17 de abril de 1956: el día que Luis Aparicio comenzó el camino a la inmortalidad

Luis Ernesto Aparicio Montiel nació en los antiguos estadios de beisbol, pero aun así no estaba acostumbrado a lo abrumador que pueden ser los parques de Grandes Ligas. Por sus venas siempre corrió la pelota. Su papá, Luis Aparicio Ortega, El Grande de Maracaibo, dejó una leyenda tan indeleble que el gran diamante de la capital zuliana lleva su nombre.

Tanto en Maracaibo como en Caracas, los grandes centros del beisbol de los 50’s en Venezuela, Aparicio estaba familiarizado con las estructuras. La tierra y el sol. Las gradas y los gritos de palabras reconocibles. Incluso en Waterloo (Iowa) y Memphis (Tennessee), en donde jugó Ligas Menores, los estadios no le impresionaron tanto.

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Pero cuando llegó el Día Inaugural de la temporada 1956 de Grandes Ligas, el martes 17 de abril, Luis Aparicio se rindió ante el Comiskey Park I de Chicago. Más de 16.500 personas juntas en tribunas. Él pequeño. En unos días es que iba a llegar a los 22 años. Es difícil no sentirse arropado por la situación.

El debut de Luis Aparicio en Grandes Ligas

“Me puse nervioso cuando salí y vi aquel estadio tan distinto al que uno jugaba en Ligas menores”, recuerda Cárdenas Sports Media, citando un pasaje de la biografía de Aparicio, “Mi Historia”. “Pero se me quitó una vez que te metías en el juego”.

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El primer juego de Luis Aparicio en Grandes Ligas fue doblemente particular para Venezuela. Primero –y aunque la gente no lo sabía para ese entonces- se trataba del comienzo del camino a la inmortalidad de Cooperstown, lograda 28 años después, en 1984. Y segundo, coincidía Alfonso “Chico” Carrasquel en el lugar. El caraqueño era la máxima figura del deporte del país por aquel entonces. Y por mera casualidad del beisbol debía pasarle el testigo al pequeño marabino.

El Chico estaba en el dugout contrario, con Indios de Cleveland. Era su primera vez allí. Venía de seis temporadas con Medias Blancas de Chicago, en donde siempre fue el campocorto titular. Incluso se convirtió en una estrella, una gran celebridad. Fue en ese marco en el que el Pequeño Aparicio respiró su primera bocanada como grandeliga.

El primer hit

“¿Qué puedo recordar de ese día? Nada más y nada menos que mi debut en Grandes Ligas”, dice Luis Aparicio en un comunicado enviado por el premio epónimo, que reconoce cada año al mejor jugador venezolano en las Mayores. “Fue una gran bendición que le debo a nuestro Virgen de Chiquinquirá y me siento afortunado de que tantos años después aún lo recuerden”.

Aparicio fue alineado en el octavo puesto por el manager Marty Marion. Ese lineup tenía a otros dos miembros del Salón de la Fama de Cooperstown. Estaba Nellie Fox, como segundo bate y camarero, y Larry Doby, de tercero y jardinero central. Además del pintoresco cubano Minnie Miñoso, célebre por jugar en la Gran Carpa en cinco décadas.

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El primer rival de Luis Aparicio en Grandes Ligas fue un personaje que también se le encuentra en los muros de Cooperstown: Bob Lemon. Fue uno de los mejores lanzadores de las Mayores en la primera mitad de la década de los 50, era todo un as.

Aparicio tomó su primer turno abriendo la parte baja del tercer inning. Fue dominado por Lemon con un elevado al jardín derecho, recuerda Baseball-Reference. Volvió a la caja de bateo en el quinto acto, de nuevo como primero del capítulo. Ahora fue puesto out con un fly al centro. No fue sino hasta el séptimo episodio que pudo conectar su primer hit; fue un batazo a la pradera izquierda. Fue el primero de los 2.677 hits que dio en su carrera de 18 temporadas en MLB.

Héroe del deporte de Venezuela

Luis Aparicio cambió algunos aspectos del juego de esa época en Grandes Ligas. En su primera temporada quedó líder en bases robadas de la Liga Americana con 21. Dio 142 hits y fue reconocido como el Novato del Año del joven circuito. En la Nacional el premio fue para otro inmortal: Frank Robinson.

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En su carrera en las Mayores quedó líder estafador de la Americana por nueve temporadas, todas consecutivas. Y su reputación como un gran campocorto se estableció tan rápido, que ganó nueve Guantes de Oro en la posición. En 1959 estuvo muy cerca de ser el Jugador Más Valioso de la Liga Americana; quedó segundo solo por detrás de su compañero en los alrededores de la segunda base Nellie Fox.

Por cierto, en ese primer juego de Luis Aparicio en Grandes Ligas, ganó Medias Blancas 2-1. Pero la mayor victoria de todas fue para Venezuela y su deporte.

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