José Tapias y su cercano nexo al baloncesto venezolano

La costa caribe de Colombia suele dar grandes deportistas en cualquier disciplina. A través del béisbol; el fútbol y el baloncesto, esta región ha aportado mucho talento y calidad a lo largo de muchas décadas. Entre ellos está el entrenador de básket, profesor José Tapias, quien desde su Cartagena natal creció con el gen propio de la zona.

“Cuando era niño, desde los cinco años, jugaba bola de caucho y también ‘tapita’”, cuenta “el profe” sobre los juegos que tenían en su comunidad; y que se asemejan a la “pelotica de goma” y a la “chapita” en Venezuela.

“Nosotros hacíamos un triángulo, porque no era un diamante de béisbol, y le llamábamos el ‘box’, que era la caja de bateo. Todo tenía reglas. Si no sabes las reglas no puedes jugar. Las reglas constituyen el deporte”, afirma contundentemente.

Allí comienza la pasión por los deportes para José Tapias de manera ineludible; era algo de lo que no podía escapar aunque hubiera querido. “Ese es el principal recuerdo de mi infancia. Eso me fue llevando, a los 12 años, en el liceo de Bolívar, un colegio público de Cartagena muy famoso, a integrar el equipo de fútbol y así empezó todo”, comenta.

“En segundo año del liceo ya empecé con el baloncesto como tal en el Parque el Centenario, una cancha histórica. Ahí me fui moviendo entre el fútbol y el básket. El fútbol se me daba y, en ese entonces, en quinto de bachillerato, jugando en primera categoría, representé a Bolívar en un Nacional de Mayores. Luego el entrenador me quiso llevar a unos Juegos Nacionales de Pereira en 1974 y yo dije que no quería jugar más fútbol y que solo me quería dedicar al básket. Entonces fuimos al Nacional Juvenil de Medellín pero ya con el baloncesto. Luego me fui a Bogotá y empecé a representar a la capital, y allí me quedé”, relata.

Su polivalencia con los deportes quedó evidenciada y no solo fue en el fútbol: “Pero también jugué béisbol. Todo el que estaba en la universidad en Bogotá jugaba béisbol, todos costeños. Y jugué primera categoría también en la capital; estuve varias temporadas y también la representé en torneos de mayores”.

De jugar a querer entrenar

En medio del inicio de su aventura deportiva desde pequeño, en cierto momento también creció en él el don de la enseñanza: “Me gustaba jugar pero luego sentí un deseo de enseñar. Con los años tú tienes la mirada clara puesta en el futuro. Cuando yo jugaba fútbol, siendo juvenil, en el barrio había un equipo de infantil y yo no sé cómo ni porqué, el entrenador del equipo infantil era yo, cuando apenas yo le llevaba dos o tres años a los demás. No entiendo (se ríe). Luego los muchachos me decían: ‘Jose, pa’ que nos dirijas’, entonces yo me ponía con ellos y gritaba cosas”, cuenta.

Después de todo llegó el momento: “Finalmente, cuando terminé la universidad, me dije que yo lo que quería era entrenar y quería aprender del lado del mejor que era Guillermo Moreno, uno de los más destacados de Colombia, y me dijo que sí y que me llevara un cuaderno para que anotara cosas de cómo él entrenaba. Algo muy importante en ese proceso fue que yo me fui durante muchos años a la Universidad de Indiana a visitar al coach Bob Knight. Y en el año 90 me nombraron entrenador jefe en Bogotá y yo incluso dirigía a los compañeros que jugaron conmigo. Desde ese momento dejé de jugar definitivamente”, describe.

Tapias es parte fundamental de la puesta en marcha de Piratas de Bogotá, equipo al que se unió en 1995, más allá de algunos años en los que prestó sus servicios en otras instituciones. Pero de su mano surge la era moderna del equipo de la capital, que cuenta con cuatro campeonatos en el torneo cafetero.

José Tapias tuvo un paso fugaz por la LPB

Tapias se siente muy cercano con Venezuela, tanto porque su abuela emigró allá en una época difícil, constantemente dirige a criollos en Piratas y por si fuera poco dirigió a Trotamundos en una semifinal de la Liga Profesional de Baloncesto (LPB).

“Yo siempre he sido un admirador del básket de Venezuela por todo lo que han hecho. Los he seguido mucho de verdad. Cuando jugaba en la Universidad Nacional, mi compañero, mi líder, la persona que yo admiraba, Jorge Humberto ‘El Niño’ Velasco, ícono del baloncesto nacional, era de Cúcuta, y teníamos muchos jugadores. Teníamos una relación muy estrecha con Cúcuta y en ese entonces había un equipo que se llamaba Panteras del Táchira, donde incluso llegó a jugar Sam Sheppard, y resulta que teníamos un ‘baile’ o como se dice en el lenguaje coloquial ‘los barcos’; es decir, eso significaba que alguien tuviera cédula colombiana y cédula venezolana al mismo tiempo. Entonces iban y venían de San Antonio hacia Cúcuta y viceversa. Por ejemplo, Rodrigo “Perico” Fuentes, dirigió en Venezuela”, narra.

Pero el coach cartagenero se metió de lleno en la LPB en cierto momento y en una etapa clave: “En 1997 ya yo estaba con Piratas y fuimos a la Liga Sudamericana. Allí Trotamundos de Carabobo tenía problemas con su coach y, su dueño, Germán Blanco, me llamó porque querían que yo terminara la temporada. Dirigí allá en aquella semifinal en Caracas contra Cocodrilos y también en el Fórum de Valencia, y estar allí te pone en un escenario que se nota que es diferente”, cuenta el entrenador quien quedó eliminado en aquella zafra que terminó viendo coronarse a Guaiqueríes de Margarita.

Este coach conoció el deporte y gran parte de su vocación en Cartagena, pero a punta de trabajo coló su nombre en el baloncesto de Bogotá. Es José Tapias, un hombre para quien la familia es clave para su tranquilidad en lo laboral y en su vida en general. Un hombre que también puede decir que su hija María Camila, también basquetbolista, es uno de sus mayores orgullos.

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