Edward Olivares, el grandeliga del bono de mil dólares

Un tuit de la cuenta @XsparkBaseball alertó de un hecho inusual. En la publicación se destacó el primer hit en Grandes Ligas del novato venezolano de los Padres de San Diego, Edward Olivares. Pero, entre la alegría por la línea trepidante al jardín izquierdo, también se acotó un dato por lo menos curioso. «El grandeliga que firmó contrato por mil dólares”.

¿Qué? ¿Mil dólares? A todas luces parece una cifra anecdótica. “Señores, ese muchacho sí firmó un contrato por mil dólares. Se formó en la Academia de Chicho en Palo Verde. Bono no hace pelotero”, acotó Nelson Cuello, un usuario que conoce bien la historia del beisbolista.

Para cuando fue firmado por Luis Márquez por la módica suma de mil dólares, Olivares mostraba grandes dotes. Venido del sector La Troja, en Tacarigua, Edward ya había sufrido una transformación. Cuando llegó a la Academia de Palo Verde era pitcher, pero su velocidad no aumentaba por lo que lo comenzaron a trabajar como jardinero.

Luis Hernández y José Figueroa, mejor conocido como chicle, recibieron a aquel muchacho de un caserío agrícola. Alto, muy delgado, preocupantemente delgado, pero con buenos modales. Disposición a trabajar y con una necesidad de cambiar el patrón que venía teniendo para abrirse paso y lograr una firma.


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La historia de ese muchacho dio varios giros. Se cansó de repartir batazos en su temporada de novatos con los Tigres de Aragua; de hecho, quedó segundo en la votación para el Novato del Año. Estampó su primera firma en Estados Unidos para los Azulejos de Toronto, pero fue enviado a los Padres de San Diego en el cambio por su compatriota Yangervis Solarte.

Pero aquella anécdota del bono de los mil dólares todavía sigue siendo curiosa. Sus entrenadores en Palo Verde todavía dicen estar insatisfechos por aquella baja cifra. “No nos gustó, pero teníamos que aceptar porque era una oportunidad para él”.

Los mil dólares los recibió luego de haber sido enviado a República Dominicana. “Tuvo que pedir prestado allá para comprarse la ropa con la que fue al acto de la firma, lo demás se lo mandó a la familia. Cuando le pagaron los mil, él le pagó a quien se los prestó”, aseguró Hernández.

Aunque las firmas por mil dólares no son inédita, sí es que los peloteros lleguen tan lejos. En una nota firmada para la agencia AP, Ben Walker y Jake Seiner afirman que “los peloteros que firman por esa cantidad a menudo se ven obligados a usar uniformes andrajosos y también les toca recibir caridad de otros compañeros más afortunados”.

En el caso venezolano, la figura de los Astros de Houston, José Altuve, firmó con dicho equipo con un bono de 15 mil dólares. La cifra es irrisoria tomando en cuenta la calidad de pelotero que terminó siendo. En la actualidad los bonos más bajos oscilan entre 7  mil 500 y 10 mil dólares.

Edward Olivares aprendió a jugar pelota caimaneando

El que hoy cubre los jardines en San Diego y vive en Amarillo, California, salió del sector La troja. Su madre es maestra, su padre agricultor. Aprendió a jugar solo, caimaneando, sin mayores fundamentos que los que veía de sus demás amigos cada tarde cuando se reunían a jugar en el polvoriento campo.

“Edward nos llegó con 16 años porque Pablo Torres lo trajo junto con Luis Martínez, que también firmó pero con Milwaukee. Ambos eran pitchers, pero veíamos que no le subía la velocidad, parecía como si tuviese poca fuerza en el brazo”, comentó José Figueroa.

Aquel jovencito tenía buen tamaño, pero era muy delgado. “Era muy flaco y estaba casi desnutrido. Nosotros nos encargamos de su manutención y de mejorarle la alimentación. Aunque su brazo no mostraba nada, sí podía correr, se veía que tenía habilidad”, aseguró Luis Hernández.

Luego de analizar a aquel pelotero del caserío campesino y la casa humilde, a sus entrenadores no les quedó más que buscarle la vuelta. Si querían que el muchacho tuviese algún chance tenían que transformarlo, pero ese proceso puede tornarse traumático.

“Para él fue todo lo contrario. La mayoría de los chamos son rebeldes para enfrentar los cambios pero Edward no. Siempre estuvo dispuesto a trabajar, se paraba temprano y se acostaba tarde trabajando. Mostró actitud de aprender”, contó Hernández.

Y así se fue desarrollando con una velocidad sorprendente. Cuentan sus entrenadores que a los dos meses de haberlo mudado de la lomita a los jardines ya le tenía un sobrenombre. No lo llamaban Edward Olivares, ahora era Adam Jones.

