LaMarcus Aldrige aprende a lidiar con el estrés del retiro

La tranquilidad del retiro puede ser abrumadora para un deportista. Acostumbrado a continuos entrenamientos, presión por rendir al máximo nivel, lidiar con las angustias de las negociaciones de contratos y mantener su cuerpo a plenitud de condiciones no era tan malo como se pensaba. Eso fue lo que entendió LaMarcus Aldridge.

El exbasquetbolista comprendió lo complicado que puede ser salirse abruptamente de la cancha. Tras más de una década en la NBA, un problema cardiaco lo obligó a retirarse del baloncesto y lidiar de manera abrupta con el retiro. ¿Estaba preparado? No. ¿Eso facilitó el proceso? Rotundamente no.

“Es una de las cosas más aterradoras que he experimentado”, declaró Aldridge cuando anunció que había terminado su carrera como atleta. “Durante 15 años he puesto al baloncesto por delante, ahora haré lo mismo con mi familia y mi salud”.

No fue algo sencillo. Aldridge se acostumbró a ser una estrella de la NBA. Con los Trail Blazers se estableció como una estrella de la liga y se ganó el respeto de todos sus colegas por las condiciones que tenía sobre el tabloncillo. Virtudes ofensivas como pocos y unas condiciones atléticas que lo convirtieron en objeto deseado por el resto de las franquicias.

Es un pensamiento que lo confirmará su resumen curricular como basquetbolista. Fue número 2 del draft de 2006, siete veces all star, dos veces inscrito en el Segundo Mejor Quinteto y tres en el Tercero. Además, casi 20 puntos y más de 8 rebotes en un trayecto que vivió sus mejores días en Portland. Después pasó seis años en San Antonio Spurs, donde los días de grandeza del equipo texano se estaban apagando.

Ahora, con 35 años de edad, abruptamente dejó de ser una prioridad anotar o defender en la pintura. Despertarse, descansar, pasar todo el día lejos de una cancha y charlar con su entorno son las actividades diarias, un cambio drástico después de muchos años entrenando o compitiendo todos los días.

He estado deprimido, estoy tratando de aprender a manejarme sin estar en la pista compitiendo, estoy aprendiendo a no estar deprimido”, declaró LaMarcus Aldridge a The Athletic. “Todavía amo el baloncesto. Y todavía siento que tengo mucho que dar. Pero estoy tratando de encontrarme a mí mismo”.

El peor momento para retirarse

Seguramente nunca existió un buen momento para que un deportista se retire. Ni una lesión o el declive harán más llevadero el hecho de abandonar la actividad que se realizó durante gran parte de la vida. Sin embargo, para LaMarcus Aldridge sí era el peor momento.

Una de las principales cruces del otrora jugador era que no había ganado un campeonato de la NBA. Ni siquiera cuando los Trail Blazers armaron un núcleo talentoso junto a Damian Lillard, Wesley Mathews y Nicola Batum. Mucho menos cuando llegó a los Spurs.

Aldridge-Brooklyn
Aldridge no pudo en San Antonio / NBA

Pero LaMarcus había recuperado la ilusión y tenía el foco puesto en su primer título de campeón. Firmó contrato con los Nets, una organización contendiente al título y que tiene el talento suficiente para llegar a la final de la NBA. “Fue muy duro porque estaba en un lugar y un equipo que me habían acogido con los brazos abiertos. Teníamos un objetivo común, algo que demostrar. Fue muy amargo tener que dejarlo, no poder jugar de repente. Era un grupo sin egos, en el que todos están al lado de todos, eso es lo que hace este juego tan divertido”, siguió Aldridge, de 35 años de edad.

“Cuando pasas de hacer durante tanto tiempo aquello que amas a perderlo de un día para otro, es un shock. Sabía que era la decisión correcta y sin embargo tuve discusiones con mi familia, mi representante, los Nets…  todos estuvieron a mi lado y me dejaron claro que iban a acompañarme en mi decisión. No sentí ninguna presión, nadie hizo nada que no fuera apoyar y mostrar comprensión”.

El partido que terminó todo para LaMarcus Aldridge

El último encuentro de LaMarcus Aldridge en la NBA fue ante los Lakers. Era un enfrentamiento importante. Fácilmente podría ser una previa a la final, por lo que todos estaban atentos a lo que sucedería. Lo menos que pensó el veterano era que esa noche sería su última como profesional.

“Tenía mucho que dar a ese equipo. Sentía que necesitaban lo que yo podía aportar, puntos en la zona en ataque y protección del aro en defensa. Había tenido ese problema cardiaco durante toda mi carrera, lo supe en 2006, mi primer año. Pero contra los Lakers tuve sensaciones muy extrañas, mi corazón latía de forma anormal, arrítmica”, recordó. “No me había pasado nunca. No tenía energía, no podía arrancar, no sabía qué me pasaba. Y, después, por la noche, me llevé un susto muy grande. Mi corazón latía de una forma que nunca lo había hecho. Sentí que, con toda la gente que depende de mí (mis hijos, mi madre…), había sido una bendición jugar quince años con este problema, pero ya no merecía la pena seguir haciéndolo”.

Y todo terminó. Abruptamente y como nunca pensó que sucedería. Ahora Aldrigde está en la tranquilidad de su casa, el único lugar que le permitirá tener una vida saludable y duradera, pero aprendiendo a lidiar que la cancha ya es parte de su pasado.

“Te vas haciendo mayor y vas teniendo más sabiduría, ves las cosas más claras. Y según te vas haciendo mayor tienes menos ego, te afectan menos mejor las cosas”, cerró.

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