¿Cuál era el ambiente del beisbol de Grandes Ligas y venezolano cuando murió José Gregorio Hernández?

Es algo lógico, pero quizás se puede olvidar con la purificación sacrosanta del nombre: la muerte también persigue a los santos. Los acecha y ataca como depredador en la penumbra. Fue la muerte la que cazó a José Gregorio Hernández de la forma más inesperada el domingo 29 de junio en la esquina de Amadores, en La Pastora.

Las voces que escudriñan en los detalles del tiempo, como la del historiador Javier González, han reseñado varias veces el momento en el que el alma del médico de Isnotú partió a los altares que pronto fueron construidos para él. José Gregorio Hernández fue atropellado por un vehículo que era manejado por Fernando Bustamante, un joven de origen merideño que tenía 25 años. El doctor murió en la calle, próximo a cumplir los 55.

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El mismo cielo que muy seguramente vio poco antes de que la muerte le brincara encima, hoy se llenó de estruendosos cohetes y también de insonoras (pero poderosas) plegarias: Caracas, Isnotú y toda Venezuela celebró la beatificación de José Gregorio Hernández. Para la iglesia católica ya es un santo, un rango que desde hace mucho tiempo había alcanzado en la fe de los creyentes del país.

Para el momento de su muerte, Venezuela era otra en muchos aspectos. Era un país rural. Había una transformación de nación agricultora a potencia petrolera. Juan Vicente Gómez estaba en la plenitud de su mando y dictadura. Pero el beisbol… ¡Oh, amigo y amiga mío! El beisbol, como hoy, estaba presente.

Evolución en Grandes Ligas

Las noticias de Grandes Ligas no llegaban tan seguidas a una Venezuela que aprendía a jugar cada vez más y se nutría de las visitas de estrellas de los diamantes caribeños. Al momento de la muerte de José Gregorio Hernández, en Estados Unidos un joven un poco menor que Fernando Bustamante tenía su primera gran temporada jonronera: Babe Ruth. El Gran Bambino comenzaba a revolucionar el juego para siempre. Pasó de coliderar en jonrones las Grandes Ligas de 1918 con 11, a dar 29 en 1919. Era tan superior al resto que el segundo lugar en el reglón de cuadrangulares fue para Gavvy Cravath de Filis de Filadelfia con 12.

Casualmente, 1919 fue el último año de Babe Ruth con Medias Rojas de Boston, para luego pasar al gran rival de la organización, los Yanquis de Nueva York, a los que hizo el mejor equipo de la historia. Y mientras Ruth forzaba a evolucionar al beisbol, el inmortal Walter Johnson apabullaba a todos desde el morrito. Con los Senadores de Washington, fue el mejor pitcher de las Grandes Ligas ese año. Ganó el cuarto de los cinco títulos de efectividad en su carrera. Era el gran héroe de las Mayores.

Pero con todo y Babe Ruth y Walter Johnson, los campeones de las Grandes Ligas el año que Venezuela lloró por la muerte de José Gregorio Hernández fueron los Rojos de Cincinnati. Y ocurrió en uno de los eventos que casi mata al beisbol: la Serie Mundial de 1919. Ocho miembros de los Medias Blancas de Chicago, incluido Shoeless Joe Jackson, perdieron intencionalmente la final. Las apuestas ilícitas se impusieron a la deportividad. Ese equipo se conoció como los Medias Negras.

Beisbol venezolano durante la muerte de José Gregorio Hernández

Pero… ¿Y Venezuela? ¿Cómo estaba el beisbol de aquí cuando José Gregorio Hernández vivía sus últimos momentos como mortal? De acuerdo con la Enciclopedia del Beisbol en Venezuela (Caracas, 2006), el beisbol salió de una necesaria cuarentena. La gripe española cobró la vida de venezolanos, incluidos peloteros de la época que fueron olvidados con el paso del tiempo.

En febrero de 1919, cuatro meses antes de la muerte de José Gregorio Hernández, el beisbol volvió a la vida. Y el mayo la prensa de Caracas se emocionó por una súbita y fugaz reaparición de Los Samanes, uno de los clubes populares de aquellos años lejanos.

Para octubre, ya con José Gregorio Hernández en un plano diferente, aguardando ser el nombre pronunciado en oraciones que ruegan por la cura de los enfermos, el equipo puertorriqueño Fisk Cord llegó a Caracas. Se instaló en el Independencia Park, para jugar contra el equipo homónimo. Las estrellas borinqueñas ganaron, pero tropezaron con el Santa Marta, lo que le dio altísima reputación al equipo venezolano. El beisbol se vio interrumpido en 1923 tras el asesinato de Juan Crisóstomo Gómez (hermano de Juan Vicente) en una habitación de Miraflores.

Así era el beisbol para el momento de la muerte de José Gregorio Hernández en las calles elevadas de La Pastora. Y aunque es cierto y lógico que la guadaña de la parca tampoco perdona a los santos, éstos se bañan con la gloria de la fe de los mortales que quedan aquí, como se empapó el médico de Isnotú.

Quizás esa es la inmortalidad prometida para los mártires.

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