El maduro Gleyber y el “imberbe” Woodward

Un joven pelotero venezolano acaba de darle una lección de adultez a un mánager de Grandes Ligas. Fue el Día de las Madres de 2022, en Nueva York.  

Gleyber Torres, segunda base de los Yanquis, dejó tendidos a los Rangers de Texas con un jonrón solitario al cierre del noveno, que rompió el empate a una carrera. Con eufórica sobriedad, valga el oxímoron, recorrió las bases para dar a los Bombarderos del Bronx el triunfo en el primer partido de una doble cartelera y romper la secuencia victoriosa de la novena visitante.  

Hasta allí, ninguna anomalía. Los “Mulos” venían de imponerse en las cinco series anteriores y de ganar diez de sus catorce juegos en su reducto. Torres, además, se ha vuelto especialista en liquidar antagonistas en los capítulos finales.

La noticia, no obstante, vino desde el dugout de los perdedores, cuando el piloto Chris Woodward dijo a la prensa que su club cayó vencido por un batazo que “habría sido out fácil en 99 por ciento de los estadios de Grandes Ligas”, una justificación pueril e imprecisa para el revés de los sureños a manos de los Yanquis y que se hizo aún más desafortunada cuando añadió: “eso solo es jonrón en un parque de pequeñas ligas”. Aludía Woodward los apenas 314 pies de distancia que separan el home del Yankee Stadium del muro del rightfield.  

De entrada, la declaración es improcedente viniendo de una persona adulta; y especialmente impropia en boca de un dirigente.  Esa nunca puede ser la lectura de un resultado por parte de un timonel de Grandes Ligas. Le resta seriedad, le rebaja la estatura. Como agravante, partió de una falsa premisa. Las mediciones del trancazo de Torres, incluyendo la velocidad de salida y la distancia recorrida, concluyen en que esa pelota se habría fugado a las gradas en 26 de los treinta escenarios que sirven de domicilio a las mayores.



¿Saben cuál estacazo solo era cuadrangular en Yankee Stadium o en un par de parques más en MLB? El que despachó esa misma tarde del 8 de mayo de 2022 el artillero de los Rangers Kole Calhoun durante el séptimo tramo contra Gerrit Cole. Mientras que el leñazo de Torres recorrió 369 pies con un ángulo de salida de 28 grados, el de Calhoun viajó 355 pies, con ángulo de salida de 23 grados.

Cuando le preguntaron sobre los dichos de Woodward, Torres, de 25 años de edad, ofreció una respuesta mucho más madura, aunque le añadió salsa tabasco al final. “Ambos equipos juegan en el mismo estadio, con las mismas dimensiones”, contestó a la periodista Lindsey Adler, que cubre a los Yanquis para el portal The Athletic. “Se siente bien dar un jonrón para dejar en el campo en un parque de pequeñas ligas”.

Lo expresado por Woodward después del segundo juego, cuando la frustración del fracaso fue curada por la alegría del éxito, revela lo desacertado que fue su comentario inicial. Comenzó diciendo que había sido una broma. Todo personaje público que se escuda en la excusa del chiste sabe que metió la pata. “Me encanta este lugar. Es como una de las catedrales de cualquier deporte”, manifestó el técnico de 45 almanaques. Otro rasgo del que tiene plena conciencia de que pifió: la excesiva melosidad, pasarse de obsequioso para hacer control de daños.

No será la primera vez que un pelotero hable con la mesura de un mánager y un mánager se exprese con la inmadurez de un novato. En el caso de Torres, siempre se esmeró en prepararse para las requisitorias de la prensa.  No es que a Woodward lo vayan a pasar a un tribunal disciplinario por su desliz, pero no dejan de sorprender este tipo de reacciones frente a un score adverso por parte de alguien que, en principio, está entrenado para metabolizar las derrotas, moneda corriente en el beisbol de Grandes Ligas, donde un elenco puede arrasar aun perdiendo 40% de sus combates.    .

Botón volver arriba