El Karma del Mánager del Año

Ganar el Mánager del Año debería ser, aquí y en Micronesia, un anillo de compromiso entre el homenajeado y su equipo, las arras de un matrimonio.

En la Liga Venezolana de Beisbol Profesional pareciera tener, por el contrario, efectos disolventes. Los últimos cuatro galardonados terminaron divorciados de sus clubes apenas meses después de la ceremonia de entrega. El episodio más reciente es el de Wilfredo Romero y los Navegantes del Magallanes, aunque abundan los precedentes.  

No pasó mucho tiempo desde la creación de esta distinción, en la temporada 2003-2004, para que “la Maldición del Mánager del Año” se insertara en el imaginario colectivo de la LVBP. Algunos pilotos recibían el trofeo con una sonrisa de Mona Lisa. Y a partir de la contienda 2018-2019 la tendencia se ha acentuado.   

Sobra decir que, tras la ruptura, hay un mar de fondo. Evidentemente hay otras fuerzas centrífugas, heridas internas que no cicatrizan con la obtención de un premio.    

La racha karmática del Mánager del Año en la LVBP arranca con la desvinculación entre Luis Dorante y Magallanes. Dorante venía de ostentar su tercer diploma como timonel en la LVBP. Fue su recompensa por capitanear una exitosa operación de rescate.

Cuando sustituyó en noviembre de 2018 al cesanteado Omar Malavé, la galera mostraba récord deficitario de 11-14 y ocupaba la sexta plaza en la clasificación. Con Dorante al frente, los turcos jugaron para 25-13 y finalizaron punteros en la ronda eliminatoria. Aunque perdieron la serie de playoff con Caribes de Anzoátegui, los bucaneros accedieron a la semifinal al batir a los Tigres de Aragua en el combate por el comodín. En la antesala a la final, el barco se fue a pique contra Cardenales de Lara.



Se asumía que Dorante era la primera opción de los eléctricos para la zafra 2019-2020. Sorpresivamente, el técnico falconiano optó por dirigir a los Gigantes del Cibao en la pelota dominicana. Separadas, ambas partes acabaron mal. Dorante fue despedido por los Gigantes y los Navegantes quedaron inconformes con Enrique Reyes, si bien al entrenador mexicano se le permitió terminar una temporada en la cual los filibusteros acudieron a él como último recurso. Recuerden que, en esa oportunidad, la desconexión forzada entre MLB y LVBP le impidió a José Alguacil ejercer el cargo para el cual había sido designado.   

El trauma de Renny Osuna

Por las misas razones que obligaron a Magallanes a prescindir de Alguacil, los Tiburones de La Guaira se vieron forzados a aparcar su plan de entregarle la novena a Dennis Malavé. En la edición 2019-2020, ninguno de los elencos del circuito pudo contratar personal afiliado a Major League Baseball (MLB se exponía a sanciones por parte del gobierno de Estados Unidos) y los escualos optaron por asignarle la responsabilidad a Renny Osuna, expelotero que nunca había dirigido y quien estaba en labores de oficina con los salados.

Todo iba de plácemes. La Guaira encabezó la ronda eliminatoria con balance de 25-17 y eliminó a los Leones del Caracas en la primera fase de playoffs. Osuna fue escogido como Mánager del Año. “Más que mánager, me gusta ser amigo de mis peloteros”, declaró. Los varguenses lucían solventes en la semifinal contra Caribes. La incorporación de Miguel Rojas, campocorto titular de los Marlins de Miami, les confería valor agregado.   

Irónicamente, la posibilidad de usar a una figura de la talla de Rojas hizo trizas la carrera de Osuna como mánager en la LVBP.

La Guaira había perdido el primer juego contra Anzoátegui, pero en el noveno inning del segundo choque podía dejar en el terreno a los aborígenes al llenar las bases con un solo out y la pizarra 0-0. Le tocaba el turno a Édgar Durán, pero Osuna prefirió traer de emergente al bigleaguer Rojas, quien acababa de sumarse luego de más de tres meses inactivo.