“Le decíamos así por su parecido al jardinero central de los Orioles. Era alto y muy veloz. En 2013 lo llevamos a un juego en La Planicie y en el primer turno la sacó de línea. En ese mismo año, pero en Fuerte Tiuna, en su primer turno corrió las bases en 3.8 y al siguiente la botó de jonrón”, afirmó Hernández.

Después de aquella carrera, Francisco Cartaya, scout de béisbol, mandó a medir las bases de nuevo y tenían 90 pies. Quería corroborar lo que sus ojos acababan de ver.

Era el momento en que el chamo de La Troja se comenzaba a mostrar en los showcase. Para asistir a los mismos tenía un gran problema, no tenía calzado y debía jugar con los de Curtis Charles, un expelotero profesional que trabajaba en Palo Verde.

“Yo me atrevo a decir que es el pelotero más talentoso que hemos tenido en la Academia. No tenía miedo a tirarse de cabeza y se lanzaba así supiera que la pelota le picaría más adelante. En un showcase en Fuerte Tiuna dieron un batazo por el left field y Edward se montó en la malla. No la agarró pero le pegó en el guante. Si la tomaba tenían que firmarlo ese mismo día”, cuenta Hernández entre risas.

La hora de la firma y los mil dólares

Cuando Edward Olivares tenía 18 años fue a probar en la Liga Bolivariana con Cacaoteros. Para aquel 2013 no llamaba la atención de ningún scout. De hecho, veía como sus compañeros estampaban su firma para la pelota organizada y él no.

“Nos llegó a Cacaoteros y decidimos probarlo. Mostraba muchas herramientas pero no lograba encantar a un scout. Era chisposo, les daba líneas a peloteros firmados como Carlos Monasterios y Francisco Buttó”, contó Ysrael Chaparro, para entonces Gerente General de Cacaoteros.

La suerte le sonreía a los que estaban a su alrededor menos a él. El jugar la Liga Bolivariana podía ser una vitrina, total, nunca se sabe dónde están los ojos que te puedan ver.

“Lo llevamos a hacer pretemporada a Río Carúpano y Río Chico. Se cansó de dar palo por lo que William Magallanes, mánager de Cacaoteros, decidió darle el puesto a pesar de que había peloteros ranqueados. De pronto, así como apareció, desapareció del equipo”.

Todos en Cacaoteros se preguntaban ¿dónde estaba la joya que llegó como un gallo tapado? Al poco tiempo sabrían la razón. Edward Olivares se había ido a Puerto La Cruz a firmar contrato en el béisbol organizado. Luis Márquez lo amarró con un bono de mil dólares para los Tigres de Aragua y los Azulejos de Toronto.

“Le dieron un contrato por mil dólares. Yo creo que fue hasta por llenar un cupo. Eso no es algo que se vea mucho, porque lo mínimo son como 10 mil”, agregó Ysrael Chaparro.

En Palo Verde no estuvieron muy de acuerdo, pero aceptaron pensando que era lo mejor para el chamo. “Tuvimos reservas con el monto, pero no podíamos oponernos porque era su futuro. De hecho, no le quitamos el porcentaje porque era muy poquita plata”, dijo “Chicho” Hernández.

La explosión con los Tigres y su ascenso a Grandes Ligas

Edward Olivares solo ha podido disputar una temporada con los Tigres de Aragua y cuando lo hizo dejó huella. Se hizo un espacio en el line up bengalí y repartió batazos por todos los parques de Venezuela.

Según datos del portal Pelota Binaria, el caraqueño terminó la campaña con 340 de promedio de bateo, 14 carreras empujadas y un par de cuadrangulares. Solo una descomunal temporada del magallanero Moisés Gómez pudo quitarle el premio como Novato del Año.

Con los Tigres de Aragua tuvo una temporada de novato espectacular, bateando .340 / LVBP

En ligas menores no fue la excepción. Su debut como rookie en República Dominicana fue promisorio, bateó para 314. En 2019 con el Amarillo Sod Poodles, sucursal AA, pegó para 283, allí se ganó el llamado para debutar en las mayores en la accidentada campaña 2020.

Mientras se hace un nombre en el mejor béisbol del mundo, en Venezuela lo siguen recordando con admiración. “En la temporada que jugó aquí vino en un juego contra Leones y lo llamé para pedirle 60 entradas porque irían todos los chamos de la academia. Al final solo fuimos tres, pero Edward me consiguió las 60 entradas”, contó Hernández.

“Es un muchacho muy educado. Una vez lo invité a comer a mi casa con mi familia, al final de la cena recogió todos los platos de la mesa y los lavó. Está muy bien educado a pesar de ser de un lugar muy humilde, eso ahora no lo ves tanto”.

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