Miguel Ruiz le tapó la boca a su padre jugando baloncesto profesional

“¡Qué tanto practicas tú si no vas a llegar a nada!” El padre de Miguel Ruiz no solo dejaba de apoyar a su familia, también marcaría a su hijo con aquella frase. Sin embargo, el jugador de la selección nacional de baloncesto ha demostrado con hechos su calidad en el tabloncillo.

Miguel y sus hermanos pasaron a un segundo plano para su papá cuando él se separó de su madre. “Él no nos quiso apoyar más. Mi mamá sufrió demasiado. Había días que nos acostábamos sin comer. Yo amo a mi mamá tanto y a mi abuelo porque fueron mis motores”, cuenta el ala pívot de la Vinotinto que en aquel momento tenía 16 años. 

El actual jugador del equipo argentino Platense no guarda rencor en su corazón. Después de muchos años, él perdonó a su padre. Aunque confiesa haberse sacado aquella espina que le dolió en el alma.  “Un día yo le dije: aquí está el que no iba a llegar a nada; jugando con la selección”. 

Miguel Ruiz confiesa que su madre es su gran motivación / @migueld_15 

Las carencias que pasó en su juventud le hicieron valorar aún más a quienes sí lo alentaron en todo momento; su familia. El amor y la admiración por su madre lo motiva a superarse cada día. “Mi mamá es lo más grande que yo tengo en mi vida. Mi motivación y mis ganas de vivir. ¡Soy muy mamero!”, asegura desde la fría Buenos Aires, donde pasa la cuarentena por el Covid-19. 

Uno de sus mayores triunfos fue haberle regalado una casa a su madre. A pesar de tenerle mucho cariño a La Vega, el lugar donde se crió, siempre quiso darle algo mejor a su progenitora. 

La muerte de su abuelo, el peor momento de su vida

Miguel Ruiz era uno de los nietos consentidos de Negrón, el que lo acompañaba a comer pan y ver telenovelas. Su abuelo fue su padre cuando su progenitor se alejó de la casa. El fanático número uno que siempre supo que su muchacho iba a brillar en el baloncesto. Sin embargo, la muerte no le permitió verlo en el tabloncillo como un jugador profesional. 

“Mi abuelo vivía en la primera terraza y yo en la segunda, todo en la misma zona en La Vega. Mi abuela llama para la casa diciendo que mi abuelo no podía respirar. Lo llevamos al hospital, pero cuando llegamos ya estaba muerto. Eso me marcó mucho. Es lo más feo que me ha pasado en mi vida”, revive aquel 3 de enero de 2011 con un tono bajo que transmite el dolor de la ausencia. 

Miguel le dedica sus tatuajes del brazo derecho a su abuelo

Unos meses antes del fatídico momento, Ruiz estaba entrenando con una escuela de Caricuao y su plan era viajar a un torneo en Chile. La muerte de su abuelo detuvo todo, hasta su sueño de ser basquetbolista. Su madre y su abuela hablaron con él y le dijeron que continuara porque Negrón desde el cielo iba a estar orgulloso de su nieto.

Su brazo derecho se convirtió en un lienzo para a través de los tatuajes homenajear a su abuelo: Negrón te amo, abuelo siempre estarás en mi corazón y un san Miguel Arcángel.

Ahora, cada vez que entra a una cancha toca el tabloncillo, besa su brazo, se persigna y mira al cielo. Para él, su Negrón siempre está presente.

Desde 2011, Miguel es fanático de Trotamundos

Miguel Ruiz firma como profesional con el rival de su equipo 

En los Juegos Venezolanos de Instituciones de Educación Superior (Juvines) 2010, Julio Morillo y Roland Guillen vieron a Miguel Ruiz. Ambos trabajaban con Trotamundos de Carabobo, mientras que el caraqueño jugaba con un instituto de Los Teques en el que cursaba administración de empresas. Lo invitaron a ir a un campamento, y a partir de 2011 formaría parte del equipo carabobeño. 

Lo curioso de su historia es que el moreno espigado siempre fue fanático de Cocodrilos de Caracas. Desde 2007 hasta 2009 era común ver a Miguel en las largas colas de las Naciones Unidas para comprar entradas. “Yo era fanático a morir”.

En 2011 todo cambió, le tocaba estar del otro lado y con el equipo al que tantas veces le había gritado en las gradas. “El entrenador me llevó a un partido de la ronda regular para que viera a mi familia. Ese día cuando estaban presentando a Cocodrilos de broma aplaudo. Hice el gesto, pero gracias a Dios nadie me vio”, relata entre risas y asegurando que hasta ese año fue fanático del equipo caraqueño.

En Venezuela ha vestido las camisetas de Trotamundos, Dragones, Centauros y Aduaneros de Carabobo. Actualmente sigue siendo jugador del Expreso Azul. “A mí en Venezuela me han dado muchas oportunidades, pero siempre me he ido fuera del país. Desde 2014 que salí, la mayoría de veces jugué afuera”, acota desde la casa en Argentina donde lleva más de cien días esperando un vuelo humanitario para regresar a su país. 

Miguel Ruiz jugó con Platense de Argentina la última temporada

Siempre al Sur 

Desde 2014, sus travesías internacionales siempre fueron al sur : Sayago (Uruguay), Regatas en Corrientes (Argentina), Sarmiento (Argentina), Libertad (Argentina), Trouville (Uruguay) y Platense (Argentina). 

