Miguel Rojas, un papá de Grandes Ligas

Es muy común que cuando un deportista de alto rendimiento se convierte en padre, los hijos quieran imitar lo que hace, pues es normalmente lo que acostumbran a ver, particularmente en el caso del béisbol. Miguel y Aarón Rojas, tienen una relación especial y a su vez es gran ejemplo de esto. 

La pasión del pequeño por la pelota no fue inculcada únicamente por el campo corto de los Marlins, sino también por Mariana, su esposa. “Es una combinación de dos cosas: El verme a mí en mi trabajo, pero con el fruto de lo que ha puesto ella en él. Yo creo que me voy a llevar todas esas cosas buenas que puedan decir de Aarón en la parte del béisbol, pero al final del día ha sido Mariana quien ha puesto todo el empeño para que él ame el deporte”.

Afortunadamente para ellos, Mariana también es muy apasionada por el deporte. Y se ha encargado de acompañar a su hijo en momentos donde Miguel no ha podido estar presente. Lo lleva a sus entrenamientos, juegos y también pasan una innumerable cantidad de horas practicando bateo en casa. 

“Por mi trabajo he estado muy ausente en ocasiones donde le ha tocado dar sus primeros pasos con el béisbol. Pero a la misma vez esa ausencia ha hecho que su amor por este juego crezca, porque me ve por televisión cuando estoy jugando en la carretera y eso lo hace creer que se puede llegar a eso”.

Sacrificios y motivación 

En 2015, a los pocos días del nacimiento de Aarón, el campocorto se fue a Orlando con su familia para entrenar con su compañero Martín Prado en la temporada muerta. Fue una transición importante para él, ya que usualmente su preparación consistía en jugar con los Tiburones de La Guaira en Venezuela. 

Eran días de cambio para Miguel Rojas, como padre y como profesional. Todos los días debía pararme a las seis de la mañana para ir a entrenar, debía descansar bien y sabemos lo difícil que son los primeros meses para los bebés. Mi esposa se quedaba en un cuarto con el bebé y yo me iba a otra habitación para descansar un poco más. Es por eso que hace tanta falta alguien que te apoye de esa forma. Los fines de semana me quedaba despierto un poco más tarde para poder ayudarla”. 

La parte más dura viene en el crecimiento, que no solo ha sido para Aarón, sino para Miguel Rojas también. “Ahí es donde empiezas a ver de verdad lo mucho que los puedes extrañar, porque toca irme de ruta o a Spring Training y a veces para que ellos estén más cómodos es preferible que se queden en casa. Eso se convierte en una motivación para mí, porque no es que estoy ausente, sino trabajando para que tengan un mejor estilo de vida”.

A su corta edad ya entiende mucho del juego 

El estar en un ambiente de beisbol prácticamente las 24 horas del día ha hecho que Aarón aprenda rápidamente sobre el deporte. Su conocimiento va más allá de saber hacer un swing, lanzar una pelota o correr las almohadillas. Es muy impresionante para un niño que aún no cumple los cinco años. 

“Está muy avanzado para su edad, arma los lineups de los Marlins y como estamos en la Liga Nacional, sabe que el pitcher batea. Entiende que hay señas para toque de bola, robo de base y el bateo y corrido. De pronto su swing no es el más bonito o el que mejor fildea, pero para mi lo más importante es que empiece a tener esos conocimientos. Prefiero que le agarre cariño al juego y lo entienda, en lugar de estar practicando a lo loco”. 

Un proceso de aprendizaje para todos 

Miguel dio en Los Teques sus primeros pasos en el béisbol, sabe cómo es el proceso de ir a la práctica y jugar los fines de semana. Sin embargo, en Estados Unidos es un poco diferente la cultura y el proceso. 

Con el paso del tiempo irán aprendiendo los procedimientos, desde las escuelitas para niños, pasando por la secundaria y las universidades. 

“Siempre va a tener nuestro apoyo y nunca lo vamos a forzar. De hecho, el beisbol no lo es todo para nosotros. Lo más importante es que haga lo que quiera, sea tocando piano o practicando otro deporte, esa es nuestra meta en esta vida”. 

Rafael Naidenoff, su gran guía

Desde pequeño, Miguel Rojas siempre ha recibido apoyo familiar, pero si hay que hablar de alguien que ha sido fundamental su vida, es Rafael Naidenoff, su abuelo. 

Se encargaba de llevarlo a los entrenamientos en el Polideportivo Ernesto Aparicio del Municipio Guaicaipuro y además entrenaba horas extras con él. 

“Aparte de mis padres, quienes me dieron la vida, mis abuelos fueron pilares para que yo me convirtiera en la persona que soy ahora. Mi abuela siempre estuvo ahí, pero fue él quien después de llevarme a las prácticas se ponía a lanzarme pelotas en la casa. Siempre voy a estar agradecido con él por dejar todo a un lado y dedicar tanto tiempo para mí. Ha sido la persona más influyente en mi carrera”. 

Son un gran ejemplo de familia, dentro y fuera del terreno. 

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