En competencias internacionales, la diferencia está en los detalles

Con la Copa Libertadores ya disputándose para los equipos venezolanos, siento que es buen momento para hablar sobre uno de los tantos motivos del porqué aún no competimos internacionalmente. Sin duda, podríamos extendernos ampliamente y debatir de una manera muy amena sobre todas esas variables que hacen que no terminemos de dar el salto a un mejor nivel de competitividad en el ámbito continental.

Pienso que es un debate en el que todos tenemos razón. Simplemente unos se acercan un poquito más que otros. El hecho de que tenga cierta autoridad para hablar del tema no es porque soy futbolista profesional. Es porque padecí de mis limitaciones para sostener por más tiempo esa alta competencia internacional, debido a las herramientas que estaba acostumbrado a utilizar en el torneo local. Esa es la variable de hoy, de mis herramientas. En otros artículos, más adelante, podemos desarrollar otras variables.

Una jugada para ejemplificar

Para los que no tienen conocimiento, el lugar que desempeño tácticamente en el fútbol es el mediocampo. Donde la recuperación del balón, el equilibrio y el orden táctico colectivo son de mis atribuciones y de mis mayores virtudes dentro del campo. Para lograr esto, uno se vale de ciertas herramientas o artimañas producto de ir mejorando el arte con el pasar de los años.

Por ejemplo, en los partidos del torneo local, a la hora en que el rival tiene la posición del balón y nosotros estamos dispuestos tácticamente para su recuperación, suelo dejar un anzuelo para recuperar la pelota rápidamente a través de una intersección.


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Esta táctica la hago cuando el defensor central o el medio de contención rival tiene posesión de balón y quiera trascender en el campo. Dejo una línea de pase conscientemente de ella, para que el rival se atreva a utilizarla. Al hacerlo, anticipo su gesto técnico de pase, para colocarme en ese lugar de anzuelo y recuperar la pelota. De esta manera, queda mal parado el rival. Los defensores laterales están adelantados buscando trascender en el campo. Con mi recuperación, juego rápido con mis mediocampista ofensivos o extremos y así conseguimos un contragolpe que suele trascender y hacer daño.

Esa artimaña no funciona, o funciona muy poco, ante rivales internacionales. Cuando tuve mis primeros partidos de Copa Libertadores me di cuenta de las consecuencias al intentarlo. La firmeza de los pases; la capacidad de recibir el balón y quedar bien perfilado; la movilidad del rival y las opciones de pase que tienen para progresar en la jugada. Solía romper cualquier truco para recuperar el balón. A ese nivel dependes de los errores del rival, que suelen ser mucho menores que en el torneo local, de un duelo individual o de un trabajo colectivo, como debería ser generalmente. Ejemplos como este hay por montón.

A mayor jerarquía mayor complejidad

En el último partido internacional que disputé contra Boca Juniors en la Bombonera, por Copa Libertadores, también me sucedió algo parecido. Una de mis virtudes como futbolista, es poder entender lo que está sucediendo en el partido y detectar cuál es la dinámica ofensiva del rival.

En ese partido, Edwin Cardona jugaba como volante mixto por izquierda. Él enganchaba hacia adentro en tres cuartos de cancha para buscar con un pase a Carlos Tevez, que solía buscar un espacio a mis espaldas o a mi izquierda, para recibir de frente al arco y generar peligro. Yo ya lo sabía, lo había visto en videos y lo había percibido en la primera jugada del partido, a eso se dedicaban ellos dos. Pero la calidad del pase y la capacidad de recepción anulaban cualquier intento para yo recuperar la pelota.

Tevez recibía el balón de tal manera que lo escondía de mí. Yo solo podía intentar llevarlo hacia un costado en una disputa para que no generara peligro. Muy pocas veces pude romper ese circuito, a pesar de haberlo detectado desde el principio. Ese día perdimos el partido.

En cambio, contra Independiente de Medellín en Colombia, pude detectar rápidamente el cambio de dinámica del rival. Ellos tenían una propuesta de juego que los identificaba. Pero nuestro director técnico, “Chita” Sanvicente, había hecho un planteamiento tan bueno, que en 25 minutos ya ganábamos dos a cero y ellos se vieron obligados a cambiar su fórmula.

Lo pude percibir rápido. Nos adaptamos de tal manera que supimos aguantar la arremetida del rival hasta volver a acomodar nuestro planteamiento para el final. El partido lo ganamos 3-2, logrando la primera victoria como visitante de un equipo venezolano en territorio colombiano. La victoria de Caracas FC en Cúcuta algunos años atrás, el rojo fungía como el equipo local.

En fin, para trascender en torneos internacionales, es preciso comenzar a darles las herramientas necesarias a nuestros jóvenes. Para que, a lo largo de su formación y nuevas experiencias a nivel profesional, pulan esas capacidades y puedan competir en las altas exigencias continentales. No alcanza con un aprendizaje empírico y silvestre como el que tuvo mi generación. Precisan de un proyecto bien pensado y coherente para cada etapa de la vida del joven jugador que buscar hacerse una carrera en el futbol de alta competencia.

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