De todos los equipos guarda recuerdos, aunque con Libertad hay algo más; su primer título internacional. “Lo llevo en mi corazón porque tuve un título fuera de Venezuela. No tengo palabras para describir todo el sentimiento que llevo con esa franquicia”, resalta quien estuvo en el equipo de Sunchales desde 2016 hasta 2017. 

Su primer título fuera de Venezuela fue con Libertad de Argentina 

El año pasado, luego del Mundial en China, aterrizó en suelo porteño con la intención de conocer otra ciudad. “Me iba a México, pero se cayó la propuesta, así que me vine para acá. El entrenador de Platense estuvo en el Mundial con la selección de República Dominicana como asistente de El Che y le preguntó por mí”, acota el jugador que volvió a mostrar sus cualidades en la liga argentina hasta la llegada del Covid-19. 

“Me han abierto muchas puertas. Tengo un nombre hecho aquí. Los equipos me conocen. Estyo súper agradecido con la liga de acá que cada día crece más”, enfatiza el amante de los asados argentinos. 

La Vinotinto, una puerta que le abrió El Che 

Miguel Ruiz reconoce que el entrenador Néstor El Che García es como un padre para él. El argentino le abrió las puertas de la selección en 2014 cuando poco jugaba con Trotamundos. Desde aquella convocatoria se subió al avión vinotinto para convertirse en una de las piezas claves de la selección nacional. 

El muchacho de La Vega, al que le dijeron que no iba a llegar a nada, ha logrado ser parte de un grupo que brilla con luz propia. Una generación que fue campeona de FIBA América 2015 en México tras ganarle a Argentina en un partido decisivo; participaron en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y también ganaron el Campeonato Sudamericano al imponerse a Brasil. 

“Fueron lindos momentos que los viví al máximo, aunque poco pude disfrutar en México. Al día siguiente me regresé a Venezuela porque me tenía que venir para Argentina a jugar con Regatas”, cuenta sobre aquella medalla que ganó en México y la guarda en casa junto a la foto de su abuelo. 

La selección de baloncesto ha pasado por altas y bajas. Sin embargo, son un grupo que no se rinde ante las dificultades. “Hay una química que nadie la puede parar. Como siempre lo hemos dicho; juntos somos más. Somos una familia.  Nosotros así no tengamos apoyo siempre estamos enfocados en lo que queremos”, asegura el basquetbolista de 29 años. 

Miguel Ruiz con Kevin Durant después del amistoso ante Estados Unidos

El vestir la camiseta Vinotinto le ha permitido viajar y tener anécdotas que van más allá de los resultados. En su Instagram atesora fotos con jugadores que siempre admiró como Kevin Durant, Carmelo Anthony, Jimmy Butler y Kyrie Irving de los Estados Unidos a quienes enfrentó en un amistoso previo a los Juegos Olímpicos. 

“Cuando jugué contra Estados Unidos en Chicago, ésa es una experiencia que nunca la olvido. Marcar a un jugador que siempre veías en televisión como Carmelo Anthony fue un sueño. El jugador más difícil que me ha tocado defender”, revela aún con voz de emoción. De aquel partido también se acuerda de los gritos de El Che porque le dieron una indicación y él estaba tan feliz de vivir el momento que no la ejecutó. 

Confiesa que el Mundial es lo mejor que ha vivido en su carrera /FIBA

Un sueño Mundial 

Si alguien le hubiese dicho a los 16 años a Miguel Ruiz que iría a un Mundial de baloncesto seguro no lo creería. Su esfuerzo y talento le hicieron cumplir ese sueño en el Mundial de China 2019. 

“El Mundial fue lo más lindo que yo he vivido en mi carrera. Se habla de básquet 24/7. Una cosa que ni te la imaginas. Lo recuerdo y me da escalofrío. Cuando pasamos a segunda ronda fue muy lindo. Le ganamos a China en su casa. Teníamos a todos en contra de nosotros. Una hermosa experiencia desde que salimos del camerino hasta que les ganamos”, rememora como cuando vuelve a ver los videos de la selección por YouTube durante la cuarentena.

Ruiz sueña con jugar en Europa / FIBA

Miguel ha logrado mucho con la selección, pero sabe que debe prepararse a diario para ganarse su puesto. “Hay muchos chamos con talento fuera de Venezuela. Van a ser el relevo de nosotros. Igual que algunos que están en Venezuela, pero estar allá sin liga es complicado”, recalca a quien le da tristeza y rabia que en su país no haya una liga que dure seis o siete meses como era antes. 

Como dice la canción de Tito Rojas que Ruiz escucha antes de cada partido: voy a ti, voy a mí. Él siempre apuesta a sí mismo y se visualiza jugando en Europa. “Ese es mi futuro, ese es mi sueño. Yo sé que lo voy a cumplir porque vengo trabajando muy fuerte”.  

Aún no sabe cuándo regresará a su país ni cuál será su destino para jugar la próxima temporada. De lo que sí está seguro es que siempre tocará el tabloncillo, besará su brazo derecho, se persignará y mirará al cielo para recordarle a su abuelo que todo es por él.

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