fuente del beisbol. Es la oportunidad perfecta para escribir historias reposadas, sin las prisas y desesperos del diarismo y sin las respuestas prefabricadas de los beisbolistas en campaña. Ayuda también que, como en ninguna otra época del año, los peloteros se vuelven locuaces, acaso porque los mata el aburrimiento de las rutinas de pretemporada y les da por charlar más y mejor. 

Solo en Spring Training fue posible la mesa redonda que hicimos en marzo de 2007 con Miguel Cabrera, Magglio Ordóñez y Carlos Guillén, las tres estrellas venezolanas de los Tigres de Detroit.

Sabíamos que, hasta en primavera, propiciar esa tertulia con estos tres astros de las mayores –generalmente parcos todos ellos-  constituía un proyecto ambicioso. Primero, tenían que simpatizar con el ejercicio. Segundo, debíamos sincronizar sus horarios y actividades para que pudieran converger durante al menos media hora.

Cuando le planteamos el asunto a Carlos Guillén y este respondió con un entusiasta “¡sí va!”, supimos que la utópica conversación iba a tornarse real. Guillén llamó a Cabrera y a Ordóñez y todos accedieron a sentarse en una mesa de picnic ubicada justo al lado del campo principal del Joker Marchant, el reducto primaveral de los Tigres en Lakeland, estado de Florida. 

El candente tema del Clásico  

Para “venderles” el plan, ideamos un temario que generara el menor rechazo posible.  Desarrollamos tópicos estrictamente beisboleros, ajenos a la polémica, a la cual suelen ser alérgicos los peloteros, sobre todo este trío. Era nuestra concesión para lograr el objetivo. Cuál sería nuestra sorpresa cuando Guillén nos ataja con un “No, pero eso está ladilla. Por qué no hablamos de lo que pasó en el Clásico Mundial”.

El Clásico Mundial, cuya primera edición había ocurrido un año antes, era una herida sangrante en el costado del beisbol venezolano. El país había acudido a ese torneo de selecciones nacionales ideado por MLB con un plantel que le concedía favoritismo. Difícilmente podían volver a confluir en un roster nacional peloteros como esos, y menos en el punto de rendimiento en el cual se hallaban para la primavera de 2006.


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No obstante, aquel elenco cuajado de joyas no pudo batear (dejó promedio colectivo de .186 con Cabrera, Guillén, Ordóñez, Bob Abreu, Víctor Martínez, Ramón Hernández y Edgardo Alfonzo en el lineup) y se despidió en la segunda ronda del certamen tras caer contra Cuba y perder 2-1 en San Juan de Puerto Rico frente a la potente República Dominicana. Los reproches y quejas fueron directamente proporcionales a la decepción experimentada por la afición. De ese tema tan espinoso querían hablar los triunviros de Detroit.

Y no se guardaron nada. Cuestionaron desde la preparación que tuvo la selección (a cargo del comité gerencial y la Federación Venezolana de Beisbol) hasta la capitanía de Omar Vizquel. “Esto no es un barco para andar nombrando capitanes”, dijo uno de ellos. “Todos somos capitanes”, mencionó otro.

Aquella primavera pasaron revista también por el beisbol profesional venezolano y todos se despacharon contra Buddy Bailey, el impopular, pero exitoso mánager de los Tigres de Aragua para entonces. “Solo le concedo que maneja bien el pitcheo, pero no sabe cómo tratar a los peloteros. Por eso yo creo que mientras él siga allí no volveré a jugar en Venezuela”, disparó Cabrera, quien años después le concedió méritos al hosco tropero que encabezó la dinastía bengalí durante los primeros diez años del siglo XXI. Guillén, que también cargó contra Bailey aquella mañana fría en Lakeland, años después lo nombró mánager desde su cargo de presidente de los Tigres.  

Cuartillas y más cuartillas

Todos los temas que nosotros hubiéramos obviado para convencer al disting uido trío de participar en la experiencia brotaron espontáneamente de sus gargantas. “Bueno, apaga eso que ya esto está muy largo”, dijo Guillén para ponerle fin al foro. Fue casi una hora de grabación de aquella conversación, a la cual se unieron también el padre de Miguel Cabrera y el exlanzador de Grandes Ligas Miguel Ángel García, quien en ese momento formaba parte del buró de scouteo de Detroit. 

Tomó horas, hasta amanecer en nuestro hotel en Kissimmee, transcribir aquella explosiva tertulia con tres de los mejores peloteros venezolano en aquel momento. Y el contenido se desparramó en dos entregas, de tres páginas cada una, en un diario deportivo. Un triunfo editorial solo posible viajando a los entrenamientos de primavera, que comenzaron esta semana camino hacia la zafra correspondiente a 2021.

Como le hemos escuchado decir a maestros del oficio: el buen periodismo cuesta dinero. Para tener una historia como la que acabamos de relatar, un medio debe costear la expedición, que cuesta miles de dólares. Lamentablemente es una inversión inviable para un medio venezolano en estos tiempos de decadencia. Pero no cabe ninguna duda: vale la pena. Y como vivencia profesional no tiene par. Ni una Serie Mundial se le compara, a pesar de que se trata de unas simples prácticas. La verdad es que, periodísticamente, son mucho más que eso.      

Acerca del autor

Carlos Valmore Rodríguez

Periodista deportivo, especializado en la fuente de beisbol. Graduado en la UCAB en 1999. He trabajado en El Nacional, Líder, Meridiano, Unión Radio, IVC, Beisbolplay.

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