Creo que pude contenerme

La semana pasada prometí que en mi próxima publicación iba a tratar de proponer un contenido menos emocional, después de lo nostálgico que estuvo ese artículo en particular. Yo escribo por placer. Porque me gusta plasmar mi percepción del mundo en letras, porque me inquietan los procesos creativos del ser humano. Sin duda, la actividad que me posibilita vivir esa experiencia es la escritura.

Pero, dentro del placer puede estar también implícito el compromiso; tal como sucede en esta columna de opinión todos los miércoles en Triangulo Deportivo. Digo compromiso porque son promesas compartidas. Yo genero contenido y este portal me regala su plataforma que me ayuda a darle un eco con mayor alcance a mis palabras.

Aunque parezca una transacción comercial, esa naturaleza mercantilista cambia cuando el compromiso se integra en un solo cuerpo; porque se comparten objetivos, creencias y valores. Esa, indudablemente, es la parte linda de las relaciones humanas y de las amistades.

Lo que más le agradezco a este espacio es permitirme aprender desde la experiencia misma. Aprendo desde el campo, sintiendo la emoción y las dificultades de este arte, que no por ello me hacen artista. La mayoría de ustedes saben que tengo una inclinación muy fuerte a las filosofías orientales del yoga y el budismo, donde dentro de las propuestas para el crecimiento interno del ser humano es aprender desde la experiencia propia y los cuestionamientos. Eso lo encontré aquí.

¿Qué aprendí esta semana?

Mi aprendizaje esta semana ha sido el entender que la escritura también es un acto de resistencia, de caer y levantarse, de luchar, de sacar fuerza de lo más profundo de tu ser cuando te falta la energía.

¿Por qué digo esto? Porque es mi última de las 53 noches que estuve encerrado en este hotel. Son las once de la noche, después de haber perdido el tercer lugar del campeonato que nos situaba en una mejor fase de Copa Libertadores el año que viene. Porque mañana hay que madrugar para viajar por ocho horas de carretera de vuelta a casa, con la amargura de los últimos resultados. Y aún así, me siento en el escritorio de la oficina del Lobby, del que me apoderé desde hace varias semanas, para cumplir a través del esfuerzo y no de la inspiración con este compromiso que atesoro como una de las experiencias mas enriquecedora de este año.

Lo que realmente me costó

Sinceramente, no fue la falta de energía lo que me hace difícil generar un contenido en específico, porque escribo prácticamente todas las noches. En estos momentos escucho Ben Harper en Spotify y es un contexto ideal que me traslada a un lugar de mucha paz y en donde comienzo la producción de mis líneas gracias a mis tormentas mentales. Estoy claro de lo que hoy me gustaría hablar, pero no siento que sea el momento de tocar temas belicosos y que busquen generar un ruido, por los momentos, innecesarios en los entes de mayor poder.

Temas como la justicia, el poder y el deber ser son muy abstractos y con alta carga filosófica. Son temas que no pueden ser tocados cuando las emociones andan como una montaña rusa.

Aquí nadie es víctima

Quien decide estar en el lugar en el que está por decisión propia; quien tiene la capacidad de controlar sus emociones, entendiendo de que se trata de ellos mismos y no de situaciones externas; y quienes evitan ser reactivos son aquellos que asumen las riendas de su vida y sus circunstancias, siendo celosos con ellas por más desagradables que sean. Para mí, a ese tipo de personas las considero como seres humanos libres.

Porque cuando el poder y los intereses triunfan desde la injusticia, son los hombres libres y no las víctimas los que asumen sus responsabilidades, por más que supieran de su desventaja desde un inicio. La lucha del hombre libre no es contra el sistema, sino contra ellos mismos. Una lucha que busca romper las propias limitaciones, esas que cuando se logra sobrepasar empoderan al individuo, llenando sus manos de argumentos suficientes como para alterar el orden de las cosas. Esas personas llaman a eso: «tomar justicia por manos propias». Única posibilidad de encontrar el valor moral y ético de la justicia cuando las instituciones no son sólidas y las leyes están personalizadas.

Hoy por hoy, sigue el mismo orden de las cosas. El hombre libre no logra la justicia. Pero no por ello dejará de intentarlo, porque ya lo ha logrado y sabe lo que se siente. El hombre libre sabe que su libertad perdura hasta el fin de los tiempos, en cambio, las injusticias no.

Un comentario

  1. 86982 115873You ought to take part in a contest for among the best blogs on the internet. I will suggest this internet internet site! 239626

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba