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Columnistas

La última conversación con Luis Ávila

Luis Ávila
/ Meridiano

“A mí me tenían vendiendo camisas. Y las vendí muy bien, por cierto”. Esta sola línea describe la personalidad pública del ingeniero Luis Ávila: su mordacidad, manejo del sarcasmo, confianza absoluta en sus capacidades y ambición de llegar a ser lo que fue hasta cruzarse con la muerte: presidente de los Leones del Caracas.

Aludía Ávila en esa cita su pasado como vicepresidente del equipo, cargo en el cual la Organización Cisneros le asignó la conducción de la firma Sports Business Services, encargada de la confección y comercialización de indumentaria alusiva al Caracas. Dejaba claro con el comentario que esa casaca le apretaba y que buscaba la talla mayor: la de ser cabeza de león y gobernar al club más exitoso del beisbol profesional venezolano. Estuvo allí desde 2008 hasta la noche de este miércoles, cuando el corazón dejó de latirle en Miami a los 75 años de edad. Lejos de Caracas, donde nació, creció, sufrió y triunfó.

Cerca de los fanáticos

Ávila escaló hasta lo más alto de la institución sin renunciar a su condición de fanático enfervorizado de los Leones. “Ese tal vez sea mi defecto como presidente, y lo asumo”, dijo en más de una ocasión frente a los micrófonos de los periodistas, de los cuales jamás se escondió, ni en las horas más aciagas. Era frecuente verlo entremezclado con el público en la zona VIP del estadio Universitario, justo detrás del home. Allí se retroalimentaba con la euforia y la ira que fluían a su alrededor. A Josh Satin, un importado de cartel que fracasó en la liga, lo despidió luego de sentir la cólera de la tribuna bajar por las escaleras hacia el terreno. Dejó de sentarse allí cuando la crisis deportiva de los Leones volvió aquel predio un territorio insoportablemente hostil. “No es bueno para mi salud”, decía con una sonrisa socarrona.

La primera gran decisión que tuvo que tomar Luis Ávila como presidente de los Leones del Caracas mostró mucho de su carácter y visión empresarial. Comenzaba el año 2008 y el cuadro melenudo venía de ser eliminado en fase regular bajo la conducción de Carlos Hernández, un personaje emblemático de la franquicia. A las pocas semanas de concluido el torneo 2007-2008 Henry Blanco, otro personaje icónico y estrella titilante de la novena, concedió al periodista de El Nacional Humberto Acosta una entrevista con un titular atómico: “Hay que salir del mánager”. La presidencia fue puesta escoger entre dos símbolos del caraquismo. Ávila los echó a ambos. “Nadie está por encima de la institución”, fue su respuesta.

Con una personalidad implacable

A Ávila se le podrán criticar muchas cosas, pero nadie podrá decir que no le dolió el Caracas. Que durante su presidencia los Leones hayan ganado un solo torneo y tocado fondo realmente lo afectaba. Eso sí, jamás dejó de responder una pregunta de los periodistas. Primero en el terreno, luego por teléfono, más tarde por correo. Pero no fue Luis Ávila un presidente evasivo con los cuestionamientos de los fablistanes. Sus respuestas siempre daban de qué hablar. Gustaba del lenguaje sugerido, de decir sin decir. Ingeniero, ¿usted está sugiriendo que….? Ávila levantaba los dos brazos con las manos abiertas a la altura de la cara mientras torcía la cabeza hacia un lado y esbozaba una mueca sardónica. Era su “tú lo has dicho, pero saben qué fue lo que quise decir”.   

Le fascinaba causar escozor. Como cuando dijo que le llamaba la atención que el resto de los equipos parecía tener miedo de hacer cambios de jugadores con los Leones del Caracas. O cuando criticaba a un pelotero o mánager de su escuadra sin disimulos ni retruécanos. Iba a la yugular. Como cuando un león caza una gacela en las sabanas de África.

Nadie que haya trabajado con Luis Ávila le dirá que era fácil tratar con él. Era un jefe exigente, a ratos, implacable. Pero todos coincidirán en que su mente procesaba más rápido que la de los demás. Tenia tres y hasta cuatro jugadas pensadas antes de mover un peón. Era un ingeniero fraguado por Maquiavelo.

Una charla privada

Hace unos meses, este cronista le solicitó a Luis Ávila una entrevista para analizar el cataclismo de la campaña 2020-2021, acaso la peor en la historia del Caracas. El ingeniero dijo: yo te llamo. Y así lo hizo. Porque cuesta encontrar un periodista que haya sido embarcado por Luis Ávila.

La conversación fue larga, pero en vista de que abarcó asuntos delicados, sobre todo en un país con las peculiaridades de Venezuela, pidió que la charla fuera off record. “Es para que entiendas lo que hay detrás de lo que pasó”, dijo.  No publicaremos aquí el contenido de la conversación, pues fue su expreso deseo, pero sí sería pertinente compartir un comentario que nos habla mucho sobre su estado anímico al final de su vida. “Quiero agradecerte porque esto me ha permitido drenar muchas cosas que no puedo decir en público por razones más que obvias. Me has servido de psicólogo”. Muchas preocupaciones se alojaban en su cabeza y corazón, ese que se detuvo para poner fin a la existencia de un hombre de gran vitalidad, a pesar de su edad y quebrantos de salud.

“Luis Ávila era un hombre jodido, pero recto”, dijo un directivo de equipo sin afinidad personal con el difunto presidente de los Leones.  Cualquier hombre quisiera ser recordado así. Y Luis Ávila, todavía más. Ahora se abre el proceso para suceder a este ingeniero con corazón de león. 

Acerca del autor

Carlos Valmore Rodríguez

Periodista deportivo, especializado en la fuente de beisbol. Graduado en la UCAB en 1999. He trabajado en El Nacional, Líder, Meridiano, Unión Radio, IVC, Beisbolplay.

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