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Amleto Monacelli y el aprender a aceptar para transformar

Amleto Monacelli fue el primer no estadounidense en ser elevado al Salón de la Fama del bowling

El viaje desde Columbia, en Tennessee, hasta Indianápolis dio para conversar. Amleto Monacelli iba en el bus con las chicas del Martin Methodist College a una competencia de bowling. Que lujo, a las bolicheras de esa universidad las entrena un Hall Of Fame del deporte en Estados Unidos. Un hombre que entendió el significado de la palabra “aceptación” y ahora quiere enseñarlo.

A pesar de su nombre, Amleto es venezolano, nacido y criado en Barquisimeto. Amante del fútbol, como buen descendiente de italianos, pero bolichero hasta la médula. Un día, cuando niño, le dijo a su abuela que quería ser el mejor bolichero del mundo y por dos años consecutivos fue el número uno del ranking.

La vida de Amleto Monacelli ha cambiado con el paso del tiempo. Ya no pasa tantas horas en aviones y aeropuertos. Entrena en una universidad, va al gimnasio y trabaja su mente, ya no tanto para tumbar pines sino para dejar otro legado.

El libro de amleto Monacelli está a la venta a través de Amazon

Así nació su segundo hijo. Uno que se publicó en español pero ya se trabaja para que se haga también en inglés. Su nombre es “Sueña, cree y hazlo”, un libro autobiográfico en el que explora una faceta para muchos desconocida. “Siempre escribía en un cuaderno cosas que me pasaban hasta que una amiga un día me dijo que debía escribir un libro. Es un legado que estoy dejando para ayudar a motivar a la gente a salir de sus tristezas y depresiones. Puedes estar en mejores condiciones cuando te lo propones”.

El viaje es largo, así que sobra el tiempo para escuchar a uno de los mejores deportistas en la historia de Venezuela. Un tipo que se convirtió en leyenda de un deporte que no es tradicional como el béisbol, fútbol o baloncesto. Uno que aprendió que la psicología, combinada con la pasión y el talento, podían llevarlo al lugar donde siempre quiso estar.

El viejo bowling de la avenida 20, donde todo comenzó

“Mi papá y mi tío tenían un terreno en la avenida 20 entre 33 y 34 en Barquisimeto. Primero pensaron en construir un hotel, luego hicieron un centro comercial abajo y el bowling arriba”. Así comenzó la carrera de otro Hall Of Fame venezolano. Uno como Luis Aparicio o Rubén Limardo, más recientemente.

La construcción del viejo boliche fue el punto de inflexión en la vida de Amleto. “Era mi entorno, el paraíso”. Allí tumbó sus primeros pines y comenzó a forjar una determinación que lo llevó a ser de los mejores bolicheros en la historia.

Su abuela llegó a Venezuela procedente de Italia, huyendo de los años de la post guerra. En la tierra que ya no recibe inmigrantes sino que los produce, consiguieron prosperidad y paz. Precisamente allí nacieron los hijos y nietos, una familia Monacelli que se convirtió en una institución cuando se habla de bowling en el país.

El barquisimetano fue medalla de plata en los Panamericanos de Toronto en 2015 / COV

“Mi papá montó el bowling cuando tenía 11 años y un día le dije a mi abuela que quería ser el mejor jugador del mundo. Ella me dijo que si quería eso para mi vida que confiara mucho en Dios. Así fue, siempre he tenido cercanía con él, cuando se me olvidaba rezar un día, al siguiente me arrodillaba y lo hacía. Le pedía por mi sueño y fíjate, fui número uno del mundo dos años consecutivos”.

Así fue. Un día se propuso ser el mejor del mundo y lo logró. Ganó su primer título profesional en 1987 en la Copa Japón y un año después triunfó en cuatro más, incluido el Touring Players Championship. Precisamente en ese año ganó el premio como jugador del año PBA, primera vez que lo obtenía un jugador no estadounidense.

Para 2016, Amleto Monacelli había ganado 20 títulos profesionales, estando en el puesto 13 entre los más ganadores de todos los tiempos. El impresionante palmares no se logró solamente lanzando bolas en una línea. Tampoco viviendo en un gimnasio entrenando el cuerpo, la mente ha jugado un papel más importante de lo que algunos creen.

La biografía de un atleta enfocado que aprendió a aceptar

“El talento no lo es todo. Debe haber pasión, eso es lo que te permite sentirte enfocado en lo que están haciendo. No puede haber metas cortas, no puede importar perderse fiestas u otras distracciones”.

Amleto Monacelli decidió hacerle caso a aquella amiga que le dio la idea de escribir un libro y contar su historia. Una que está llena de momentos amargos pero que, al superarlos, se dio cuenta que todo fue parte del proceso. Obstáculos que al superarlos le demostraron que lo importante es el sacrificio, trabajo y constancia. Así llegó a ser el mejor del mundo.

En todo ese trayecto Amleto entendió el significado de la palabra “aceptación”. No en el sentido de conformarse, pero sí sabiendo que hay cosas en la vida que no puedes evitar, pero sí puedes transformar. La figura de Dios está presente en cada paso que da.

“La gente que no es feliz se perturba si te ve feliz. Lo que hago es orar por ellos, para que no se sientan así. Quisiera como prestarle mis ojos para que vean lo que yo veo y sepan que las cosas pueden ser diferentes.

Precisamente en su camino a la aceptación ha tenido que seguir adelante luego de golpes muy duros. El 3 de enero, estando en Estados Unidos donde vive desde hace ocho años, murió su padre en Barquisimeto.  

