Johan Santana y las injusticias del beisbol

Llegó el invierno de 2007 para Johan Santana luego de una larga temporada en la que consiguió 15 triunfos y, por cuarto año seguido, terminó entre los primeros cinco más votados por el Cy Young de la Liga Americana. El teléfono del venezolano sonó. Era el nuevo gerente general de los Mellizos de Minnesota, Bill Smith, quien debía hablar con él.

Podían ser muchos temas. Quizás una presentación más formal, planes para el siguiente año o la opinión del jugador estrella. Pero no, la organización le quería comunicar a Santana que debían cambiarlo, pero no por un deseo, sino porque era lo mejor para la franquicia.

Vaya injusticia para el Gocho. Estuvo por ocho años vistiendo la camiseta de los Mellizos, ganó dos premios Cy Young, consiguió un Guante de Oro y se ganó el cariño de los aficionados, para que todo terminara siendo traspasado a otro equipo. Además, debía autorizar el movimiento, porque en su contrato había una cláusula de no cambio.

“Que ironía tan grande. Lo cruel que es el beisbol”, recordó Santana en una conversación con Meridiano. “Acepté el movimiento porque me dijeron que debían cambiarme. Pregunté por qué todo debía terminar así y Bill Smith me respondió: ‘tenemos una economía diferente y no podemos tenerte’”, continuó el lanzador, agregando un “que injusta es la vida”.

Johan Santana solo le puso una condición a la gerencia de Minnesota. Quería estar el mayor tiempo posible cerca de su familia en Florida, por lo que no deseaba irse a la Costa Oeste de los Estados Unidos.

“Aparecieron los Medias Rojas y los Yankees, pero ese año regresó Andy Pettite, razón por la que dijeron a los Mellizos que no me querían, porque pensaban que los estaban utilizando para presionar a Boston”, explicó el criollo. “Minnesota quería algunos prospectos de los Medias Rojas. Pero se echaron para atrás y me quedé como en un limbo”.

Su nombre iba y venía en discusiones. El celular de su agente sonaba constantemente por equipos de distintos lados intentando convencerlo para que aceptara irse al Oeste, sin embargo, el zurdo solo tenía un lugar donde quería lanzar. “No me quería ir de Minnesota. Ese año compré una casa y arreglaba todo para sentirme más cómodo. Creo que pasé cuatro días en esa casa”, dijo.

Seguían transcurriendo los días y Johan Santana seguía siendo un mellizo. Ya se celebró el feliz año 2008 y todos los programas deportivos se preguntaban para dónde iba el merideño. Se cansó de informaciones, razón por la que le dijo a su agente que no conversaba más de traspasos hasta que se concretara algo.

Hasta que llegó esa llamada de su representante. El 2 de febrero fue adquirido por los Mets de Nueva York por Carlos Gómez, Phillip Humber, Deolis Guerra y Kevin Mulney. “Cuando llegué a esa ciudad fue algo impresionante. Quedé contento porque podía estar con mi familia en los entrenamientos primaverales: con mis hijas y esposa”.

Johan Santana sobre el no hitter: “Mi brazo no se sentía bien antes”

Arrancó la nueva etapa en la carrera de Johan Santana. Quizás no era en el lugar que añoró, no obstante, en términos más atractivos. Firmó con los Mets un contrato por seis temporadas a cambio de 137.5 millones de dólares, por lo que su futuro estaba garantizado.

Pero esa frase que soltó cuando escuchó que iba a ser cambiado de los Mellizos, la repitió cuando terminó la campaña de 2008. “Que injusta es la vida”. Su brazo izquierdo le empezó a molestar. Específicamente en su hombro.

En 2010 se sometió a una operación para reparar una lesión una rotura en la cápsula de su hombro izquierdo, procedimiento que lo sacó de toda la campaña de 2011. Y volvió en 2012, año en el que tuvo un momento que siempre recordará su afición: el juego sin hit ni carreras del 1 de junio ante los Cardenales de San Luis.

Para cumplir esa gesta, realizó 134 envíos al plato, esfuerzo por el que muchos consideran que su carrera terminó abruptamente. “La verdad es que ese año, mucho antes de ese encuentro, ya el brazo no se sentía bien. Estaba débil. Muchos dirán que ese juego terminó todo, pero no es así”, explicó.

Sin embargo, no un ápice de arrepentimiento en el cuerpo de Johan Santana. Cada lanzamiento de ese duelo lo enorgullecen, por lo que si perjudicó o no a su físico, es lo de menos.

Regreso al beisbol

Cuando anunció su retiro, Santana sentía que había una deuda con su familia. Pasó mucho tiempo alejado en viajes, entrenamientos y juegos, debía compartir con todo su entorno. Ahora, años fuera del beisbol, quiere regresar.

El merideño siente un cariño muy grande por el deporte que lo transformó en ídolo. Por eso, cree que es imposible que no vuelva más nunca. Desea ayudar a jóvenes pitchers a cumplir sus sueños de ser grandeliga, como él lo logró.

“Ya este año estuve con los Mellizos como un instructor especial, pero estaba trabajando para ocupar un puesto que me permitiera tener tiempo para otras cosas”, dijo el exlanzador de 41 años de edad.

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