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Fútbol

Gaetano Luongo el campeón eterno del Caracas

El fútbol tiene muchos roles importantes. El delantero se encarga de hacer goles, el defensa de evitar que los arietes rivales hagan daño, los arqueros son la última muralla antes de que la bola del rival entre en el arco propio, o el técnico quien es el encargado de organizar al equipo.

Pero en pocos sitios se mira de cerca al utilero, ese personaje casi anónimo, que tiene todo a punto para que los protagonistas del juego hagan bien su trabajo.

Gaetano Luongo no era cualquier encargado de vestuario. “Imagínate, en que parte del mundo se ha visto que un utilero tenga un trapo de la afición”, decía “el viejo”, el querido inmigrante hijo de italianos que hasta este 6 de abril de 2021 se encargó del vestuario del Caracas.

Desde hoy, Cocodrilos Sport Park y el Olímpico resentirán la ausencia de su gracia mordaz y su bonhomia. Este martes por la mañana, a los 62 años de edad, Gaetano Luongo falleció producto de complicaciones derivadas del Covid-19.

La historia de Gaetano Luongo en el fútbol venezolano comenzó mucho antes de que el Caracas FC ganara todo el oro que adorna su escudo.

Gaetano Luongo desde el anonimato

Comenzó a desarrollar esa carrera como utilero en el equipo de Central Madeirense, a mediados de los años 80, con las mismas ganas y dedicación con las que, hasta sus últimos días, desempeñó su labor.

“‘Gaeta’ es tremendo. Increíble cómo recuerda los detalles para todos los muchachos”, llegó a comentar alguna vez Noel Sanvicente, actual DT del Caracas, y con quien Gaetano Luongo compartió como jugador, y cómo estratega.

“Para mí es como un asistente más. Porque él está tan cerca de los jugadores, que es quien puede darse cuenta quien está bien y quien no, y después va y con mucho respeto, te dice si a alguno le pasa algo”, destacaba Chita sobre el cuida cuartos, al que más allá de un mero empleado del club, consideraba su amigo entrañable.

Pero cuando el infortunio tocó al Madeirense y desapareció, Gaetano se muda al Caracas-Yamaha, que estaba también a punto de extinguirse; hasta que fue rescatado por la familia Valentiner y Laboratorios Vargas. “Apareció el milagro”, decía Luongo entre risas en un documental sobre la historia del club.

Desde ese día, Gaetano abría las puertas de los entrenamientos del primer equipo del Caracas. Se volvió entrañable de Manuel Plasencia, y con él, llegaron los éxitos.

Luongo el amuleto de la suerte

Gaetano Luongo pudo darse el tupé de decir que tenía más estrellas que cualquier jugador o técnico del fútbol venezolano. Fue campeón 12 veces con Caracas. Estuvo en todos y cada uno de sus títulos.

Su trabajo serio y responsable, aderezado siempre por su sentido del humor y su humildad, le hicieron ganarse el cariño de todos los futbolistas que pasaron por la institución.

“Se nos ha ido un gran hombre”, dijo Roberto Rosales, a quien Gaetano Luongo vio llegar al Caracas siendo un niño. “Mi viejo querido, te voy a extrañar”, decía Josef Martínez, otro exjugador del cuadro capitalino, que también recibió las atenciones de Gaetano en el vestuario.

“Nunca he visto un utilero que esté tan pendiente de todo”, comentó hace 11 años José Manuel Rey, cuando aún era jugador del Caracas, al ser cuestionado sobre la figura de Gaetano en el club. “El tipo está al día con los detalles, los zapatos de los jugadores, de la pizarra del cuerpo técnico, de lo más mínimo. Y hasta de ustedes (los periodistas)”, comentó el exzaguero central, mientras Luongo traía unas botellas de Gatorade para refrescar a los reporteros que estaban en Cocodrilos Sports Park ese día.

Su forma de trabajar, con tesón y pasión, eran objeto de una profunda admiración. No por nada, Sanvicente y su cuerpo técnico decidieron que Gaetano Luongo cargase la copa de campeones de la duodécima estrella del club. Sentían que era un homenaje en vida a ese anónimo conocido y querido por todos.

En algún momento, la jefatura del club le ofreció jubilarle con su sueldo y sus beneficios intactos, pero Luongo sentía que su lugar era junto al césped. Consagrado a la ayuda al jugador, al club del que se sentía más que parte, y al deporte que más amó, el fútbol.

Su partida dejó un hondo vacío en Caracas, en Cocodrilos Sport Park, y en todo el fútbol venezolano. Gaetano Luongo quedará en la historia como ese campeón eterno, que ganó todo en el cuadro capitalino.

Acerca del autor

Pablo García Escorihuela

Periodista deportivo venezolano (UCV) con 15 años de experiencia cubriendo distintas disciplinas deportivas para medios escritos (impresos y web) y radio (comentarista). Soy especialista en fútbol, con gusto por el béisbol, el baloncesto y el fútbol americano; trabajé en Líder, Meridiano, El Nacional, AM y FM Center; vivo desde hace tres años y medio en Estados Unidos, desde donde aporto mi visión del deporte.

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