Rojas conectó un rolling para out forzado en la goma, luego falló Luis Villegas y la entrada terminó en cero, con el agravante de que Alberto González, uno de los integrantes más importantes del plantel, dio visibles muestras de desaprobación por la decisión de quitarle el bate a Durán para dárselo a Rojas. En la alta del episodio doce un error de González, quien buscó la bola con actitud que muchos apreciaron como displicente, propició las dos anotaciones con las que Caribes blanqueó a los anfitriones.     

Así se fueron a Puerto La Cruz, donde la tierra se abrió bajo los pies de Osuna.

Los Tiburones perdieron dos choques más y sobrevino la barrida, penosa no solo por el arrase en sí, sino porque se hizo patente que Osuna había perdido por completo el control sobre el grupo. Algunos jugadores se le insolentaron y hasta lo encararon. Otros se mostraron negligentes en el campo. La “amistad” que quiso cultivar Osuna con sus dirigidos se vició y Osuna salió de la organización para caer en el ostracismo. Actualmente está totalmente desvinculado del beisbol venezolano. Es tal vez el peor destino de un Mánager del Año.    

Moreno no duró

Con José Moreno como mandamás en la competición 2018-2019, Cardenales de Lara se sentó en el trono de la LVBP por primera vez en casi dos décadas. El hombre habría repetido para la 2019-2020 de no ser por la desafiliación de la que fue objeto toda la LVBP por parte de las Grandes Ligas. Moreno debió quedarse al margen, por cuanto formaba parte de una organización de las mayores. Asumió Luis Ugueto y Lara se coronó de nuevo. No obstante, para la entrega 2020-2021, los Pájaros Rojos retomaron la ruta Moreno.

Y acertaron. Con Moreno trazando las estrategias, los crepusculares fueron el mejor equipo del periodo ordinario, logro que le valió a su mánager la distinción como el conductor más destacado de la campaña. En la semifinal, los guaros sufrieron más de lo previsto para despachar a los Tigres de Aragua y en la final ocurrió la debacle: Caribes de Anzoátegui pasó la escoba. La aplastante derrota dejó inconforme a la gerencia y Moreno no fue ratificado para la 2021-2022. Terminó como coach de banca de Dennis Malavé en La Guaira y a ambos los despacharon cuando a los Tiburones se les obstruyeron las branquias.  

Palito’e Romero

Wilfredo Romero fue la solución que encontró Magallanes al darse cuenta de que no podrían fichar a un mánager del sistema MLB para el cruce 2021-2022. Aunque nunca había tenido el mando sobre un escuadrón de la LVBP, Romero fue piloto laureado en México y técnico de selecciones nacionales. Era una excelente opción.

Y los resultados respaldaron la decisión. Aunque los ejecutivos discrepaban con Romero en algunas de sus tácticas, Magallanes quedó en primer lugar de la etapa regular, mantuvo el dominio en el Round Robin y en la final desbancó a Caribes, monarca defensor.

Con ese aval, Romero se convenció de que la plana mayor de los eléctricos no tenía que darle muchas vueltas a la renovación de su contrato, con mejoras salariales incluidas. El expelotero aragüeño demandaba una respuesta rápida para irse a laborar a México dejando el burro amarrado acá. Pero su reloj y el de los Navegantes estaban husos horarios distintos.

En el almirantazgo albergaban la esperanza de que la OFAC levantara la exclusión que pesa sobre el buque; así podrían firmar a Omar López, la figura de su preferencia, la persona a la que pretendían conferirle el mayal y el cayado desde hacía rato. Pero necesitaban tiempo, el que se tomara el Tío Sam para permitirle a MLB reanudar relaciones con Magallanes y Aragua. El detalle es que ni López ni Romero podían esperar tanto. En definitiva, López pactó con Anzoátegui y Romero se distanció. Ahora, solo falta la confirmación oficial de los Tigres de Aragua para que Romero sea ungido como su gerente de campo para el tramo 2022-2023.   

Hay otros antecedentes. Mike Rojas fue Mánager del Año con los Leones del Caracas y terminó metiéndoles abogados. Alfredo Pedrique lo fue con Magallanes y la amistad se resquebrajó. Por eso, el próximo dirigente que se alce con el premio tal vez dudará entre agradecer o angustiarse al recibir su placa, que ahora viene con pasaje de salida.     

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