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Columnistas

Perturba el silencio sobre la próxima temporada de la LVBP

LVBP
Estadio Universitario de Caracas/ Federico Parra/AFP

La bullaranga suele perturbar la paz de los hombres. En el caso que vamos a abordar, lo que causa desasosiego es un silencio de altos decibeles.

El calendario volteó la hoja de agosto a septiembre y la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP) desconoce a esta fecha lo que tendría que saber desde mayo: calendario, duración del torneo, condiciones de campeonato, formato de competencia, plazas. Es preocupante, tomando en cuenta la necesidad de alzar el vuelo en octubre por cuanto está planificado que la Serie del Caribe comience en enero de 2022, es decir, más temprano que lo habitual.

La LVBP, al contrario, va tarde. Bastante tarde

Cuando Venezuela era menos disfuncional, septiembre era provincia de la LVBP. En este mes comenzaban las prácticas, se anunciaban las listas de jugadores sobre los cuales no se ejercía prioridad de contratación, se divulgaban importados. Todo con un cronograma hecho hasta cuatro meses antes. Los últimos años han alterado el flujograma del país y, por consiguiente, del beisbol. Había la sensación de que la contienda 2021-2022 marcaría una tímida restauración de la normalidad, solo que el proceso se ha estancado hasta un punto alarmante para los participantes.  

Entre algunos actores principales del beisbol profesional venezolano hay inquietud por el mutismo de las autoridades. Dicen que, sin las pautas del Estado sobre temas como bioseguridad y acceso de público se hace imposible diseñar la temporada. En el ayer, los clubes de la LVBP resolvían sin necesidad de hacerle muchas preguntas a quien estuviera administrando las facultades del Estado. Esa autonomía se ha ido perdiendo a medida que el poder público se hizo omnipresente y omnipotente. Y la pandemia de Covid-19 acentúa la tendencia, por ser el Estado el responsable de las estrictas políticas sanitarias que deberían seguirse frente al régimen de ocupación del virus asesino.

Y ahora debemos incluir en la ecuación a un actor que ya va dejando de ser novedoso: otro gobierno, el de Estados Unidos, a través de su Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC, que ha condenado al ostracismo a dos socios de la Liga: Navegantes del Magallanes y Tigres de Aragua.

Este receso entre campañas había tomado renovados bríos. Los equipos se movieron con mayor determinación, convencidos de que el 2021-2022 sería un certamen menos aquejado de incertidumbre. Hicieron cambios de jugadores, mostraron refacciones en sus estadios. Hasta se acordó el regreso del round robin como esquema para los playoffs, el cual había sido desechado por dificultades logísticas y presupuestarias. Se plasmaron propuestas ambiciosas, de 49 y hasta 56 juegos por concursante; y el regreso de dos de los tres “exiliados” (Águilas del Zulia y Caribes de Anzoátegui) a sus estadios de origen.

Todo sigue en un inquietante veremos

“Es hasta contradictorio hablar de un calendario de 56 juegos por equipo cuando se tiene pensado comenzar a finales de octubre”, soltó el gerente de una de las ocho divisas. Y con la indefinición reinante, todavía más, habría que añadir.

Este lunes hubo una reunión de presidentes de equipo. Lo que salió fue una humareda negra. “Nos reunimos, pero no hubo nada novedoso que decir. Estamos en el mismo punto”, expresó uno de los convocados. “Hay un ambiente como si no hubiese temporada a la vuelta de la esquina”, resumió otro alto dignatario.

Claro que temporada va a haber. Esa no es la duda. La pregunta es qué tipo de espectáculo habrá. Resultará determinante para eso no solamente el pronunciamiento de las autoridades venezolanas, sino también de las estadounidenses. Recordemos que, además de la readmisión de Aragua y Magallanes, está pendiente la renovación de la licencia (que vence en noviembre) para que los otros seis elencos puedan nutrirse con personal afiliado a Major League Baseball. El plan que se ha trazado la LVBP con sus abogados es prolongar la certificación de Caribes de Anzoátegui, Cardenales de Lara, Tiburones de La Guaira, Bravos de Margarita, Águilas del Zulia y Leones del Caracas para luego optar por la reincorporación de Tigres y Navegantes.

¿Y el público?

En la Liga Venezolana de Beisbol Profesional asumen que el Estado ha sentado un precedente para ellos al permitirle a la novel Liga Mayor de Beisbol el acceso a público hasta 30% de la capacidad de los estadios donde se lleva a cabo este campeonato veraniego que ha ido ganándose un espacio. No obstante, sin concreciones por parte de los altos funcionarios del Gobierno todo lo que se haga serán pajaritos en el aire.

De todos modos, los equipos adelantan en lo que pueden. Hemos visto varios canjes de peloteros, contratación de agentes libres, hasta firmas de importados. Pero a esta hora, primero de septiembre, seguimos teniendo una temporada 2021-2022 aérea, sin fundaciones sólidas. Es urgente que esa situación cambie se si desea brindar un torneo vistoso, digno de una institución que ha existido de manera ininterrumpida por más de 75 años. El beisbol profesional venezolano tiene cientos de miles de dolientes, que están muy pendientes de lo que consideran el primer pasatiempo nacional. Es un enorme capital humano que no debería ser menospreciado, por ser el beisbol una cédula identitaria de la sociedad venezolana. Ojalá en los próximos días se desbroce el camino para hacer de la edición 2021-2022 un salto triple a lo Yulimar Rojas y no un salto moral inverso. Es lo que pide el fervoroso aficionado de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, que todos los días se hace preguntas sobre qué pasará y qué misterio habrá.  

Acerca del autor

Carlos Valmore Rodríguez

Periodista deportivo, especializado en la fuente de beisbol. Graduado en la UCAB en 1999. He trabajado en El Nacional, Líder, Meridiano, Unión Radio, IVC, Beisbolplay.

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