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Te nos fuiste, “viejito”

Ricardo Andreutti aún recuerda el día que conocí a Gaetano Luongo personalmente.
Gaetano Luongo / @Caracas_FC

Aún recuerdo el día que conocí a Gaetano Luongo personalmente. A ese señor que salía en todas las fotos de los partidos del once titular con las tres pelotas en las manos. De ceño fruncido y mirada retadora, con un caminar gruñón y ensimismado. Con cavilaciones recurrentes en torno al trabajo de turno. Toda esa férrea figura intimidante y cascarrabias que solo envolvía un corazón noble y puro, un alma bondadosa y servicial. Una persona a la que terminé pidiéndole la bendición, muchas más veces que a mis propios padres. Mi único ídolo dentro del fútbol, por mas que sea para los desconocidos un simple utilero.

Estaba llegando a mi primer entrenamiento con el equipo en el que siempre quise jugar. El lunes 17 de junio del año 2013, después de afinar unos detalles en las oficinas del Caracas FC, bajé las escaleras para entrar al camerino de Cocodrilos Sport Park por primera vez, cuando me topé con Gaetano. Sus primeras palabras fueron: “quieres el 15, ¿no?”. Porque así era él, directo. Ya sabía todo de mí, mi número preferido, mi talla de ropa y de zapatos, qué tipo de lycra utilizaba, todo… Gaetano Luongo sabía todo de cada jugador que pertenecía a la institución, no se le escapaba nada. Hasta la galleta de pre-desayuno preferida de cada jugador y la cantidad de azúcar en el café que le poníamos.

Nunca vi a nadie que se apasionara tanto en cada partido, que se angustiara tanto como él en los momentos de mayor tensión. Llenaba el banco de suplentes de agua cada vez que lanzaba una de sus cábalas. Por algo es la persona más ganadora en la historia del fútbol venezolano.

Gaetano no podía fallar, jamás, en su trabajo. Llegaba a las 3:30 am todos los días a Cocodrilos y se iba de último en las tardes. Cuando estaba completo su trabajo para comenzar el entrenamiento, se acercaba a participar en las conversaciones que hacíamos previo a la sesión entre los jugadores y cuerpo técnico donde nos reíamos y disfrutábamos, mientras él sonreía y nos miraba con esos ojos de padre que cuida a sus hijos con ternura.


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Conocido en cada rincón de Suramérica, Gaetano se convirtió en el primer utilero del continente en alzar una copa de campeón nacional cuando salimos campeones en Pueblo Nuevo contra Táchira en diciembre del 2019. Nadie más que él merecía levantarla de primero, después de tantos años esperando ese momento. Regalarle la estrella número 12, poder participar con él para obtenerla, es algo que recordaré para el resto de mis días. No solo porque ha sido mi mayor logro, sino porque la conseguí junto a él.

Ya tenía un par de años avisando que su corazón estaba fallando, más de un susto nos hizo pasar, pero siempre volvía con toda su fuerza al trabajo. En nuestro inconsciente creíamos que el viejito era inmortal, que solo moriría el día que dejara de trabajar, pero ya nos dimos cuenta de que no. Hoy escribo estas líneas sin caer en cuenta de que el “viejo” ya no está, después de mensajes compartidos entre mis excompañeros, hubiese deseado estar con ellos en estos momentos después de sentirnos destrozados como ninguna pérdida que haya pasado anteriormente.

Hay algo que nos está matando allá en la calle, un virus que azota sin el escrutinio de la meritocracia, pero tú, “viejito” querido, tú estás por encima de él. Hoy te recordamos como el pilar y la piedra angular de la institución más grande de nuestro país. Como el ídolo entre ídolos. Como el jugador doce que cualquier equipo quisiera tener. Mientras estemos vivos a tu hermosa familia nunca le faltará nada, así que vuela alto y descansa en paz. Estoy seguro de que te encargarás de cuidarnos a nosotros como siempre lo hiciste, con tus doce estrellas bien llevadas en el escudo que tienes tatuado dentro de tu corazón.

Te amo, viejito.

Acerca del autor

Ricardo Andreutti

Del Andreutti al Ricky, como Benjamin Button. Supongo que soy futbolista, pero mi mayor suposición es que puedo escribir. Caraqueño que vive en el sueño que diseñó de niño. Agradecido, bibliófilo, emprendedor, yogui, servicial y movido por la inspiración. El universo me regaló conectar con Triángulo Deportivo, donde nos co-creamos y robamos métricas para regalar vivencias, así como Robin Hood. Prometo dar lo mejor, como cuando afronto mis partidos, no obsesionado por el resultado sino por el disfrute.

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