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Columnistas

Meses de pasantía por el mundo corporativo

Hoy se me ocurre hablar sobre mi día a día, en qué ando en estos momentos y lo que he aprendido de esta nueva aventura en los últimos meses. Ricardo Andreutti.
@rickyndreutti

Hoy se me ocurre hablar sobre mi día a día, en qué ando en estos momentos y lo que he aprendido de esta nueva aventura en los últimos meses. Siempre filtrando el aprendizaje con un guiño hacia el mundo deportivo.

La realidad es que me he tomado unos meses de pausa luego de 15 años de vértigo, en los que no he parado y en los que mi cuerpo no ha dejado de entrenar por más de tres días seguidos. Bueno, tampoco es que he dejado de entrenar, solo que esta vez podemos llamarle “hacer ejercicio”, un término que se acerca a la realidad de un ciudadano común, no un deportista de alta competencia.

En estos meses conocí lo que es la vida de un ciudadano de a pie, con los avatares de la rutina citadina. Con las bondades de ser uno más, como siempre me ha gustado ser, y que mi profesión se le antojaba no dejarme. Con el placer de andar en bicicleta por la calle para hacer mis diligencias, pasear en moto por la naturaleza, andar a pie por la calle sin pensar en que tengo que descansar. Levantarme tempranito porque quiero, no porque debo. Comer saludable y cuidar mi cuerpo porque quiero, no porque debo. Poder acostarme tarde y levantarme temprano sin la angustia de no estar descansado para mi actividad y asumir mis trasnochos con bostezos en el día sin desparpajos.

El placer de no poder estar quieto

Dentro del ámbito laboral, me he metido de cabeza en mis negocios y mis inversiones. Esos que ya tenía andando mientras jugaba, pero que no podía atender personalmente. Ya saben: “el ojo del dueño engorda el ganado”, como dicen criollamente.


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Me he dedicado a gerenciar mis líneas de negocios y animarme a adentrarme en otras. Hacer el papel de propietario y gerente in situ, por así decirlo. Dedicarles mi tiempo y mi esfuerzo a mis negocios, contagiar de energía la mercancía, interactuar directamente con los clientes, facturar, acomodar inventarios, estudiar el mercado para poner precios, crear un perfil de potencial cliente. En fin, conocer los riesgos de esa sabrosa sensación de depender de uno mismo, que por eso no puedo quedarme sentado esperando que el universo llene la cuenta del banco y lleve el mercado a la casa.

Como lo filtro

Decidí abrirme al mundo corporativo desde hace tres años, tener otra área en mi vida que navegue en el mundo laboral más allá del fútbol; no solo por tener un plan B pensando en mi futuro para el día que deje de jugar, sino porque me gusta mucho ese estilo de vida también, cosa que hoy compruebo. De manera que esto no es algo nuevo para mí, lo que sí es nuevo, es esta rutina y esta libertad.

Estos meses he estado tratando de tener una nueva perspectiva del deporte y el fútbol ahora que manejo directamente una empresa y tengo trabajadores que dependen de mis decisiones. Y la verdad es que no ha cambiado mucho. Me enorgullece saber que, en todos estos años como futbolista, y aún más los últimos cuatro diría yo, he tenido una perspectiva amplia y con mucha empatía con las diferentes áreas de esta industria deportiva. Seguramente, hoy pueda entender más algunas decisiones gerenciales, aunque no por eso las comparta.

Puede ser en parte cierto de que el futbolista solo se antoja de ver las cosas desde su lugar y no se pone en la óptica de otras perspectivas del negocio. Pero lo realmente cierto es que sigue siendo el eslabón débil de la línea de producción de esta hermosa industria. Es quien primero paga los platos rotos y quienes tienen menos garantías laborales, aun siendo el principal activo de este deporte. Entiendo que a nivel contable pueda considerarse al jugador como un simple número en el ejercicio del balance general, pero lo que no se explica, es como no entender que ese número es el más valioso de la organización, que sin él y sin su mejor versión, no pueden conseguirse los objetivos.

Y cierro

Agradezco enormemente el permitirme vivir esta experiencia, durante estos meses, que va a sumar mucho para mi futuro. Entender cómo funciona la maquinaria corporativa desde la más cenital de las perspectivas, aprendiendo a desarrollar planes de negocios desde el campo laboral y no desde un aula virtual o un salón de clases.

Invito a todos aquellos deportistas a que se animen a emprender en otras áreas del mundo laboral, no solo para tener un plan de retiro, nadie quiere pertenecer a ese grupo de deportista que se retira y queda en stand by comiéndose todos sus ahorros hasta quedar en la banca rota, sino también para aprender y desarrollar una mirada más amplia del mundo en el que vivimos. Que pueda ayudarnos en nuestras decisiones profesionales, mientras seguimos siendo deportistas de alta competencia, pero, sobre todo, sin olvidar que somos ciudadanos.

Acerca del autor

Ricardo Andreutti

Del Andreutti al Ricky, como Benjamin Button. Supongo que soy futbolista, pero mi mayor suposición es que puedo escribir. Caraqueño que vive en el sueño que diseñó de niño. Agradecido, bibliófilo, emprendedor, yogui, servicial y movido por la inspiración. El universo me regaló conectar con Triángulo Deportivo, donde nos co-creamos y robamos métricas para regalar vivencias, así como Robin Hood. Prometo dar lo mejor, como cuando afronto mis partidos, no obsesionado por el resultado sino por el disfrute.

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