Una dinámica surreal en burbuja que explotó sin antes haber sido inflada

Hoy comienza un cierre de año totalmente vertiginoso e intenso. En dos meses debemos jugar los partidos que no disputamos en todo el año en el torneo local; no sin antes ir a Argentina a jugarnos la clasificación a la siguiente fase de Copa Libertadores contra Boca Juniors, en “La Bombonera”. Para quienes lo viven desde afuera dirán que es algo imposible, pero para los que lo llevamos dentro de la piel, es simplemente divino. El escenario perfecto, lo que siempre soñamos.

Lo que la gente no sabe es todo el trajín y lo desgastante que son estos viajes, así como la dinámica completa de la gira. Viajar en avión toda la noche, para llegar a descansar, entrenar y enseguida jugar. Luego volver directo a Barinas y jugar cada dos días. Es realmente agotador. Quienes tengan mejor convivencia y mayor sinergia grupal, seguramente tendrán más ventajas de ganar. Y para mayor, pero a la vez más lindo reto, no sólo es el hecho de que nos toca jugar cada dos días, sino que ya aseguramos seguir en competiciones internacionales. En ese interín, nos toca volver a salir del país y volver. Para sobrevivir y vencer en estos dos meses, pienso que la clave es la salud física y mental.

Me causa gracias que, si esta gira de dos meses encerrados en hoteles y jugando cada dos días hubiese sido unos 10 años atrás, para mí sería como estar en Disney. Hoy, con unos añitos más, y con una vida hecha, veo que mi reto personal es adaptarme a estas exigencias que están muy lejos de la dinámica de mi rutina normal; de mis celos por mi intimidad y mi libertad individual. No es nada simpático para mí estar encerrado en un hotel y jugando. Hay otras cosas que forman parte de mi vida. No soy un simple humanoide jugador de fútbol con inteligencia artificial, un producto de un anaquel que tomas o dejas; o un animal de rebaño que metes en un corral y sacas a pastar. 


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Hay otras cosas que me complementan y me llenan de pasión por la vida que vivo, que colaboran para desempeñarme en mi rol como futbolista, con esa energía con la que creo que lo hago: mi diplomado de gerencia deportiva, mi maestría de negocio, mi emprendimiento, el yoga, el gimnasio, mis padres… Reconozco que mi reto personal en estos dos meses será trabajar en mi adaptación con esta extraña nueva propuesta que me ofrece el universo. Será un gran aprendizaje para mí, compartiendo con los muchachos, con los que tan buena conexión tengo afortunadamente.

Lo que no me entra en la mente es el motivo real de esta supuesta burbuja de aislamiento y las ciudades en donde se juega. Prefiero no suponer, ni sacar conjeturas sin ningún tipo de fundamentos. Pero para nadie es un secreto que existe una enorme cantidad de jugadores contagiados que están disputando los partidos. Hoy salió en los medios la enorme cantidad de contagiados de un equipo que disputa un torneo internacional; que sus jugadores más importantes no podrán estar disponibles, por culpa de ese caldo de cultivo de contagios en lo que se está convirtiendo el torneo. Es una lástima porque han hecho un enorme esfuerzo y una participación que nos hace sentir muy orgullosos como colegas. 

Es preocupante que nosotros sigamos en carrera en torneos internacionales y tengamos ese enorme riesgo de contagio en el torneo local, que puede perjudicarnos sacando de competencia a algunos de mis compañeros, o a mí, ¿por qué no? Poniendo en peligro a algunos del personal del cuerpo técnico o auxiliares que están en edad de riesgo.

Mientras las medidas sanitarias dependan del equipo estamos tranquilos. Tan bien se han hecho las cosas que en la última PCR ninguno salió contagiado. Pero, hay espacios que escapan del control de nuestro cuerpo técnico y de nuestra directiva, que pueden poner en riesgo todo el buen trabajo sanitario y deportivo que diseñaron. Todo es bastante desgastante.

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