Hace 64 años Luis Aparicio dio el primer paso a la inmortalidad

Un día como hoy en 1956, en un gélido Chicago, Luis Aparicio se colocó por primera vez un uniforme de las Grandes Ligas. Vio su nombre por primera vez en la alineación de los Medias Blancas, que se enfrentaban a los Indios de Cleveland en el desaparecido Comiskey Park.

Vaya responsabilidad tenía en sus manos de un joven de 22 años de edad en ese momento. Iba a ser el campocorto de los patiblancos inmediatamente tras la salida de Alfonso Carrasquel, quien se convirtió en uno de los jugadores favoritos del equipo. Ahora “Chico” estaba en la cera de enfrente, como parte del equipo aborigen.

“Aún lo recuerdo como si fuera ayer. Aquí en mi casa tengo aún fotos de ese día. Allí estuvo conmigo Alfonso Carrasquel, quien era todo un personaje. Alfonso me aconsejó mucho”, recordó Aparicio en una nota de prensa. “Él fue mi ídolo. Yo no creía que iba a jugar en su lugar hasta que lo vi en los periódicos de Chicago. Me enteré gracias a la prensa que lo estaba sustituyendo”.

En seis años con los Medias Blancas, Carrasquel fue a cuatro Juego de las Estrellas. Con su físico de 1.83 metros de estatura, se ganó el respeto de los exigentes fanáticos de Chicago. Ahora el turno del diminuto Aparicio, quien con un 11 en espalda y 1.75, se hacía cargo de las paradas cortas.

“Mi debut fue algo redondo al tener allí también a ‘Chico’ Carrasquel. Él me ayudó muchísimo a llegar allí, tanto en el terreno como fuera del terreno. Jugar contra el ‘Chico’ es el mejor recuerdo de ese día”, continuó el zuliano.

Dura prueba para Luis Aparicio

Además de los característicos nervios por debutar en las Grandes Ligas, Luis Aparicio tenía otra difícil tarea. Debía enfrentarse al lanzador de los Indios Bob Lemon, quien era un veterano de 35 años de edad, con más de 180 juegos ganados, siete visitas al Juego de las Estrellas y que recibió votos para el Jugador Más Valioso en seis de los últimos siete años.

Luis Aparicio celebra 60 años de su debut en las Grandes Ligas

“Era un pitcher que lanzaba de todo. Tenía muy buena curva”, afirmó el venezolano. “Era como los lanzadores de antes, que no estaban con tonterías. Si les hacía buenos swings te la tiraban por la cabeza para intimidarte”.

Aparicio no se intimidó. Pegó un sencillo en tres visitas al plato y no se ponchó en ninguna ocasión. Mientras que defensivamente completó una doble matanza que ayudó a la victoria de los locales 2 a 1 ante Lemon, quien años más tarde se convirtió en huésped del Salón de la Fama.

El primer paso a la inmortalidad

Y así arrancó Luis Aparicio su carrera en las Grandes Ligas. Su primera temporada, en 1956, inició una cadena de nueve años liderando el circuito en bases robadas que, aunado a su brillante defensiva, le entregaron el Novato del Año.

Tres años más tarde, ganó el primero de nueve Guantes de Oro. Esa misma campaña tuvo uno de sus mejores rendimientos ofensivos. Anotó 98 carreras, se estafó 56 almohadillas, terminando en el segundo puesto en las votaciones para el Jugador Más Valioso. Además, lideró a unos Medias Blancas que llegaron a la Serie Mundial, pero la perdieron contra los Dodgers de Los Ángeles.

Para 1963 se terminó primera experiencia con los Medias Blancas tras ser cambiado a los Orioles de Baltimore. Traspaso que pagó dividendos tres años después, cuando Aparicio ayudó a su equipo a ganar banderín y el título ante los Dodgers.

En 1968 regresó a los patiblancos y en 1973, con 39 años, cerró su carrera en las Grandes Ligas, siempre como titular en el campocorto. Para 1984 fue exaltado al Salón de la Fama, honor que ningún otro venezolano ha logrado emular.

Pero arrancó ese día frío en Chicago, cuando tomó el testigo de Chico Carrasquel y se midió a Lemon. Aquella jornada en la que empezó a ganarse el cariño de un país que todavía se emociona cuando lo ve.

“Estoy muy feliz por la forma en que me trata aún la gente. Todo el mundo. Me ven en la calle y me respetan, me tratan con un cariño del cual estoy muy agradecido. Lo único que tengo que decirle a toda la gente es gracias. Y es una fecha importante, porque no solo empecé mi carrera, sino que gracias a eso, al beisbol, pude tener a mi familia”, cerró Aparicio.

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