Arrancó la revolución dentro de los Celtics

Con cada canasta, volcada, triple y drible de Kevin Durant, Kyrie Irving o James Harden, fue un puñal que se hundió en el proyecto de los Celtics. Lo que tardó más de una década de solidificarse y establecerse dentro de la NBA, se destruyó en pocos minutos. Ahora inició una revolución en Boston, repleto de cambios.

Poco importó el desarrollo de jugadores como Jason Taytum, Jaylen Brown o Marcus Smart. Tampoco los cambios que se concretaron en el pasado que ayudaron a labrar el futuro. Todas esas mentes que ayudaron a armar la organización están a prueba actualmente.

El principal fue Danny Ainge, quien fue el principal directivo que tomó decisiones deportivas dentro de los Celtics los últimos años. Tras dos décadas al frente de las operaciones en Boston, renunció a su puesto y terminó su ciclo. Se trató de una decisión sorpresiva, al ser un personaje que tuvo un peso importante tanto como jugador como gerente.

Brad Stevens y Danny Ainge, en el Boston Garden.
Brad Stevens y Danni Ainge están en el ojo del huracán

Sin embargo, Ainge se convirtió en el principal objetivo del reciente fracaso de los Celtics. Continuamente los aficionados y la prensa internacional lo señalaron como “conservador excesivo”, porque recientemente renunció a buscar alguna estrella que ayudara a la joven plantilla a transcender en postemporada. James Harden, Anthony Davis, Paul George y otras figuras estuvieron disponibles, pero a ninguna adquirió por no querer ceder a las promesas.

Y ese pensamiento le ha pasado factura. La zafra pasada se quedó a dos victorias de las Finales hace apenas ocho meses, dar el paso definitivo hacia el anillo. Un año horrible, perjudicado por el coronavirus y las lesiones, con play-in mediante y dudas infinitas, ha precipitado la salida. A diferencia de otros, será removido totalmente del proyecto de los Celtics.

Brad Stevens cambió de puesto en los Celtics

Más allá de los jóvenes jugadores que están dentro de los Celtics, la mayoría de los elogios apuntaron a Brad Stevens. El director técnico, con un método moderno y con una personalidad atrayente, se convirtió en uno de los directores técnicos más prometedores de la NBA.

Brad Stevens acumuló ocho años al frente de los Celtics, a los que ha clasificado para playoffs en siete ocasiones. En estos años acumula un balance total como entrenador de 354-282 y ha alcanzado en tres ocasiones las Finales de la Conferencia Este.

Sin embargo, poco a poco se diluyó su imagen. Las continuas eliminaciones provocaron que su peso disminuyera y, luego de ser visto como el próximo Greg Popovich, ahora ni siquiera será más entrenador. Pero Stevens se quedará con los Celtics, solo que ahora como jefe de operaciones, el puesto que dejó Ainge.

Ahora Stevens tendrá que buscar a la persona que lo reemplazará en el banquillo. Cambiará las conversaciones técnicas o charlas con jugadores por negociaciones con otros clubes y entrevistas para contratar al personal.

Su misión dejará de ser que la defensiva esté en buena posición. Tampoco que la ofensiva tenga movimiento suficiente para dejar solo a los tiradores. Sí tendrá que buscar refuerzos para la segunda unidad y encontrar piezas para que Tatum se convierta en esa superestrella que todos están convencidos de que será.

¿Cuáles son los próximos pasos?

Los Celtics se van ahora al rincón de pensar. Tiene por delante un verano en el cuál necesitan un nuevo entrenador, un puesto para el que ya empezaron a salir algunos nombres. Jason Kidd, quien es parte del cuerpo técnico de los Lakers, y Lloyd Pierce, denostado tras su abrupta salida de los Hawks.

Esa será la primera misión de Brad Stevens. Encontrar a esa persona que llevará a un grupo al puesto que no lo pudo llevar él por ocho años. Además, hacer las maniobras suficientes para sumar a los jugadores que faltan y negociar lo contratos que finalizarán.

Debe encontrar las armas suficientes como para ganar un anillo esquivo que solo han podido ver de cerca una vez en 35 años. Una crisis excesivamente grande para una franquicia histórica. O, dicho de toda manera: un fracaso.

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