Adiós al presidente del fútbol: Diego Maradona

El deporte es la expresión social que une a más personas en el mundo. El fútbol es el juego más popular en la tierra con más de tres mil millones de seguidores y Diego Armando Maradona fue el principal actor de esa fantasía que se practica con los pies.

Amado por muchos y odiado por otros, el deportista que creció en Villa Fiorito, a mi parecer, ha sido la persona con mayor trascendencia en el fútbol, pero con un camino muy reprochable cuando se alejaba de las canchas.

Cada paso que daba Diego se sabía, tal como si se tratara de un jefe de estado. Una amplia comitiva, escoltas, hermetismo, cámaras y multitudes siempre acompañaron su vida en los últimos años como futbolista y hasta el final de sus días. Se dice que era prisionero de la fama, la misma que lo hizo pasar por un montón de situaciones muy hermosas y algunas otras vergonzosas. Todo esto gracias a ser el presidente del planeta fútbol.

Su personalidad lo ayudaba a ser un líder nato, no le temblaba el pulso para decir las cosas como las sentía.

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Maradona impulsó el deporte en todos los continentes. Hay algunos que lo llaman el ciudadano global cuando aún no se pensaba en la globalización. Su muerte dio la vuelta al mundo en tan solo unos minutos y los homenajes no se detendrán.

Tal como un presidente, sus actos fúnebres se realizarán en la sede del Poder Ejecutivo de la República Argentina, en el mismo lugar donde velaron a Néstor Kirchner hace 10 años y una multitud que al menos se calcula en un millón de personas lo despedirá.

Diego fue un embajador mundial del fútbol, apenas llegaba a una nación le tocaba entrevistarse con los altos mandatarios, líderes religiosos, principales figuras culturales, deportistas y hasta catedráticos. No había persona en el mundo a la que Maradona le resultara indiferente, para bien o para mal.

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Su principal residencia fuera de Argentina estuvo en Nápoles, en donde conquistó la capital de la pizza y la pasta con sus goles que valieron un título. Aunque su estancia más larga fue en Cuba en un proceso de rehabilitación a la cocaína.

Así fue su desordenada vida, en el 86 ganó la Copa del Mundo y en el nuevo milenio se inmiscuyó en la política, que fue considerada otra gran mancha que lo dejó expuesto. Sin embargo, esto no le restó adeptos al club de seguidores que tiene alrededor del mundo.

Varios presentadores argentinos coincidieron que con el fallecimiento de Maradona murió el fútbol y aunque esto no sea cierto, es momento de cuidar y proteger el fútbol.

Y sí, es que el fútbol es muy parecido a este gran exponente que pudo haber sido su presidente. Muy colorido, que contagiaba de alegría hasta al más pintado con su simpleza y energía, pero lo persigue un fantasma con una vida muy desordenada. El FIFAgate fue la principal mancha del fútbol. Las investigaciones no cesan y cada vez aparecen más y más denuncias.

A horas que comience el funeral de Maradona, los más fieles seguidores pasan la noche en vela en la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Lo despiden al son de sus cánticos y celebran que fue el único que logró “unir a todo el mundo” con sus actuaciones.

Por el bien del fútbol, así como en algún momento los fieles maradonianos pedían, esperemos que el deporte sea manejado por las personas correctas y no lo lleven por el mal camino.

La pelota más nunca se debe manchar.


“Ojalá no termine nunca este amor que siento por el fútbol y que no termine nunca esta fiesta, que no termine nunca el amor que me tienen. Les agradezco en nombre de mis hijas, de mi vieja, de mi viejo, de Guillermo, de todos los jugadores de futbol del mundo. El fútbol es el deporte más sano y más lindo del mundo. Eso no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha “.

Diego Armando Maradona 10 de noviembre de 2001

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