Domingo Álvarez: el nombre de la LVBP en la 2022-2023

A Domingo Álvarez, epónimo del próximo campeonato de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, le gusta contar una sensacional anécdota que, tal vez, él mismo inventó con la vivacidad y chispa propias de los orientales.  

Un hermano suyo trabajaba como ejecutivo bancario cuando un enfurecido cliente le pidió que lo atendiera. La conversación fue caldeándose y acabó a los gritos. El cliente amenazó, enardecido: “¡No se equivoque conmigo que yo soy asturiano, como José Tomás Boves!”. A lo que el hermano de Domingo ripostó: “¿Sabe cómo es la cosa? ¡Que yo soy de Urica, donde mataron a Boves!”

Domingo siempre tiene un buen cuento a flor de labios. Ahora tendrá uno más: el torneo 2022-2023 de la LVBP llevará su nombre. Lo merece este personaje que dedicó más de 25 años al circuito, siempre en la trastienda, pasando inadvertido, ajeno a la vanidad y el afán de figurar. Lo suyo fue siempre resolver y que el crédito se lo llevaran otros. Era su labor como gerente general renunciar al reconocimiento de las multitudes. Llegó la hora de que Domingo Álvarez suba al escenario y reciba los aplausos correspondientes a su contribución al beisbol.  



A Domingo Álvarez nunca le disgustó hacer la carpintería en la Liga. Los trámites latosos casi siempre le tocaban a él y a Yocoima Mata, otra laboriosa hormiga alejada de los reflectores. En los días del control cambiario, Domingo era el responsable de recorrer ese laberinto del Minotauro que eran los trámites ante Cadivi para que la Liga pudiera adquirir los dólares a tasa preferencial. Era el “cadivólogo” de la LVBP, el que se filtraba por entre los entresijos del sistema, el que se sabía las providencias, el que armaba las carpetas, el que asistía a las reuniones, el que escribía correos recordatorios cuando le daban largas.

Domingo era el jefe de avanzada de los grandes eventos, el encargado de tener todo a punto en la Convención Anual y en las presentaciones en sociedad de las temporadas. Este hombre se sabe de memoria casi tres décadas de intimidades de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

Domingo Álvarez no se pasó la vida entera tras bambalinas. Hubo un tiempo en el cual firmaba sus obras. Como cuando trabajaba en las secciones deportivas de distintos diarios, entre ellos El Nacional. O cuando aparecía frente a las cámaras de canales de televisión; o cuando su profunda y educada voz se escuchaba en circuitos radiales. “Va a ser un rendidor”, era una de sus frases distintivas. “¡Se formó la grizapa!”, exclamaba cuando se armaba una tángana en el campo.

Con sus sempiternos lentes y bigote bicolor (aunque ahora está pintado casi totalmente de blanco, como lo que le queda de cabellera), Domingo Álvarez fue un engranaje indispensable para el funcionamiento de la Liga. Este honor que se le tributará en vida es un acto de justicia. Domingo decidió irse a sus cuarteles de invierno hace tres años y disfrutar el efecto familiar, mas le tocará volver al ruedo cuando empiece la campaña y disfrutar de la gratitud del público. Y Urica, donde la lanza de Zaraza hizo patria al perforar la inhumanidad de Boves, quedará más cerca del resto de Venezuela.

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