Aceptando las injusticias

Parque Patricios, es una bella plaza que queda en la avenida Caseros, en Buenos Aires Argentina. La conocí cuando caminaba hacia la Parrilla San José, un local de buena comida y como dice su nombre, especialista en carnes. Ahí lavaba ollas y sartenes, rallaba pan, limpiaba el salón y los baños, en jornadas de trabajo de ocho horas los días lunes, martes y miércoles y en horario cortado el resto de la semana, es decir, de nueve a cuatro de la tarde y luego de ocho hasta el último comensal. Se descansaba cuando Dios así dispuso.

Típico local adornado en sus ventanas y paredes con aquel arte fileteado, propio de estos negocios. Trata de letras corridas señalando el tipo de comida, las promociones, son muy coloridas, muy argentino.

En una tarde libre, me fui con un amor a reposar en la grama de esta plaza, tenía mucha vida los domingos. Ella y yo acostados en la grama, queríamos aprovechar el tiempo al máximo, pues se iba a trabajar a las cuatro en una cocina de sushi, muy lejano aquel arte, al periodismo que absorbió en la universidad. Cuando partió, no quise irme al apartamento, me fui a los kioscos de objetos usados.

Siempre fui reacio al fútbol, dejando esa cuota de atención para los mundiales o para un partido de Venezuela, si acaso. José Miguel mi hijo mayor, es defensa central en un club de Barquisimeto, él y mi madre me empujaron a este deporte, mi madre fiel al Real Madrid, observaba la Liga Española por aquel canal ocho o Venezolana de Televisión, pero yo apenas almorzaba, me iba a jugar pelota de goma abajo en el patio.

Luego vino Joaquín, mi hijo menor, también se enamoró de este deporte, me llevaba al igual que su hermano a pegarle con el pie a la pelota. Esa tarde en Buenos Aires, ahí en Parque Patricios le tocó el turno a Marcelo Bielsa.

Cerca de los kioscos, se bailaba tango, grabé con el celular aquello, ¿Me estoy argentinizando? Sonreí y observé la carátula del libro que había comprado por aproximadamente un dólar con cincuenta centavos. “LA VIDA POR EL FÚTBOL, MARCELO BIELSA, EL ÚLTIMO ROMÁNTICO” del colega periodista, Román Iucht.

“No permitan que el fracaso les deteriore la autoestima. Cuando ganás el mensaje de admiración es tan confuso, te estimula el amor hacia uno mismo y eso deforma mucho. Y cuando perdés sucede todo lo contrario, hay una tendencia morbosa a desprestigiarte, a ofenderte, solo porque perdiste. En cualquier tarea puedes ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados, lo importante es el tránsito. La dignidad con que recorrí el camino, en la búsqueda del objetivo. Lo otro es cuento para vendernos una realidad que no es” Marcelo Bielsa, 1997. Este es el prólogo al sexto capítulo, llamado Vélez. Hojeando el libro me topé con él, de inmediato pregunté por el precio, de inmediato el vendedor se encargó de que me lo llevara y de inmediato me puse a leer.

Marcelo cree, es una piedra y no se mueve, lleve sol, lleve agua o frío, su forma no cambia. Es su creencia a lo que forjó dentro de sí, en su relación con este juego. No se arrepiente, no se amilana, no se esconde.

Hoy, se hizo viral un vídeo, donde “el loco”, 23 años después, les dice a los muchachos del Leeds, luego de una derrota, que hay que aceptar las injusticias. “Traguen veneno, no reclamen nada, sé que hoy, nada los serena, pero al final hay recompensa, habrá recompensa, aceptemos las injusticias, pero si juegan, así como juegan hoy, van a tener el premio que merecen”. Ojalá tenga una puta idea de lo que este tipo incide en un equipo, en la mente de cada muchacho que pasa por el frente. En mí, que no juego fútbol, que no he estado cerca de Bielsa, ya incidió.

Los fanáticos del Leeds, casi 6000 días después, luego de 18 entrenadores, vuelven a primera división en Inglaterra. Marcelo le trajo un nuevo amanecer a esa afición. Les dio un día distinto a lo que han vivido la última década y media.

Marcelo Bielsa, aquel que agarró un viejo Fiat para irse por toda Argentina buscando más que dos piernas largas, cerebros capaces de entender, comprender, que en la vida importa más el camino que el resultado y que es el trayecto lo que te forma, hoy fiel a sí mismo, nos vuelve a indicar que es el camino andado, el tesoro más grande la vida, que hay que aceptar las injusticias, para forjar alguien mejor y hacerle frente a los días.

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