Amleto junto a su recién fallecido padre, Rodolfo Monacelli / El Informador

“Ese fue un golpe muy duro porque tuve que aceptar que no pude ir a Venezuela a darle el último abrazo cuando enfermó. Primero tuve COVID-19, empecé a tener síntomas de gripe y salí positivo. Ya me habían conseguido un pasaje. Luego cancelaron los vuelos. Cualquiera se pudiera quedar en la queja pero si Dios no puso eso en nuestro camino, él nos da la fortaleza, si estás convencido de eso. La aceptación es una palabra muy importante, así no nos guste”.

¿Qué más te ha tocado aceptar?

El significado de la aceptación ha sido clave. En su libro cuenta anécdotas que ahora parecen divertidas, pero en su momento fueron obstáculos. De esos que tuvo que dejar atrás a pesar del peso que significó.

“Tuve que aprender a aceptar que me pararan cinco veces en inmigración para explicar que no venía a trabajar. Eso me provocó perder torneos. Tu sueño no lo puedes abandonar por esas estupideces. Los golpes me forjaron y me hicieron una persona mentalmente fuerte. Si no lo eres, cualquier cosa te va a tumbar”.

Sí, desde hace mucho ha tenido que aceptar y superar situaciones que para otros son inaceptables. Una de ellas es el entender que, pese a su envergadura como atleta, no ha sido tan profeta en su propia tierra.

“Hubo una época que sí me molestó mucho. Una vez no entendí por qué el ganar una etapa del Tour de Francia, sin haber ganado el Tour, era suficiente para ser Atleta del Año en Venezuela. En esa oportunidad yo fui Jugador del Año de la PBA, gané cuatro torneos, con cuatro segundos y 11 finales televisivas”, contó.

Ahora lo cuenta con gracia, pero en su momento no la tuvo. “La misma aceptación me llevó a entender que había ignorancia en las personas que tomaron esa decisión al valorar el esfuerzo de un año. Me llegó a doler también ver como en Nueva Jersey me daban las llaves de la ciudad cuando yo ni estadounidense era. Pero la vida es así, te vas a conseguir con cosas que no te gustan”.

La huella de Dios en su vida

Aquella lección de su abuela cuando le dijo, de forma premonitoria, que quería ser el mejor del mundo lo marcó. La religión y la psicología se convirtieron en una forma de vida que le ha permitido encontrarse y saber dónde quiere llegar.

Como barquisimetano, Amleto Monacelli es devoto de la Divina Pastora. Precisamente con la patrona de los larenses tuvo una de las experiencias más impresionantes de su vida, justo cuando estuvo a punto de lanzar la toalla.

“Cuando estaba en Barquisimeto siempre corría la carrera de 10 kilómetros en honor a la virgen. Pero hay una historia detrás de mi devoción. Estando casado con mi primera esposa estuvimos buscando un hijo por cinco años, ella tenía un problema que la limitaba a quedar embarazada, pero decidimos probar”.

Los primeros intentos fueron fallidos. “Entonces le dije que probáramos con la inseminación artificial y las dos primeras veces no salió. Entonces le dije que intentáramos por última vez y si no se daba teníamos que aceptar que Dios nos decía que no era para nosotros. La última inseminación se hizo el 14 de enero de 1996, el día de la procesión de la Divina Pastora. Mi hermana la caminó descalza como promesa para que ese embarazo se diera y se dio”.

Los sueños que le quedan

Casi a los 60 años, Amleto Monacelli vive una vida tranquila en Estados Unidos. Su casa en Barquisimeto está intacta. La cama sigue hecha como la dejó la última vez que durmió, el carro continúa estacionado en su garaje. Sus pertenencias lo siguen esperando para cuando las cosas cambien.

“No he vendido nada, allá tengo todas mis cosas. Uno de mis sueños es poder regresar a Venezuela a reencontrarme con la familia y los amigos. De los ocho años que tengo en Estados Unidos viví siete en Miami y era diferente porque había muchos venezolanos, pero en Tennessee me siento un poco solo aunque estoy con mi esposa y un chico venezolano que entrenaba en Barquisimeto y estudia en la universidad para la que trabajo”.

También se ve en un tiempo cumpliendo el rol de abuelo. Su hijo tiene 24 años y no tiene apuros en ser padre, pero Amleto sueña con el día que ese bebé llegue. “Sabes que siempre he tenido una conexión con los niños. Cuando era chamo siempre andaba con viejos porque sentía que aprendía, ahora que estoy viejo me rodeo de niños”.

Amleto Jr., llegó en un momento clave en su vida, ese proceso lo conectó con Dios y, como muchas otras experiencias, le volvió a hacer vivir el tener que aceptar. “Cuando él nació yo viajaba mucho. Recuerdo que me iba en el vuelo madrugador para Caracas y me acercaba a su cuna, lo besaba, lo abrazaba. Me perdí muchas cosas, pero luego entendí que él lo hubiese querido así porque sabe que lo que logré me hizo ser un hombre feliz”.

El camino a Indianápolis siguió, más no la conversación. Amleto Monacelli continuó el camino con sus alumnas en busca de seguirse formando en un deporte como el bowling, tan seguido en otros países, más que en Venezuela. Pero es aquí donde está su huella, sus recuerdos y a donde quiere traer su libro “Sueña, cree y hazlo”.

Acerca del autor

Miguel Ángel Valladares

Soy periodista egresado de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto, Venezuela en 2007. Fui fundador y coordinador de deportes del Diario La Prensa de Lara por ocho años. Me apasiona el deporte. Cubrí eventos internacionales como la Copa América 2007 y 2011. Me gusta contar historias.

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